lunes, 20 de agosto de 2018

Tal día hará un año.


Tal día hará un año viviendo inmersos en una sensación insólita. El jefe catalán del operativo, Trapero, imputado y apartado. Quien fuera su consejero está encarcelado, Joaquim Forn. Continuamos bajo demasiada oscuridad alertados por la inoportunidad de unas premonitorias declaraciones del entonces ministro Margallo concretadas en los espeluznantes atentados de agosto. En esta conmemoración de días de sangre, terror y desconcierto los Mossos todavía no tienen acceso a los datos calientes que, por preventivos, deberían de poder disponer.

En la hemeroteca dormita el testimonio magro de la solidaridad patria a los hechos de las Ramblas y de Cambrils. El Estado y España ya hacían suficiente llevando al Rey y al presidente Rajoy a encabezar una manifestación que se les volvió en contra por dicha presencia. El abucheo fue monumental. Con los relojes parados después de un año el centro de interés sigue siendo para la esfera política la presencia del monarca a los actos previstos para mañana en Barcelona. 

Me temo que después del discurso de Felipe VI a los hechos de octubre la concurrencia de la casa real en las Ramblas causará más tensión y rechazo -o indiferencia- si la afirmación del actual presidente de la Generalidad de Cataluña tiene un punto de certeza, "los catalanes no tenemos rey". En las redes -a menudo mentirosas y pérfidas- se anuncia una expedición organizada desde la meseta ibérica para apoyar la visita del monarca en Barcelona. 

Habrá que ver cuántos monárquicos reúnen y cuál es la huella de la comitiva real en las tierras catalanas. Como la estrella navideña que guiaba a los Reyes Magos ya se ha podido ver una avioneta de playa con una pancarta promocionada por los pacificadores de Ciudadanos animando a retirar los lazos amarillos, "¡A quitar lazos amarillos!" En las melodías del hispanismo nostálgico hay demasiados himnos con el "!A por ellos!" seduciendo a los catalanes díscolos. 

¿Conoceremos algún día de verdad el trasfondo de estos atentados y del macabro papel del imán de Ripoll? En la certeza de los días y de los homenajes por hacer tenemos aún el recuento difícil de las víctimas. Todas. Las que lo sufrieron con sangre propia y las que lo sufrimos como espectadores de una tragedia tan cercana al Liceo. ¡Todas las víctimas! También las de Ripoll. 

Pasear por las Ramblas. Hemos vuelto a las Ramblas, Maria -cumpliendo la promesa que nos hicimos hará un año- sin querer sentir la fetidez de la locura inexplicable pegada al asfalto. Ha sido un acto de fuerza de voluntad porque hemos querido "¡no tener miedo!" Y porque la normalidad heroica acotada por bolardos barra del todo a los fantasmas que mañana se recordarán si el protagonismo político no se decanta por relegar a las víctimas.

Ripoll cuna de Cataluña, sepulcro del conde Guifré, vive. Vive y convive después de agosto de tal día hará un año. Vive y convive el trasiego desde la serenidad contra las garras de una locura que aún tenemos que acabar de comprender. Ripoll vive -¡y convive! - la fresca placentera de las noches en medio de la ola de calor veraniego.

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