Me pregunto qué
encontraremos en los anales de este tiempo así que lo podamos analizar desde la
distancia, como en el bolero. Dudo de si serán suficientes un lustro o una
docena de años para estudiar con cierta objetividad la vorágine política,
fundamentalmente, y mediática que nos azota. De cómo aconteció y cómo se
resolvió la galerna atramontanada que nos ha despeinado el oasis catalán.
Tendremos que desenterrarlo desde la lejanía temporal que empolva la realidad
confiriéndole un toque vintage, una especie de autopsia historiada desde la
demencia senil interesada con que se reescribe a menudo la memoria.
Aprovecho para
insertar una nota necrológica que procede citando la muerte reciente de Tom
Wolfe. El dandi con aires de pajarito que levita a pesar de la excéntrica
armadura llamativa con que se protegía de cara a la galería. El que puso esmero
en cultivar un refinado porte de caballero con más de anglosajón que de yanqui
de la costa este. Un revolucionario elegante del género -el padre del Nuevo
Periodismo-, interesado en la promiscuidad entre la novela y la noticia. En
ambos campos -y otros- este poliédrico escritor sobresalió y ejerció
maestría.
Ahora y aquí,
la hoguera doméstica de las vanidades arde inflamada. Azuzada desde las redes,
feroz e irreconciliable, centellea fuera de temporada anticipando la verbena de
la noche de San Juan con protagonistas deseosos de caminar descalzos entre las
brasas con un tufo a chamusquina de mal soportar. Firmaría para que en la
madrugada de la mágica noche podamos tirar las cenizas al mar, esparcir a todos
los fantasmas oscuros y asistir al espectáculo soberbio de ver cómo sale el
amarillo sol justo en la raya marinera de la Barceloneta o encaramados al filo
de la cima.
Homenajeando
Tom Wolfe, compraría la versión de los hechos contada por el nuevo periodismo -¿ya superado?- donde
se expone en forma de relato preñado de diálogos de gran realismo la trama
narrativa del juez Llarena. De ver descrito verosímilmente el rodar de sus
argumentos cuando Bélgica deniega la entrega de Serret, Puig y Comin a España.
De asistir a la narración íntima que le hace sentirse acosado por los
independentistas en Cataluña, que lo miran en cada esquina, se lamenta. La
técnica wolfeana se decantaba para recrear la puesta en escena antes de entrar
en el meollo de la noticia. Ayuda mucho el contexto, como el detallismo de la
angustiosa mirada rabiosa del compañero casual de semáforo aunque no lleve
colgado un lazo amarillo en la solapa. Nos consolaría averiguar en la crónica
novelesca de los hechos que el juez es consciente de que tiene personas
encarceladas preventivamente, algunas desde hace siete meses.
Pagaría por
asistir a los silogismos, desgranados en lenguaje llano y urbano, por los que
el socialista Pedro Sánchez propone tunear constitucionalmente el código penal
al delito de rebelión en el escenario catalán. Del razonamiento de gran calibre
sin escopeta por el que algunas primeras espadas del análisis político
justifican la medida de no extradición relacionando Bélgica con un santuario de
ETA.
El nuevo periodista asume más protagonismo
que el tradicional, ofrece una visión más personal de los hechos intentándolo
lo más objetivamente posible. Por eso un discípulo brillante de Tom Wolfe,
Federico Losantos, en una exhibición de gran intensidad poética -y
pacificadora- ha declamado por las radios el romance del bombardeo de Barcelona
con la casa y el despacho del "macaco" de Quim Torra incluidos. Para
mi gusto, un exceso de rimas disonantes que no desmerecen las exigencias de
precisión y objetividad -con buena puntería- del buen periodismo.
El nuevo periodismo se decanta por los
diálogos literales, prefiere esta modalidad porque aporta verosimilitud en
contra de las citas o de las fatuas declaraciones premeditadas y atestadas de recargada
corrección. Un buen recurso formal para redactar la crónica de los pensionistas
que han cercado el Banco de España en Madrid o por si queremos atender el eco
cercano de la voz de las ofendidas mujeres guerreras.
Fiel al manual
emplearé la primera persona. "Yo", del Papa Francisco, me repensaría autorizar
a las monjas de clausura a utilizar las redes sociales aunque sea con la
recomendación explícita de hacerlo con prudencia. ¡Ojo! Santidad, que sor Lucía
Caram es una empedernida usuaria y muy adicta a salir en las redes sociales,
que el Vaticano no se convierta en un nido de independentistas protestantes.
Verificando el
método en la investidura de Quim Torra como Presidente de la Generalidad,
prescribe el uso de detalles diarios -como almuerza-, con quien se las tiene
-el Puigdemont-, la familia, sus bienes, sus virtudes y sus defectos. El 131 en
el cargo es un novato que ha saltado a la arena política no avezado a los
recursos y a la cintura que requiere el cuadrilátero con sede en la Ciutadella.
Un literato ascendido por orden de sucesión, el cuarto pretendiente a la
presidencia de la Generalidad de Cataluña, afectado por serios problemas de
comprensión lectora, deberá desistir en el cultivo de la fábula.
Lo que no prevé
el libro de estilo del nuevo periodismo,
el hallazgo de Tom Wolfe, es como retratar los silencios, también los no
verbales, de Mariano Rajoy. Nos deberá animar que en Girona es tiempo de
flores, un magnífico estallido sensual que no se deja describir ni retratándolo.
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