domingo, 29 de enero de 2017

Payeses con vacas.



Esta mañana se ha producido un hecho insólito. Se ha congregado la agricultura catalana en el paseo de María Cristina, junto a las fuentes de Montjuïc, en Barcelona. Como agricultor emérito, desconozco si el estatus tiene algún reconocimiento, me he asomado al evento. Supongo que los desertores del terruño podríamos haber llenado el Camp Nou. Ha sido un placer asistir a una pasarela de modelos de todo tipo -con predominio del verde John Deere- desfilando ordenados y orgullosos en el corazón de la ciudad. Una tractorada desafiando a la nieve, a la lluvia, a los peajes y a los radares de velocidad llegada de todas las comarcas de Catalunya. Una hilera de máquinas payesas al compás de una procesión con cadencia funeraria. 

-¿Qué cuesta todo esto? -parece que soltó Josep Pla, un payés del Ampurdán con mucha letra, admirado por la luminaria nocturna de los rascacielos de la ciudad de Nueva York. ¿Quién paga la luz? Yo me he preguntado quién puede pagar estos tractores. El catálogo de máquinas expuesto en el ferial de Barcelona ha sido espectacular. El corazón futurista en el campo es, sin lugar a dudas, el tractor. El motor descapotable o capotado y dotado de los avances más actuales que podamos imaginar los urbanitas palpitaba exhibiéndose hoy en la ciudad. Un tractor magnífico llevaba un cartel adosado al parabrisas -¡Soy del banco!- Entre los más fotogénicos había otro ejemplar altivo y robusto que lucía un mascarón macabro, un ataúd adornado con flores de cementerio -y de plástico-.

El hecho insólito radica en la voluntad de reunirse de un colectivo precisamente no demasiado dado a las manifestaciones colectivas. La individualidad campesina ha vivido tradicionalmente recluida en una dinámica particular, a "su" tierra y en "su" explotación ganadera familiar. Una singularidad difícil de romper. Insólita concentración, pues, la que se ha presenciado hoy en Barcelona. Los agricultores con vacas u olivos no se corresponden con el apelativo de rústico a secas -sin vacas, olivos ni tractor- con que los de la villa nos solían menospreciar sin mucho respeto ni consideración, al contrario. Ya se ha encargado la alcaldesa de darles la bienvenida y de diluir el tópico del agreste campesino que no ha visto nunca el mar.

La exhibición de raíz agraria denuncia la situación del sector que en 15 años ha perdido el 40% de su riqueza, la renta agraria, y el 27% de los puestos de trabajo. Unas cifras que dan la razón al tractorista tarambana que paseaba el florido ataúd. Yo no he oído nunca a un campesino confesar que ha sido un buen año, pero la frialdad de las cifras y la situación actual del sector se alinea objetivamente con el talante pesimista y quejoso del gremio del cencerro y de la azada.

Escuchando los parlamentos de los sindicatos que apoyaban a Unión de Pagesos he recordado aquel abuelo que se desgañitaba en el mercado dominical proclamando la fuerza de la tierra, un patriarca destronado casado con una heredera lozana que proponía cerrar el grifo a la producción para desatar el hambre y el caos en el mundo. El mismo ingenuo desconfiado firmemente convencido de que el día que dejó de sembrar trigo ya no podría comer pan.

El veto ruso, la meteorología, los recortes del gobierno -del 47% en los últimos años- han propiciado el milagro de esta mañana. Piden unos precios justos contra la gran distribución para vivir con dignidad y poder modernizar -mantener- las explotaciones, reclaman poder controlar la fauna externa o las arbitrariedades urbanísticas que hacen más daño que las plagas de jabalíes. Sólo se han olvidado de mencionar las denuncias por el repicar nocturno de cencerros o por el perfume que indigna y ofende tanto al turismo rural.

La tierra es muy importante y los agricultores son el agente que la custodia. Hagámosla sostenible con una política alimentaria de proximidad para que el relevo generacional sea posible. 

Dedicado a los temerarios agricultores jóvenes con empuje y vocación.

domingo, 22 de enero de 2017

Profeta de calamidades.

La manifestación congregada hoy, el día después de la investidura de Donald, supera en número y en color a la que pudimos presenciar ayer desde las pantallas que emitían para el mundo como trinaba una niña de dieciséis años el himno americano. Ha de causar rabia que nadie de los consagrados, ninguna estrella rutilante hollywoodiense, se preste a poner la voz, la morfología o la epidermis retocada a un acto tan importante, la investidura del 45º presidente. Es evidente que en España Rajoy habría seducido a algún Raphael o a algún Bertín sin tener que recurrir a los triumfitos de la academia. Es obvio que Puigdemont podría contar con el apoyo a capella de Nuria Feliu y de Lluís Llach para una versión de Els segadors. ¡Pues Trump no! 

Las caras ilusionadas y esperanzadas con la buena nueva anunciada por un mesías de aureola color zanahoria -el predominante ayer- hoy se han tornasolado con la supremacía del color rosa irritado. Del blanco, color trago de leche con cierto reflejo ario, a la paleta cálida chocolate para unas pinceladas enérgicas sobre el lienzo de la resistencia civil. En el corazón de América y en la periferia global se ha producido un rechazo preventivo y significativo a las maneras que demuestra el nuevo patriarca mundial. La persistencia terca del nuevo líder ha hallado la réplica en un Pontífice conciliador que ha dicho que "no podemos ser profetas de calamidades". ¡Que Dios le oiga y se haga su voluntad -la del Papa!-

Todavía humeaba el cañón de la estilográfica con la que había firmado la investidura que, sin tregua para enfriar la artillería legislativa, el nuevo mandatario estampaba la rúbrica de presidente en rodaje en un decreto para fusilar a la madrugada, antes de que saliera el sol, la reforma sanitaria del antecesor Obama. En la página oficial de la Casa Blanca o de la Presidencia de los Estados Unidos se fundían -a causa de las altas temperaturas insólitas para la época- los enlaces y las referencias al cambio climático. ¡Feo! ¡Feo y poco elegante, Donald! Yo me decanto por aventurar que, incluso los más enconados seguidores incondicionales, lo habrían soportado sin dudar de tus promesas, que hubieras tardado unas semanas -unos días si lo prefieres- a estampar el estigma de la nueva legislatura en la ley. 

Respecto al cambio climático ya es harina de otro costal. No puedo estar más de acuerdo. Yo también soy de los que creen que muerto el perro, aniquilada la rabia. Sabia medida. Negar el concepto y no mentarlo es no conferirle naturalidad. ¿Puede persistir la realidad si no le prestamos atención y nos abstenemos de proclamarla? ¡Pues no! Una decisión acertada que borra el problema de un manotazo. ¡El cambio climático ya no existe! No esperéis que yo aparee nunca más estas dos palabras que Trump ha divorciado por la vía rápida, sin juicios caros ni pleitos innecesarios. Fuentes bien informadas dicen que han visto la veleidad de las borrascas y los pérfidos termómetros largarse de vacaciones acompañando a Obama destino a California con una camisa hawaiana muy llamativa. Se trataba de extravagancias meteorológicas para levantar la audiencia amenazando con olas de frío siberiano para hundir en la miseria al gremio de la hostelería controlado por los chinos. 

Como el Papa Francisco -por la parte que me afecta- yo también te deseo, Donald, suerte y mucho acierto. Seguiré tu ejemplo y tiraré muchas palabras a la papelera y, si con ello no se han de verificar, seré fiel a la promesa de no emplearlas jamás. Por nada del mundo me gustaría conjurarlas para convertirme en un profeta de calamidades.

domingo, 15 de enero de 2017

El Capitán América II.



Este 2017 se vaticina gélido mientras se acerca la ceremonia de cambio de presidente en los Estados Unidos de América. Obama marcha y lo releva Trump. Un personaje que ya empieza a cabalgar aunque por ahora sólo pía. Me llamó la atención una conversación en la calle de dos abuelas de edad avanzada en relación a este Donald -¡Sí, mujer, aquel que parece haber salido de un circo! -imaginé que se trataba de un eufemismo tocado por la beatitud que confiere la edad relativizando al personaje y el momento. Mi duda es si la abuela quería tratarlo elegantemente de "payaso" sin rodeos o se le quebró el razonamiento mientras no tropezaba con la palabra. 

A quienes no se les ha roto el hilo argumental es a los políticos chinos que han definido los anuncios del presidente electo como un "revoltijo de tonterías, de falta de vista, de viejos prejuicios y de fantasías políticas". Se lo han advertido sin demasiadas filigranas formales con una "confrontación devastadora". ¡Bravo, Donald! Realmente no deja indiferente a nadie. Este mago de los titulares cortos se ha adelantado al nombramiento formal para empezar a gestionar el mundo como un emperador jamás visto en la pista central del Gran Circo Americano en la nueva edición del mayor espectáculo del mundo. Príncipe del funambulismo, rey de los forzudos tramposos y emperador de los payasos, todo a la vez. Con este Capitán América II ha renacido la estrella y un nuevo superhéroe con tupé de la prestigiosa ganadería Marvel .

Un personaje a estudiar. Curioso si no fuera por el poder que acumula. Alguien que salpicando sólo titulares agresivos sin argumentar ha llegado al cargo de presidente de uno de los países, sino el primero, más poderosos e influyentes del mundo. Las elecciones se ganan a golpe de eslogan y Trump es un experto. Su mensaje durante la campaña se alineó con los tertulianos de barra de bar que añoraban la era dorada de los milagrosos sueños económicos y la brillantina de Elvis. Trump ha sido el colega que ha dado la razón a los desesperados y les ha prometido -como se ha dicho muy acertadamente- volver a vivir en analógico en un mundo digital irreversible. La ironía a menudo se supera a sí misma y la realidad ha sobrepasado la ficción más tronada.

El entrañable Donald no necesita los cien días de cortesía, tampoco los rivales le concederán ninguna tregua porque él solo ya ha batido muchos récords mundiales. Al Ernest Hemingway del Twitter -como se autoproclama- de los 140 caracteres todavía le sobran muchos para alborotar el gallinero global sin admitir preguntas. Será toda una novedad oírle pronunciar discursos que vayan más allá del titular. Cómo justificará y desarrollará -y dulcificará- estos puñetazos en las redes sociales a los que nos ha acostumbrado.

Estirando la reflexión me pregunto cuánto tardará -si no es que ya se ha verificado- en llegar la ola atlántica a nuestras costas europeas. ¿Cuál será la versión hispana, por ejemplo, del tsunami político que ha provocado el nuevo presidente electo. Aquí también estamos bien servidos, de candidatos -un homenaje a aquella joya en blanco y negro de Luis García Berlanga, Bienvenido Mister Marshall-. Ya hace días que medito y que he llegado a la conclusión, después de hilar muy fino y de leer entre las líneas espesas de gruesos estudios, que nuestro Donald Trump de la Mancha se corresponde a la mezcla de varios prohombres, una amalgama entre el presentador del Sálvame Deluxe con el malogrado Ruiz Mateos SA -disfrazado de Superman- y el añorado Jesús Gil y Gil -acoplado en un conjunto escultural ecuestre al sufrido y muy noble Imperioso- .

Apasionante momento. Ametrallado por los focos en mitad de la pista reaparece Donald Trump vestido de domador con un sombrero de copa. Mecido por la fanfarria de la orquesta que interpreta una pieza alegre se dirige al público. Sonríe...

-¡Señoras y señores, que continúe el espectáculo!