martes, 31 de octubre de 2017

Cera catalana.


Vigilia de Todos los Santos sosegada sin sobresaltos destacables. Nadie ha sido zurrado por nadie. De recuperar afiladas tensiones vitales buscando el bienestar emocional. De temple republicano tocado por una delicuescencia extraña. Esto es la propiedad que tienen ciertos cuerpos de absorber la humedad del aire y disolverse en ella. Las lubricidades políticas necesitan esperanza y optimismo. De levantar la cabeza y ver que no todo está por hacer, de lograr una victoria a medias y de que todavía haya partido.

La crónica de los días pasa por la proclamación de la VI República Catalana y la entrada en vigor del Artículo 155 de la Constitución. El otro hecho histórico que permanecerá en la memoria beatífica por gracia de San Narciso será que el Girona vapuleó al Real Madrid. Una anécdota que adquiere relevancia -como diría Junqueras- si la ligamos con las declaraciones de Sergio Ramos a quien le duele más que el himno español no tenga letra que la situación en Cataluña. 
 
Hago un paréntesis y recupero una reflexión del año 2010 no compartida en estos escritos de cuando se disputaba el campeonato del mundo de fútbol en Sudáfrica y la selección -la Roja/Barça- obtuvo el campeonato: "La letra -y a menudo la música- de los himnos no siempre son afortunadas. Los himnos tienen un toque de spot publicitario de película bélica agresiva o, a veces, directamente de terror. Algunos se convirtieron en bandas sonoras para la horca, para el garrote vil o para la guillotina.

Afortunadamente en la actualidad se entonan como un aperitivo en los campos de batalla durante los partidos de fútbol entre las selecciones nacionales. Malograda la iniciativa del presidente Aznar que quería henchir de metáforas el himno nacional español y, por tanto, el de la Roja. Cada vez que contemplo algún partido de este España/Barça me inquieta y salgo desasosegado de ver la cara de palo que ponen y el desconcierto que sufren nuestros héroes de la selección. Algunos recurren al txunda-txunda como recurso para hacerse el sueco e intimidar al enemigo. ¡Qué falta de letra! Y el equipo contrario -¡acojonado!-, que no entiende una palabra de segundos y terceros idiomas, se fía de que este txunda-txunda emitido con ardor guerrero narra las conquistas de cuando en España no se ponía el sol y teníamos toda la quincalla de oro macizo para plantar las picas que fueran necesarias en Flandes. De picas a pelotas. 

Como sufro y como le entiendo, a este muchacho del Real Madrid, Sergio Ramos, que mira al cielo con cara de monaguillo aplicado y buen chico mientras el txunda-txunda no se resuelve. ¿Cuánto costaría tener cuatro líneas con rima consonante para poder tararear como quien reza? Ahora sólo salmodias mudas de oraciones sin letra para un himno minimalista y abstracto". 

Permitidme que insista, ha tenido que transcurrir más de un quinquenio para que el protagonista, el más afectado -Sergio Ramos-, haya explicitado y reconocido aquella intuición tras la derrota -el cuarto hito en la inmortalidad gironina- por cómo le duele la falta de una letra. Un sentimiento compartido que se ha podido captar en las calles de Barcelona durante las multitudinarias manifestaciones a favor de una España unida. Una buena letra conferiría mucha cohesión territorial y nos ahorraríamos la frivolidad en exceso festiva y con sabor a sangría aguada del Viva España que popularizó en la Europa turística el admirado Manolo Escobar.

Necesitamos una letra seriamente constitucional con urgencia y, sin voluntad de ser poco respetuoso, necesitamos "tunear" también Els Segadors. Darle un lavado de cara y de letra. Cuando llego a lo del "buen golpe de hoz" pienso que debemos proponer un estribillo, a pesar de ser sostenible y ecológico, con más eficiencia tecnológica -¡buen golpe de tractor!- y menos truculencia. Ya hemos sufrido bastante violencia.

Proclamada la República en el Parlamento de Cataluña y suspendida cautelarmente por el Tribunal Constitucional en Madrid tendremos que seguir la evolución, sino envueltos en banderas e himnos, desde el vértigo de los días. Hoy el proceso catalán se ha internacionalizado aún más con el presidente Puigdemont en Bruselas rodeado de un enjambre de periodistas. Hay alguien que haya sido capaz de prever el eco alcanzado por este asunto. Pronosticar el alboroto mediático y político que ha causado y puede congregar era algo impensable hace pocos meses. España tiene un problema y Europa también porque mucho me temo que el nacionalismo -y el separatismo- catalán no se encierran en las mazmorras con un artículo por muy constitucional que lo redacte el fiscal general. 

Cómo evolucionará todo. Lo iremos relatando. Por ahora, el PP y Mariano Rajoy viven el triunfo relativo de los gigantes iluminados por media docena de cirios pascuales bien gruesos, pero de cera catalana que algún día se fundirá. Se resuelva como se resuelva, consumida la cera catalana, pueden aparecer en la oscuridad los fantasmas de los pecados que ahora viven confortablemente en la penumbra. 

¡Buena castañada!


martes, 24 de octubre de 2017

Jinetes del 155.



La incógnita política de los días capitaliza la vida en su totalidad. El espantajo del 155 es un fantasma en proceso real de materialización. ¿Serán elecciones o será República? Una incógnita que las bolas de cristal no avanzan porque no sabemos todavía cuál será la elección que el presidente Puigdemont tomará esta semana. ¡Suerte y acierto! Pintan bastos cuando las voces significativas del partido popular ya no admiten que sólo clarifique si declaró o no la república. Parece que también debería pedir perdón y debería bajar la cabeza -y otras cosas- para que le absuelvan tras dedicarle los cachetes preceptivos que la cosa pueda comportar como -según airea el locuaz fiscal- una pena de prisión que dicen ya está legalmente hilvanada. No es una hipótesis cuando hay dos presos en unas circunstancias muy homologables a los que ya hacíamos inéditos y para la nostalgia, los políticos. 

Ya se verá si esta exquisitez del 155, el paradigma de las pulsiones totalitarias, se retira o continúa con voluntad de apisonar la Generalidad de Cataluña pase lo que pase. Méndez de Vigo, el ministro portavoz ha pedido una rectificación al The Times -cosas de la lengua- porque él no habría dicho que están dispuestos a recurrir a la fuerza si hay desobediencia sino que lo que ha dicho o quería decir -si el subconsciente no lo ha traicionado- es que el gobierno central evitará los actos de violencia. Difícil de rectificar cuando precisamente los antecedentes no lo avalan. Ayer también habría tenido que rectificar el ministro de exteriores respecto de unas imágenes del 1-O -los antecedentes anteriormente mencionados- en el sentido de que habían sido manipuladas o que, directamente, eran falsas. La cosa se le complicó al ministro cuando el presentador le confirmó que las presuntas imágenes a que aludía el ministro habían sido registradas por la misma cadena inglesa. ¡Qué patinada! 

Han liberado -no se les ha escapado- a la bestia constitucional de la jaula. A pesar de que el senador García Albiol predice desde la comisión que gestionará el 155 que "nos vamos a reír", la rejodida gracia que nos produce a algunos es mínima. Tras el ensordecedor clamor de diálogo político desde muchos y diversos rincones ha ganado la partida la sordera interesada. Tendrá razón el recuento estadístico de Machado cuando escribía que "En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa". Espero que anduviera errado y que en pleno XXI haya algunas más de las que piensan. 

Me ahorro las negativas reiteradas -y algunas de absurdas- que desde Cataluña se han recibido desde el gobierno central desde hace años. No os detallaré el listado de agravios que muchos catalanes consideramos que hemos sufrido. Pongámonos en el momento actual de este choque de trenes que dicen debe producirse entre un convoy del tren cremallera del Valle de Núria y otro de alta velocidad en circulación desde Madrid Puerta de Atocha con destino a Barcelona Sants y que los estrategas de la cosa ferroviaria hacen cercano a Calatayud, tan apresurado que no se ha detenido ni a preguntar por la Dolores. 

Os aseguro que me duele. Empapado de tristeza y de vergüenza asisto a un episodio que se puede resolver en el agreste 155. ¡Qué pena! Y me duele este espíritu que ha ido empapando de anticatalanismo a muchos que desde el absoluto desconocimiento y desde la lejanía ignorante ahora nos juzgan y se afanan por ver cómo se pueden ir al traste demasiadas cosas. ¡España también, amigos de la meseta! Y os aseguro que no me consuela ni me llena de gozo. Asistir al juego sucio, a la consigna sudada, a embestir en lugar de reflexionar, a menospreciar en lugar de entendernos me confirma que una vez más no hay cabida ni voluntad para conjugar la posibilidad armónica de convivir sin que algunos nos sintamos en territorio colonizado.

Decidme desconfiado pero llego a pensar que a los jinetes de esta apocalipsis ya les está bien el punto en el que el desenlace fatal -espero que no- parece irreversible. ¿Era eso, compañeros? Supongo que cada uno tiene sus santos patrones y pone las velas en su capilla. Decidme suspicaz, pero me pregunto si no era este el objetivo de algunos. Me explico. ¿Cuáles han sido los proyectos y los compromisos que han llegado desde Madrid a la situación actual? ¿Cuál ha sido la estrategia de seducción para reconducir el malestar catalán? ¿Qué voluntad de entendimiento ha habido? La respuesta es este 155, un martillo de herejes constitucionales que pendula sobre la testa catalana. ¿Y cómo se gestionará? Os aseguro que no será machacando el hierro frío que forja la tozudez catalana. Ganaréis -os impondréis- pero no nos convenceréis. 

Tras la humareda del destrozo, retirada la cortina catalana que estos días lo tapa todo, está la realidad, la vida, las personas y un entendimiento muy dañados. Deseo que el gran objetivo de estado, el gran reto para construir esta España gloriosa que proclama -desde el 155-, no exista únicamente el anticatalanismo que tanta cohesión social fragua y tantos votos les aporta.

Tenía pensado no hablar del momento político. ¡Disculpen! Quería hablar del amor, un centro de interés que me sugirieron para rehuir el aroma a rancio y la tristeza -¡Eh, que me repito!- que el momento me produce. Os debo algo sobre la afección viva hacia una persona o cosa desde vertientes diversas.

sábado, 14 de octubre de 2017

Textil de temporada.



El huracán Ophelia amenaza los flancos gallegos. La globalidad meteorológica es cada vez más ecuánime y nos empapa con furia caribeña. Días calientes, más que tropicales, soplan y emborrascan este otoño atípico. Una contradicción a las temperaturas inusuales y a la sequía pertinaz con una magra -aunque pródiga- cosecha estacional de castañas. Desconcertado -por un si acaso- yo he recuperado la camiseta imperio del fondo de armario. Decidir cómo me visto cada mañana es todo un reto. ¿Con la camisa es suficiente o acarreo también una pieza ligera por si el día se vuelve desapacible y acaba un pelín gélido? 

Ya veis, la cosa se ha decantado hacia el textil de temporada. Llegados a este punto propongo un estudio de carácter científico respecto de los metros cuadrados de bandera que se han comercializado en la efervescencia de calle o han terminado colgados en los balcones en una soledad melancólica atacada por el sol y por los elementos. Se deberá seguir la evolución del Ophelia por si los acaba deshilachando. Este indicador, la superficie total de las banderas, podría dilucidar -a falta de un referéndum acordado- cómo están las fuerzas que se miden y se alternan en las calles barcelonesas, para acotarlo. Ha trascendido que ayer, en Madrid, los vendedores ocasionales no daban abasto a reponer la mercadería. 

La edición de este año de la fiesta de la Hispanidad también ha batido otros récords. Cabe destacar el meritorio concurso y el protagonismo de entrañables mascotas en el desfile. Los observadores objetivos cifran en un 50% el incremento -una innovación loable- en la participación de bestias suntuarias de las que no se pueden cabalgar o no tiran carretas cuarteleras. Este año un temerario perro motorizado -sin casco ni gafas protectoras- compite por las simpatías que desde tiempos inmemoriales monopolizaba la marcial cabra legionaria. Habría que analizar cómo se decantan las preferencias entre los partidarios de uno o de otro ente. Ya hay varios grupos de chats en las redes -una animalada- compitiendo por los "me gusta" para con el chucho con monopatín o a favor del doméstico mamífero artiodáctilo rumiante comúnmente conocido como la cabra. 

Volviendo al textil -si aún no lo han deslocalizado- debo prevenir que estoy muy intrigado, ávido del papel satinado que ha de documentar las tendencias que han sido paradigma de elegancia y han sobresalido en la audiencia real del 12-O. Descartados por razones obvias el economista Sala-i-Martín y Jaime de Marichalar, el Duque de Lugo, que podían aportar color y excentricidad en asuntos de indumentaria, deberé centrarme en la diversidad del sector femenino. No estoy todavía en condiciones de emitir una crónica con fundamento, sólo un breve esbozo -una primicia- focalizada en el bolso de la presidenta de la Comunidad de Madrid que, al mismo tiempo, me viene a cuestionar el recuento del metraje en la aritmética de las banderas. ¿Cómo validar este estampado en los diversos complementos? ¿Cuentan igual, por metro cuadrado, o tienen un plus de calidad que debe comportar una bonificación ponderada de superficie? Lo consultaré a los estadísticos. Por ahora, en ayunas de las revistas del corazón -la guía que debe depurar el análisis detallado y me ha de iluminar la mirada- declaro solemnemente mi debilidad por el vestido negro con guantes color burdeos hasta el codo de la vicepresidenta. Un destilado subliminal de alto octanaje entre Rita Haywoorth y Jacqueline Kennedy. 

¡Ojo, Mariano!