sábado, 30 de septiembre de 2017

Reflexionando...



Se acerca el día con ilusión e incertidumbre. El estado y el pueblo catalán siguen evolucionando, como los resfriados de temporada, en su curso ambos. Amenazas y prohibiciones, ahora les toca a los miembros de las mesas con advertencias de multas astronómicas, mientras la determinación para votar no se desvanece ni se amedranta. El estado ha prohibido el vuelo de aeronaves -menos los de las gaviotas que planean rasantes- en el espacio aéreo de la ciudad. Imposible de captar la magnitud de la movilización o de la represión -¡que no sea el caso!- desde el aire. 

Hoy es día de reflexión. Nadie lo menciona ni lo ha decretado ya que los formalismos, menos el fundamental del derecho a votar, han adelgazado en este largo camino. La voluntad muy mayoritaria y muy reiterada ha sido no resuelta torpemente. Sólo son urnas, señores y señoras. Unos contenedores de oferta o de outlet que ya se las apañan conteniendo papeletas y que después, siguiendo las reflexiones del gran García Albiol, podríamos ceder a los presidentes de mesa más machos en recompensa a la ruina económica y moral que les acosa; porque su mujer los recicla como cesto de la ropa sucia o como un apaño de papelera, según Rivera. Reflexiono que las urnas, en el país del diseño donde la modernidad nos tiene el corazón robado, ciertamente no son estéticamente afortunadas. Mariscal podía haber aportado una pincelada de espíritu olímpico con alguna sinuosidad redondeada y voluptuosa. Las urnas del deseo, siguiendo las sugerencias del Albiol, deberían tener algo de subliminal más que nos moviera sino la fibra sensible, sí la sensual. Tampoco estoy afirmando que nos las tengamos que llevar el catre, ¡ojo! 

Medito -hoy es el día- y veo un ejército de tanques campesinos con ruedas de tractor. Levanto la mirada al cielo clausurado a las papeletas -aviones de papel volador- y descubro la sombra de la representación temeraria de los bomberos catalanes del Circo du Soleil evolucionando al amparo de una pancarta gigantesca para rescatar el gato de la democracia encaramado en el tejado. También me hace pensar que los estudiantes han abierto el foco preludiando la decadencia de la selfie.

Me vienen a la cabeza los recuerdos de los internados de adolescencia cuando la convivencia era comprimida y la atmósfera destilaba sueños de futuro mezclados con el tufo de los calcetines desparejados en guerrilla. Qué debe hacer y qué pensará esta tropa multitudinaria -esperemos no tumultuosa- de agentes acuartelados en el poco lucido buque para el regodeo de la ganadería Looney Tunes. Les habrán cortado las comunicaciones y restringido el espacio para pasear por la ciudad acogedora y encantadora. No es momento para visitar parientes ni Sagradas Familias. Que la medida y la contención os acompañen con un punto de orejas tapadas a los cantos de sirena bélicos. Porque sólo son urnas ... Oé, Oé! Sólo un "picnic" o una barbacoa, como decía aquel. Ya tendremos todo al día siguiente y lo que te rondaré morena para discutir porcentajes y legitimidades que deberían poder ejercerse y recontar en paz y sin violencia de ningún tipo. 

Pienso que los pocos incidentes -por ahora irrelevantes, a pesar de la reiteración mediática selectiva que los explota y parece que los quiera fomentar- contrastan con los excesivos silencios y los exiguos gestos ya no de apoyo o de simpatía, que algunos más deben de existir, sino de la mínima comprensión que los catalanes despertamos en el resto del estado. Al contrario, las declaraciones -las hago también selectivas e interesadas- son para coger el hatillo y largarse de esta España polvorienta y por ventilar.

Día de reflexión de los fáciles. "Sí" o "No". No se necesitan matices ni grises -ni de los de antaño-. Blanco o negro. Sólo "Sí", "No" o voto en blanco. Esta circunstancia hace que la meditación sea de un binario elemental adecuado para la gente de letras y de pocos números, algo de agradecer porque la enrevesada combinatoria estadística descoloca a la hora de la elección. La aritmética del "Sí" o del "No" tiene, sin embargo, otras complejidades. Reflexionemos, llevamos ya tantas ediciones del 11-S dándole vueltas que en esta convocatoria nos pueden convalidar el día de reflexión.

La profética bola de cristal me hace un guiño y no puedo evitar anticiparme al reconocimiento de lo que salga mañana aunque sólo sea para continuar negando su legitimidad proclamando la ilegalidad que podríamos desvanecer sencillamente contando si la fiesta de la democracia -antes los telediarios solían empezar con este tópico- no hubiera sido atropellada. 

Como el voto es personal, intransferible y secreto no os desvelaré en qué sentido votaré mañana. Estoy dándole tumbos al asunto. Sopesando los requiebros de una joven república catalana o dejándome seducir por las atractivas propuestas de Mariano Rajoy avaladas por el ecuánime Trump. Entre el "Sí" y el "No" sin embargo existe la tentación de hacer campana asistiendo a la paella convocada por Iceta sólo si el tiempo lo comporta, ya que la autoridad -como en los toros- ya la ha autorizado. 

¡Reflexionemos!

lunes, 25 de septiembre de 2017

¡Votaremos!



Me declaro en rebeldía por extremista radical, sedicioso, minoritario y adscrito al tumulto. Me acuso de haber asistido, coreado y dado apoyo muy especialmente a la consigna del queremos votar -¡Votaremos! 

Me contengo y me ahorro la ristra de calificativos que me han adjudicado desde demasiados medios que una vez más me han reflejado desde aquel callejón de espejos esperpénticos por donde vagaba la genialidad tan vigente de la prosa castiza de Valle-Inclán. Ciertamente que echo de menos hoy desde Madrid la estampa y el estilo de un Max Estrella entre lo cóncavo y lo convexo que en Cataluña instalamos en un salón de espejos muy celebrado en el parque de atracciones de Montjuïc para reírnos de nosotros mismos. 

La realidad desdibujada siempre conduce a la sonrisa y posee un componente, un excipiente eficaz, que diluye la miseria y la crítica -la autocrítica también- en algo saludable. Cuando, sin embargo, el esperpento estrambótico y torpe es un espejo empañado y remendado en el que nos condenan a reflejarnos y nos enmarcan interesadamente hemos de desconfiar. ¡Ojo, alerta! Me consuela mucho -bien cierto- que, tras rebajarme a la altura del betún, de tacharme de engañado sin criterio, de extremista y de bobo convicto por una abducción sideral de fanatismo, una neumática tertuliana rubia excesiva -en argumentos y calibre- declare con apasionada vehemencia sincera "quiero firmemente a los catalanes". Me ahorraré de describir o de hacer apología de la sinuosa -y dulce- muerte por achuchones asfixiado en un beso de tornillo. ¡Gracias!

La contestación ciudadana que ha vivido Cataluña estos últimos tres días ha sido monumental. La sacudida de civilidad donde la misma CUP ha exhibido mesura, habilidad y ejemplo ante provocaciones al borde de la chispa sólo ha encendido tormentas a golpe de cacerolas y el cansancio de mucha ciudadanía destilado en concentraciones "tumultuosas" donde te ofrecían agua y un bocado con una exquisitez pegajosa que supera el concepto de revuelta. Demasiado azúcar, demasiadas sonrisas, demasiadas cortesías para los adictos a la revolución de manual como es debido. Para los profesionales de la asonada esto no va a ninguna parte. Tienen razón porque estos cobardes turbulentos de la sedición se parapetan tras criaturas todavía de pecho y recurren a escudos humanos con más currículum farmacéutico que subversivo. ¡No vamos a ninguna parte, camaradas! 

Han conseguido que la sufrida paciencia de muchos estalle en la calle. Detener esta determinación no será sólo cosa de las golondrinas amarradas en el puerto de la represión. Allí con un clavel en los labios se inspiraba premonitorio el poeta Salvat-Papasseit respecto "de aquel viejo marinero ... que iba a cacería de estrellas" donde estos días están abarloados unos barcos policiales. El órdago a la mayor violentando la Constitución del 78 ya no clama libertad, amnistía ni estatuto de autonomía. La gente pide votar cuando el sí o el no es en esta edición algo fácil de entender, "¿Desea que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?". 

Por ahora los catalanes estamos solos en un "conflicto" para el consumo interno y propio -como la deprimida impresora del Rufián en el Congreso-. Recordemos el papel de estraza de Europa durante la situación dramática en la guerra civil española o el papel de la comunidad internacional el 1945. Asuntos caseros que se resuelven con sentidas condolencias cargadas de metáfora y sensiblería. Acompañamientos y visitas de cortesía sin un triste presente o unas pastitas para el té. ¿Conseguiremos romper la tendencia? Algunos españoles se darán cuenta de que esta independencia también va más allá de la mera separación de España. Este es el verdadero órdago. Tímidas y mesetarias voces se alzan con una mención de honor para los vascos, presuntos solidarios, que ya se ven poniendo los huevos de oro si los catalanes nos vamos.

Recapitulemos. La marmota momificada. Los puentes por rehacer y sin planos. Cataluña muy y transversalmente irritada. Vivimos un momento -este de verdad- histórico y apasionante. 

¡Que tengamos suerte!

domingo, 17 de septiembre de 2017

Arrebatos de cordura.




No quería volver a escribir del momento -judicial- actual. Tenía pensado hablar de setas, del otoño, de la sequía que amaina. De los efectos de la vuelta a empezar... De Messi, que siempre es un recurso cuando vas corto de centros de interés. O, si me veo absolutamente sobrepasado, de la insoportable levedad del ser. De la anécdota que me contaron de cuando Josep Pla -ya demasiado abrasado por el humo, el espíritu del vino y chocheando mucho- se te acercaba y te pedía canturreando si conocías aquel bolero que cuestionaba cómo se pueden querer dos mujeres a la vez y no estar loco. Merezco una explicación, remachaba el gran Machín -interpretado por el vocalista Pla- sacudiendo unas maracas imaginarias. Esto, "corazón loco ", porque no te puedo comprender corazón loco. En la infancia ya me parecía una cruel barbaridad como una vecina dedicaba este cordial bolero, que suscitaba gran entusiasmo a principios de los sesenta, a otra vecina de escalera a quien no podía ver ni en pintura la cual sufría problemas reales, del corazón. 

En medio de esta entrañable locura cardiovascular la tensión arterial ha subido progresivamente a índices alarmantes. De infarto, se desgañita enfurecido el locutor de baloncesto en las postrimerías de un enfrentamiento donde el tiempo se vuelve eterno y el relojes pierden el sentido común. ¿Habrá prórroga? La actualidad informativa -también la reprimida y/o censurada- no da abasto a los titulares que se van generando. Los hechos se suceden trepidantes e imparables. La terca determinación no parece que se detenga ante la derrota en la requisa de unos pasquines que la red reproduce a raudales. Triste batalla contra el papel cuando se vuelve severa contra las ideas e intransigente con las voluntades. 

En la bifurcación, el punto donde las vías dejan de confluir, sigue percibiéndose el eco ensordecedor de los silencios significativos de aquellos que teniendo voz -y altavoz- han enmudecido entre la vocinglería gatuna -como decía el comediante-. Entiendo que ante la alternativa sólo del "sí" o del "no" el matiz sobrepasa el gris. La confluencia o la equidistancia regresa con un eco de bolero con el corazón partío de algunos cuando no loco de otros. 

A quince días de lo que sí se hará/no se hará el tiempo no se atrapa y la marmota ya está muerta y enterrada -anunciamos-. Pongo la oreja en una conversación de metro entre dos jóvenes que tienen determinado de antemano de decantarse por el "No!" pero que acaban de decidir que tienen derecho a decir la suya. Me desconcierta la pregunta directa como un escopetazo de una extranjera curiosa -¿Usted es independentista? -suelta sin eufemismos. La respuesta podría ser larga y compleja, pero -con el permiso del Sr. Juliana- podría resumirla adscribiéndome al grupo cada día más numeroso de los cabreados -emprenyats-.

Dando tumbos por el tópico de la cordura y del arrebato -el seny i la rauxa-propios de un pueblo que de las piedras ha hecho harina, pan y croissants caminamos por los recovecos de la obstinación terca esquina con queremos votar justo en el chaflán de una república por estrenar. Aquellos que apelaban y confiaban en la justa medida sensata de talante sufrido asisten asombrados al nuevo carácter que el arrebato -la rauxa- ha alcanzado. 

Si tu gente no me quiere. Ni a tí te traga la mía... Son las cosas de la vida, son las cosas del querer... Hay quien explica -¿una leyenda urbana?- que han visto a la democracia balanceando torpemente un bolso apostada en una esquina. Estoy por no creérmelo, pero todo es plausible. Acabaré dejando constancia que anoche un personaje, nada sospechoso debajo de la lluvia otoñal, apartó impúdicamente la gabardina y me tentó con un surtido catálogo de papeleo clandestino -¡Mira, mira! -. 

¡Menudo susto!