Se acerca el
día con ilusión e incertidumbre. El estado y el pueblo catalán siguen
evolucionando, como los resfriados de temporada, en su curso ambos. Amenazas y
prohibiciones, ahora les toca a los miembros de las mesas con advertencias de
multas astronómicas, mientras la determinación para votar no se desvanece ni se
amedranta. El estado ha prohibido el vuelo de aeronaves -menos los de las
gaviotas que planean rasantes- en el espacio aéreo de la ciudad. Imposible de captar
la magnitud de la movilización o de la represión -¡que no sea el caso!- desde
el aire.
Hoy es día de
reflexión. Nadie lo menciona ni lo ha decretado ya que los formalismos, menos el
fundamental del derecho a votar, han adelgazado en este largo camino. La
voluntad muy mayoritaria y muy reiterada ha sido no resuelta torpemente. Sólo
son urnas, señores y señoras. Unos contenedores de oferta o de outlet que ya se las apañan conteniendo
papeletas y que después, siguiendo las reflexiones del gran García Albiol,
podríamos ceder a los presidentes de mesa más machos en recompensa a la ruina
económica y moral que les acosa; porque su mujer los recicla como cesto de la
ropa sucia o como un apaño de papelera, según Rivera. Reflexiono que las urnas,
en el país del diseño donde la modernidad nos tiene el corazón robado,
ciertamente no son estéticamente afortunadas. Mariscal podía haber aportado una
pincelada de espíritu olímpico con alguna sinuosidad redondeada y voluptuosa.
Las urnas del deseo, siguiendo las sugerencias del Albiol, deberían tener algo
de subliminal más que nos moviera sino la fibra sensible, sí la sensual.
Tampoco estoy afirmando que nos las tengamos que llevar el catre, ¡ojo!
Medito -hoy es
el día- y veo un ejército de tanques campesinos con ruedas de tractor. Levanto
la mirada al cielo clausurado a las papeletas -aviones de papel volador- y
descubro la sombra de la representación temeraria de los bomberos catalanes del
Circo du Soleil evolucionando al
amparo de una pancarta gigantesca para rescatar el gato de la democracia encaramado
en el tejado. También me hace pensar que los estudiantes han abierto el foco
preludiando la decadencia de la selfie.
Me vienen a la
cabeza los recuerdos de los internados de adolescencia cuando la convivencia
era comprimida y la atmósfera destilaba sueños de futuro mezclados con el tufo
de los calcetines desparejados en guerrilla. Qué debe hacer y qué pensará esta tropa
multitudinaria -esperemos no tumultuosa- de agentes acuartelados en el poco
lucido buque para el regodeo de la ganadería Looney Tunes. Les habrán cortado las comunicaciones y restringido
el espacio para pasear por la ciudad acogedora y encantadora. No es momento
para visitar parientes ni Sagradas Familias. Que la medida y la contención os
acompañen con un punto de orejas tapadas a los cantos de sirena bélicos. Porque
sólo son urnas ... Oé, Oé! Sólo un "picnic" o una barbacoa, como
decía aquel. Ya tendremos todo al día siguiente y lo que te rondaré morena para
discutir porcentajes y legitimidades que deberían poder ejercerse y recontar en
paz y sin violencia de ningún tipo.
Pienso que los
pocos incidentes -por ahora irrelevantes, a pesar de la reiteración mediática
selectiva que los explota y parece que los quiera fomentar- contrastan con los
excesivos silencios y los exiguos gestos ya no de apoyo o de simpatía, que
algunos más deben de existir, sino de la mínima comprensión que los catalanes
despertamos en el resto del estado. Al contrario, las declaraciones -las hago
también selectivas e interesadas- son para coger el hatillo y largarse de esta
España polvorienta y por ventilar.
Día de
reflexión de los fáciles. "Sí" o "No". No se necesitan
matices ni grises -ni de los de antaño-. Blanco o negro. Sólo "Sí",
"No" o voto en blanco. Esta circunstancia hace que la meditación sea
de un binario elemental adecuado para la gente de letras y de pocos números,
algo de agradecer porque la enrevesada combinatoria estadística descoloca a la
hora de la elección. La aritmética del "Sí" o del "No"
tiene, sin embargo, otras complejidades. Reflexionemos, llevamos ya tantas
ediciones del 11-S dándole vueltas que en esta convocatoria nos pueden
convalidar el día de reflexión.
La profética
bola de cristal me hace un guiño y no puedo evitar anticiparme al
reconocimiento de lo que salga mañana aunque sólo sea para continuar negando su
legitimidad proclamando la ilegalidad que podríamos desvanecer sencillamente
contando si la fiesta de la democracia
-antes los telediarios solían empezar con este tópico- no hubiera sido
atropellada.
Como el voto es
personal, intransferible y secreto no os desvelaré en qué sentido votaré
mañana. Estoy dándole tumbos al asunto. Sopesando los requiebros de una joven
república catalana o dejándome seducir por las atractivas propuestas de Mariano
Rajoy avaladas por el ecuánime Trump. Entre el "Sí" y el
"No" sin embargo existe la tentación de hacer campana asistiendo a la
paella convocada por Iceta sólo si el tiempo lo comporta, ya que la autoridad
-como en los toros- ya la ha autorizado.
¡Reflexionemos!