sábado, 19 de mayo de 2018

El nuevo periodismo de Tom Wolfe.


Me pregunto qué encontraremos en los anales de este tiempo así que lo podamos analizar desde la distancia, como en el bolero. Dudo de si serán suficientes un lustro o una docena de años para estudiar con cierta objetividad la vorágine política, fundamentalmente, y mediática que nos azota. De cómo aconteció y cómo se resolvió la galerna atramontanada que nos ha despeinado el oasis catalán. Tendremos que desenterrarlo desde la lejanía temporal que empolva la realidad confiriéndole un toque vintage, una especie de autopsia historiada desde la demencia senil interesada con que se reescribe a menudo la memoria. 

Aprovecho para insertar una nota necrológica que procede citando la muerte reciente de Tom Wolfe. El dandi con aires de pajarito que levita a pesar de la excéntrica armadura llamativa con que se protegía de cara a la galería. El que puso esmero en cultivar un refinado porte de caballero con más de anglosajón que de yanqui de la costa este. Un revolucionario elegante del género -el padre del Nuevo Periodismo-, interesado en la promiscuidad entre la novela y la noticia. En ambos campos -y otros- este poliédrico escritor sobresalió y ejerció maestría. 

Ahora y aquí, la hoguera doméstica de las vanidades arde inflamada. Azuzada desde las redes, feroz e irreconciliable, centellea fuera de temporada anticipando la verbena de la noche de San Juan con protagonistas deseosos de caminar descalzos entre las brasas con un tufo a chamusquina de mal soportar. Firmaría para que en la madrugada de la mágica noche podamos tirar las cenizas al mar, esparcir a todos los fantasmas oscuros y asistir al espectáculo soberbio de ver cómo sale el amarillo sol justo en la raya marinera de la Barceloneta o encaramados al filo de la cima. 

Homenajeando Tom Wolfe, compraría la versión de los hechos contada por el nuevo periodismo -¿ya superado?- donde se expone en forma de relato preñado de diálogos de gran realismo la trama narrativa del juez Llarena. De ver descrito verosímilmente el rodar de sus argumentos cuando Bélgica deniega la entrega de Serret, Puig y Comin a España. De asistir a la narración íntima que le hace sentirse acosado por los independentistas en Cataluña, que lo miran en cada esquina, se lamenta. La técnica wolfeana se decantaba para recrear la puesta en escena antes de entrar en el meollo de la noticia. Ayuda mucho el contexto, como el detallismo de la angustiosa mirada rabiosa del compañero casual de semáforo aunque no lleve colgado un lazo amarillo en la solapa. Nos consolaría averiguar en la crónica novelesca de los hechos que el juez es consciente de que tiene personas encarceladas preventivamente, algunas desde hace siete meses. 

Pagaría por asistir a los silogismos, desgranados en lenguaje llano y urbano, por los que el socialista Pedro Sánchez propone tunear constitucionalmente el código penal al delito de rebelión en el escenario catalán. Del razonamiento de gran calibre sin escopeta por el que algunas primeras espadas del análisis político justifican la medida de no extradición relacionando Bélgica con un santuario de ETA. 

El nuevo periodista asume más protagonismo que el tradicional, ofrece una visión más personal de los hechos intentándolo lo más objetivamente posible. Por eso un discípulo brillante de Tom Wolfe, Federico Losantos, en una exhibición de gran intensidad poética -y pacificadora- ha declamado por las radios el romance del bombardeo de Barcelona con la casa y el despacho del "macaco" de Quim Torra incluidos. Para mi gusto, un exceso de rimas disonantes que no desmerecen las exigencias de precisión y objetividad -con buena puntería- del buen periodismo.

El nuevo periodismo se decanta por los diálogos literales, prefiere esta modalidad porque aporta verosimilitud en contra de las citas o de las fatuas declaraciones premeditadas y atestadas de recargada corrección. Un buen recurso formal para redactar la crónica de los pensionistas que han cercado el Banco de España en Madrid o por si queremos atender el eco cercano de la voz de las ofendidas mujeres guerreras.

Fiel al manual emplearé la primera persona. "Yo", del Papa Francisco, me repensaría autorizar a las monjas de clausura a utilizar las redes sociales aunque sea con la recomendación explícita de hacerlo con prudencia. ¡Ojo! Santidad, que sor Lucía Caram es una empedernida usuaria y muy adicta a salir en las redes sociales, que el Vaticano no se convierta en un nido de independentistas protestantes.

Verificando el método en la investidura de Quim Torra como Presidente de la Generalidad, prescribe el uso de detalles diarios -como almuerza-, con quien se las tiene -el Puigdemont-, la familia, sus bienes, sus virtudes y sus defectos. El 131 en el cargo es un novato que ha saltado a la arena política no avezado a los recursos y a la cintura que requiere el cuadrilátero con sede en la Ciutadella. Un literato ascendido por orden de sucesión, el cuarto pretendiente a la presidencia de la Generalidad de Cataluña, afectado por serios problemas de comprensión lectora, deberá desistir en el cultivo de la fábula. 

Lo que no prevé el libro de estilo del nuevo periodismo, el hallazgo de Tom Wolfe, es como retratar los silencios, también los no verbales, de Mariano Rajoy. Nos deberá animar que en Girona es tiempo de flores, un magnífico estallido sensual que no se deja describir ni retratándolo.

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