viernes, 23 de junio de 2017

Hogueras.



-¡Qué calorazo! 

No nos alarmemos porque no es el tiempo que corresponde por la época del año ni se trata de una ola de calor. Tampoco es un efecto del cambio climático ya que Donald Trump lo ha fulminado por decreto. No hay cambio climático, pues, y si él lo dice es verdad. Sólo un pico de calor desbocado que hace subir engañosamente los termómetros y reaviva la sensación de temperatura alta. Que no hace calor, sólo es sugestión y convencimiento. Yo recomiendo para combatir este canicular efecto psicológico que no trabemos conversación en el ascensor del calor, del bochorno ni de cómo de irrespirable es la atmósfera enrarecida con el exceso de ozono. Si obviamos el sudor y el calor que sube de las entrañas de la tierra -del infierno- y el que proyecta el sol -del cielo- no lo vamos a sufrir. 

Que conste que le tengo puesta la credibilidad -toda-. A Donald le creo porque se ha pasado al bando de los ecologistas desde que ha anunciado que el muro con México lo construirá a base de placas solares. Él lo justifica razonando que cuanto más alto sea, más bueno y más provechoso resultará. ¡Genial! Hay quien sospecha que tras el grafiti, un sol enorme, que hace unos días ha decorado la rotonda de la plaza Francesc Macià -el posible causante de la sensación de calor en la ciudad de Barcelona- está la mano negra de los agentes medioambientales del presidente estadounidense. Una performance que anticipa la obra faraónica -un monumento al solsticio- que Trump ha decidido legarnos justo en la frontera con México. 

Sin sugestiones ni espejismos, Portugal arde. Treinta mil hectáreas han sido arrasadas por el fuego purificador, ahora tópico dantesco. La teoría de la tormenta seca con un rayo incidiendo en un árbol muerto no se corresponde con las recientes declaraciones del jefe de bomberos. El fuego se habría iniciado un par de horas antes del temporal eléctrico. Se recela de una intención -que se ha convertido en asesina- que deberá cargar, si la tiene, a la conciencia con las consecuencias y la responsabilidad de las pérdidas en vidas humanas y materiales. 

Pirómanos de todo tipo que la tradición asociaba a la manía histórica de los pastores que abrasaban los bosques para transformarlos en pastos. Un dato contemporáneo para el análisis es aquel que liga las alertas mediáticas de prevención con el número de fuegos que se declaran. Parece que el anuncio del peligro -real- levanta la veda y promueve el momento idóneo para prender fuego al bosque con eficacia. Hay zonas de espesura densa donde el mayor riesgo se concentra durante los meses de enero y de febrero, una época del año en la que nadie afortunadamente -sensatamente- nos alerta de cómo de elevado es el grado de combustión del sotobosque.

Un rayo, una línea eléctrica, un cristal que concentra los rayos del sol y produce el efecto lupa, una chispa de la maquinaria agrícola... Causas fortuitas y desgraciadas muy diferentes de las causadas por los miserables que se vanaglorian de los efectos heroicos con un móvil para hacer ostentación en las redes sociales. ¡No juguemos con fuego, compañeros! Me ahorraré hablar de petardos y de verbenas para no dar ideas. Lo dedico también a los que cultivamos el vicio de fumar, ¡no juguemos con las colillas, colegas! 

Una colilla en un arcén acaba de chamuscar cien hectáreas de cultivo en Sant Fruitós del Bages. Por fortuna las condiciones de todo tipo han permitido a los bomberos extinguirlo en pocas horas. Las imágenes de la columna de humo con las llamas devorando la tierra rápidamente junto a las viviendas ponen los pelos de punta. Más aterrador ha sido contemplar como las llamas han devastado un rascacielos en Londres.

Domesticar el fuego, adiestrar el caos infernal que es capaz de irradiar, convirtiéndolo en purificador para quemar los pecados y los malos augurios es lo que esta noche mágica de San Juan conjuraremos saltando las brasas de una hoguera. En esta edición llevaré la contraria al poeta, Joan Maragall, "Ya se pueden hacer bien altas las hogueras este año". 

-Buena verbena y buen Festival Clownia a Sant Joan de les Abadesses!

viernes, 16 de junio de 2017

Urnas.



Han transcurrido 40 años desde las primeras elecciones en democracia. ¡40! Esto quiere decir que los que actualmente tienen 50 no son demasiado conscientes del momento, tal vez un vago recuerdo, que han asistido a una batallita de abuelo en blanco y negro, de cuando Íñigo lucía tupé -sospechoso o no- y exhibía un mostacho envidia de los mozos que le imitaban en las discotecas derrumbados en la barra con un combinado de ron en la mano. Corría el 1977. Ya ha llovido mucho y nos hemos habituado a un artefacto que, entonces, era una novedad, una especie de caja transparente con una ranura donde se depositaban unos insólitos papeles. 

Madrid 1977. El meollo político -y de la movida aún sin nombre-. Fue mi primer año en la Universidad Complutense y el único curso que acampé en un colegio mayor junto al complejo de la Moncloa. Administrar una beca con el colegio mayor era incompatible con el remanente para invertir en vida social nocturna. Los primeros tres días de curso fueron muy duros porque las bajas en la tropa estudiantil eran espeluznantes, salíamos a estudiante muerto por día. Las carreras con un dorsal de color gris, las vapuleadas discrecionales, las agresiones a tiros de la ultraderecha, los atentados semanales de ETA, la legalización del PCE durante las vacaciones de semana santa, la rumores a sable permanentes... Visto desde la óptica de la batallita, cuarenta años después, aquella época fue fascinante, de poder vivir en Madrid en directo -la llamada transición- justo hasta el asalto al congreso de Tejero. Cinco cursos intensos, entre el 15J y el 23F en pleno coraje vital -y con margaritas en el flequillo-.

¡Cuatro décadas! Se dice pronto. O cómo vuela el tiempo... En aquellas primeras elecciones no pude votar porque no tenía la edad legal, 21 años. El paternalismo del régimen que pasaba página nos tenía tutelados hasta que éramos hombres de verdad porque la mayoría de los chicos cumplíamos con el inexcusable ritual iniciático del servicio militar. Otra batallita, esta con escopetas de verdad -donde algunos sufrimos heridas de verdad-, triunfaba como centro de interés narrativo masculino y protagonizaba muchas sobremesas mecidas por la melancolía y el carajillo. ¿De qué hablan ahora los hombres de verdad?

El vidente Marhuenda -que podría haber sido cabo furriel de milicias- desde el diario la Razón vaticina en portada que "Fraga ganaría hoy las elecciones". No lo dudo como tampoco lo dudé durante la primera edición electoral de la democracia. La campaña que desplegó en Madrid Alianza -partido- Popular, liderada por Fraga, era de ganador. Los recursos, los mítines, las vallas, los anuncios de todo tipo eran arrolladores. Por doquier las huellas de quien se postulaba como vencedor sin lugar a dudas. Tras las puertas de los aseos en la facultad también había adhesivos que competían con propuestas menos electoralistas. La ciudad latía en una campaña asaltada por ristras de vehículos con remolques y grandes paneles anunciando la buena nueva del continuismo más claramente franquista representado por Alianza Popular, pisaban fuerte como el caballo ganador en el hipódromo de la Zarzuela. 

La larga noche de la democracia en el colegio mayor donde yo representaba a la minoría catalana -¡era el único!- la viví con interés y sin entender demasiado qué se cocía. El galimatías del socialismo auténtico, popular o histórico era un puzle que acabó encajando como el alcalde Enrique Tierno Galván con la teta de Susana Estrada o Felipe González con el descamisado Alfonso Guerra. Se trataba de una alianza entre la intelectualidad de izquierdas y la epidermis -de la que andábamos bastante cortos- y entre el carisma simpático del Felipe con la pana populista del Guerra. 

¿Y si Marhuenda acierta? Ahora mismo gobierna la antigua Alianza Popular a pesar de la corrupción que en lugar de castigar la formación presidida por Mariano Rajoy la reaviva. En junio de 1977 la sorpresa -el batacazo- se iba recontando mientras el programa de Íñigo la aderezaba con entretenimiento y rancheras. Fraga se clasificaba, pero de los últimos en la carrera electoral. Para que los populares alcanzaran una mayoría absoluta habría de derrumbarse el centro coyuntural de Suárez y tenía que llegar un líder que arrollara a los socialistas y pusiera en valor sin complejos el pasado -con Fraga incluido-. ¡El hombre de las Azores! 

Venció Adolfo Suárez con un cóctel de colaboradores moderados del franquismo, de demócratas cristianos, también de políticos cercanos a Alianza Popular pero con una visión oportunista para tocar poder y un grueso importante de personajes que habían sido procuradores en las cortes franquistas. Unión de Centro Democrático (UCD), hoy mitificada y glorificada como su líder, Suárez, pilotó la transición concretándose en la Constitución de 1978 de la que Manuel Fraga fue uno de los padres en destilar a la criatura, algo que no impidió que un gran número de diputados de su grupo votaran en contra de la obra magna del momento político que ahora exhiben como sagrada intocable e inviolable. 

Este año la celebración ha coincidido con el Corpus Christi, uno de esos jueves que empalidecen la luz del sol. De hecho ha sido más la representación de un velatorio que un acto solemne para la conmemoración de la efeméride. ¿Habremos asistido a una especie de exequias de la transición? Salvo la predicción del preclaro Marhuenda, el eco ha sido discreto, de tono bajo. Los titulares que ha fraguado la gran casa de los representantes del pueblo, el Congreso de los Diputados, se refieren a la moción de censura que ha sufrido la sintaxis oratoria de Mariano Rajoy. Un ejercicio desde la transitoriedad nostálgica a la actualidad política que soportamos.

De la corrupción alfabéticamente sistematizada a la torpeza machista de un político en una réplica desafortunada, la moción ha sido previsible. También han sido predecibles las referencias a Cataluña tras conocerse cuál será la fecha y la pregunta del referéndum. Destaco una intervención: "Su proyecto de España contra Catalunya sólo puede dar lugar a un proyecto de Catalunya sin España". Habrá tiempo para glosarlo.  


viernes, 9 de junio de 2017

La Modelo baja la persiana.



El día de hoy se inscribe en las efemérides históricas de Barcelona. La cárcel Modelo ha cerrado definitivamente. Esta mañana han salido los últimos presos, dos docenas, que han tenido el honor de ser los últimos huéspedes. Hemos conocido los detalles del menú –de la último cena- y la prensa ha puesto cara y nombre, alguno ficticio, a los comensales invitados. El cierre de la institución ha hecho correr ríos de tinta color memoria, la de un pulpo gigante con un panóptico por cabeza. Curiosa palabra, "panóptico", el punto interior de un edificio desde el cual se puede ver -vigilar- todo el espacio. 

La crónica oscura de estos muros vive ligada al momento histórico y a las personas que han sufrido reclusión o muerte a lo largo de su vigencia como mazmorra. Más de un siglo custodiando un modélico fracaso penitenciario o ejerciendo de almacén para abastecer a los pelotones de fusilamiento en las madrugadas sin luna de la posguerra a orillas del mar en el Camp de la Bota. Un espacio donde, si se pone la oreja, aún se percibe el eco de la estremecedora fractura vital a garrote vil. 

Hoy se ha cerrado un periodo y un edificio emblemático de la Barcelona negra. La ciudad gana un espacio social y los vecinos ven finalmente alcanzada una larga reivindicación casi tan antigua como la misma prisión. Contradictoriamente el cerco y la presión a los inquilinos del barrio, previstos por los mismos vecinos, conllevará la predecible diáspora -como la sufrida por los presos y por los funcionarios- que preludia la bandada de buitres que ya planea en círculo olfateando el cadáver reciente y la oportunidad inmobiliaria. 

El chaparón mediático que narra la clausura me ha empapado y me ha cautivado. El tratamiento que se le ha dado en algunos medios ha tenido un punto de promoción optimista y festivo. Casi he sentido envidia del momento -histórico- y de los protagonistas -los héroes- con ganas contenidas para poder disfrutar de un puente o de un fin de semana largo saboreando el privilegio de pernoctar al menos una noche, o dos, en alguna de las celdas como ha experimentado algún periodista con meritorio celo profesional.

Durante unos meses, así que las autoridades titulares del edificio lo hayan condicionado y vaciado, se podrá visitar. La Modelo convertida en objeto turístico con un punto de morbo sombrío antes de que los nuevos equipamientos que se edificarán borren el perímetro y algunos espacios. Permanecerán los fantasmas que desde hoy flotan en un silencio espeso de las galerías deshabitadas. 

En América convirtieron Alcatraz en un hito histórico nacional. En Helsinki, el hotel Katajanokka era la cárcel de la ciudad hasta la década de los noventa. Ahora es un magnífico establecimiento con las galerías y las celdas reconvertidas en confortables habitaciones. Conserva los muros, la puerta blindada de acceso y los acogedores patios, en verano, de césped nórdico. En recepción se pueden adquirir hiperglucémicas esposas de chocolate o camisetas de diseño con rayas horizontales. Exponen todavía alguna celda testimonial llena de pintadas y de oscuridad. Como turista, ajeno a la vida real de cuando era prisión, alojarse en régimen abierto -sólo a dormir- es algo anecdóticamente simpático. Observar las rejas aserradas de las ventanas también tranquiliza mucho.