El candidato a emperador
no debe disponer de asesores. Y si los tiene, han captado por donde transitan
las preferencias turbadoras de buena parte del electorado estadounidense. En
los manuales de estrategia republicana para la campaña figuraría que cabalga
hacia un encuentro de cowboys, rudos
personajes de gatillo fácil y axila sudada con las ideas polvorientas a causa
de la tramontana que sopla en el desierto de Texas, des de Arizona del Sur.
Electores que les va la marcha a la barbacoa donde caldean bien pasadas por las
brasas la decencia, la civilidad, el glamour y -lo que más les debería quitar el
sueño- la sensación de sentirse protegidos y amparados por el liderazgo de un
presidente que les hará ir a dormir poco convencidos de que nada malo les puede
suceder porque tienen una especie de ángel de la guarda que, además de
asistirles aparcando en el centro comercial, vela para que en un arrebato
nocturno - mientras ronca habiendo impresionado a alguna rubia volátil- no le dé
un pronto convulso y pulse un maldito botón letal.
- ¡Ladies and gentlemen, Donald Trump!
Quién habría apostado por
aquel estrambótico personaje en las primarias que ha logrado promocionarse como
un firme candidato a la presidencia de Estados Unidos. A cada obstáculo que iba
sorteando, algunos en esta orilla del Atlántico íbamos abriendo más los ojos.
Ahora ya los tenemos muy abiertos y del calibre de un plato plano de diseño con
el que suele disponer la mesa la gastronomía de la innovación.
Cómo ha llegado a ser
candidato -¡y puede ser el presidente! - quien acusó a los inmigrantes
mexicanos ilegales de "corruptos, delincuentes y violadores" sin
ningún tipo de matiz ni contemplación. Asimismo anhela construir un muro en la
frontera de Estados Unidos con México añadiendo con autoritaria vehemencia que
el muro deberá ser financiado íntegramente por México. Redondea el capítulo de
la cohesión social en el programa electoral aderezándolo con la prohibición
temporal de la entrada de musulmanes en el país.
La preclara visión
política de Donald Trump también sobresale en los argumentos que niegan la
existencia del cambio climático ya que "el calentamiento global es un
engaño ... un concepto -amarillo- inventado por los chinos para que el sector
industrial americano pierda competitividad". Alcanzada semejante cota
intelectual con esta solidez científica, objetiva y fundamentada, se le debería
proponer para el premio Nobel.
En una vuelta de tuerca
más este personaje suele discrepar con el principal enemigo cuando se contempla
en el espejo. Hoy el reflejo ha vuelto a hablar: "Nunca he dicho que sea
perfecto y nunca he fingido ser alguien que no soy. He dicho y he hecho cosas
de las que me arrepiento". Añadió: "Ya lo he dicho: me equivoqué y
pido disculpas". Sólo se ha olvidado del -¡No volverá a pasar!
Hoy Donald Trump ha
ensanchado la frontera de las admiradoras. Ha incorporado a los mexicanos, a
los musulmanes y a otros ... a las mujeres con criterio, aquellas a quienes las
celebridades sólo pueden pillar por el cerebro o el corazón.
Habrá que ver y contar a
cuántos vaqueros en masculino convence. Todo es posible en el país de los
sueños donde este Trump quiere erigir su Neverland
particular.
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