Si
echamos un vistazo a la prensa, a los telediarios o a las redes sociales, puede
provocarnos un ataque de vértigo. Desde la atalaya informativa nos asomamos al confín
del risco con el despropósito creciente de los tambores de guerra repicando
tras el encuentro de los jefes de estado europeos de esta semana en Bruselas.
Se debe potenciar la industria de las armas en la UE. Hay que cerrar el paso a
las ínfulas de invadir Ucrania por el régimen de Putin reforzado por sus
sospechosísimas mayorías absolutas obtenidas que lo reafirman. Los dirigentes
europeos instan a la sociedad civil y militar a “coordinarse y prepararse”
ante la amenaza que involucraría a toda la sociedad. Bruselas habla sin
tapujos a favor de una "economía de guerra". En el reciente encuentro
se ha puesto sobre la mesa una potencial “tercera guerra mundial” si Putin
logra vencer a Ucrania.
Al
desastre de atrocidades acumuladas, las autoridades energéticas de Kiev
confirman que se acaba de producir el mayor ataque a la infraestructura energética
de Ucrania de toda la guerra. Mientras, justo horas después, en el corazón de
la Rusia de Putin acontece un asalto terrorista con más de un centenar de
víctimas mortales a las afueras de Moscú en una sala de conciertos reivindicada
por Estado Islámico. La autoría real del atentado se columpia entre acusaciones
de todos los colores, también existe la sospecha de que contribuirá a un
incremento exponencial de la propaganda militar para favorecer la movilización
en Rusia y a una escalada de las agresiones contra Ucrania justificando ataques
genocidas a la población civil ucraniana. La inteligencia militar ucraniana
atribuye la masacre a una operación planeada desde el Kremlin, una de especial perpetrada
por los servicios secretos rusos contra sus propios ciudadanos para
desprestigiar a Ucrania y a los que le apoyan. Al otro lado, el presidente ruso
en un severo discurso televisado ha acusado a Ucrania de estar detrás del
“bárbaro atentado terrorista”.
En
el Consejo de Seguridad de la ONU la petición de un alto el fuego "inmediato"
en Gaza presentada por Estados Unidos se ha desbaratado por el veto de Rusia y
China, ambas miembros permanentes, que no han querido votar a favor de la resolución
simplemente porque la han presentado los americanos, ha sentenciado la embajadora
estadounidense ante la ONU. Esta resolución era la primera que presentaba
Washington después de haber votado tres veces consecutivas en contra para
detener las hostilidades. Los tambores de guerra y los despropósitos siguen
percutiendo en la Franja de Gaza.
Frente
al alcance de las noticias y la complejidad del mundo actual, aumenta el
desánimo. Es cierto que la velocidad y la variedad de las informaciones pueden
ser arrolladoras y, en consecuencia, provocar un estado mental de desorden o
caos. Sin embargo, también hay razones para mantener la esperanza y encontrar
elementos positivos en el mundo que nos rodea, argumentamos los incautos que,
seguro, tenemos razón venciendo en número y mayoría a los que provocan las perversidades.
Aunque sea difícil verlo a veces, existen muchos ejemplos de bondad,
resiliencia y progreso en el mundo -insiste el ingenuo-. Personas de todos los
rincones trabajan incansablemente por mejorar las condiciones de vida, luchar
contra la injusticia y proteger el medio ambiente. Historias de éxito, actos de
generosidad y momentos de unión se producen a diario, aunque no siempre reciban
la misma atención que las noticias negativas.
Por
tanto, a pesar de los desafíos a los que nos enfrentamos, quisiera creer que
hay razones para ser ingenuamente optimistas y buscar la belleza y la bondad en
el mundo que nos rodea. Quizás sea cuestión de cambiar la perspectiva y buscar
activamente lo positivo en medio de la complejidad y el ruido de las noticias
que nos estremecen con palabras gruesas y el eco de los cañones desasosegándonos
para aceptar agradecidos sin aspavientos los estratosféricos presupuestos que
reclama la industria de la muerte para saciar los conflictos y a las cohortes
belicistas. La guerra es un negocio de oportunidades. A más armas y munición,
más seguros y, así, más felices y contentos danzando al compás de los gozosos tambores
de la guerra.
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