viernes, 29 de marzo de 2019

Lluvia suave cuando el pueblo la demande.


Callejeando por la ciudad me ha sorprendido como unas criaturas jugaban a la pelota en una plaza. Se habían ingeniado una portería virtual, bien imaginaria, y discutían si el disparo había entrado por la escuadra o se había estampado en el palo, otra realidad de las que no se tocan bien difícil de delimitar. En otro rincón un grupito se esforzaba para trepar al árbol en la aventura intrépida de alcanzar un nido de pájaros que yo no he descubierto. En el bullicio del espacio se ha impuesto, desde una ventana, una madre requiriendo a una de las criaturas para que fuera a comprar algo en la tienda de comestibles de la esquina. Os aseguro que, sentado en un banco, he cerrado los ojos y me ha llegado el griterío animado de esta escena vital que ya no existe. De vuelta a la realidad tampoco he hallado por ninguna parte la tienda de ultramarinos y me ha parecido que el sol era más tenue y estaba más sucio que en mi recuerdo.

En el campo la infancia era soledad desparramada achuchando a un chucho esquivo, cazando caracoles un día soleado con un cencerro al cuello o peleándonos con un asno terco que quería escabullirse de las trastadas que nos ingeniábamos para distraernos. Un burro, un perro perdiguero de orejas abatidas y la esplendidez de la naturaleza perfumada de hierba recién cortada. Y el cielo era de un azul tan ofensivamente limpio y delgado que sucedía espejismo cuando hacia el mediodía los castillos de nubes de algodón se empeñaban en delimitar tímidamente el infinito de aquel prodigio en la cresta de la montaña.

El abuelo desdibujado por una nube de humo espeso me despachaba con el pretexto de que fuera a buscar caracoles a pesar de que caía un sol de justicia que resquebrajaba las piedras y la cordura. Costaba de adivinarle el aire socarrón oculto bajo la gorra y aún más de encontrar la eficacia de colgarse un cencerro que, según el abuelo Pep, atraía a los caracoles grandes, a los caracolillos chiquitos y a las babosas. También en días de sol y sierpes.

A menudo, recuperando aquellos años que no volverán me invento un deseo, de poder volver a ver y vivir, aunque fuera un solo mediodía de primavera avanzada, la luz y la nitidez de aquella infancia amparada en aquellos cielos soleados sin la niebla de los caliqueños -y los cencerros- del abuelo Pep- que lo han contaminado todo. Un sueño de veranos cuando las bicicletas eran un lujo impracticable en aquellos caminos empinados y salvajes. 

Y en la profecía de los tiempos, ya no hay tantos, de pájaros ni tantas estrellas en el firmamento. ¿Se habrán cumplido aquellos augurios que no presagiaban nada bueno? Ya lo decía aquel, cualquier tiempo pasado fue mejor aunque algunos se empeñen en negar que nada ha ocurrido. 

... ... ...

Cerca de 2.000 jóvenes se manifestaron en Barcelona contra el cambio climático. La protesta ha coincidido con una huelga de estudiantes que se había convocado en todo el mundo. La movilización forma parte del movimiento Fridays for Future (viernes para el futuro), creado por Greta Thunberg, una adolescente sueca. Hace semanas que, desde esta entidad, algunos jóvenes protestan cada viernes en varios países y exigen medidas para frenar el calentamiento global. Un movimiento estudiantil que surge para exigir a los líderes mundiales contundencia ante el cambio climático. En Girona ya es el sexto viernes que se movilizan. Estos jóvenes exigen que se declare el estado de emergencia climática. Los herederos de este mundo que les dejaremos en usufructo solicitan que se amplíen las medidas y se cumplan los acuerdos internacionales.

Tras la bonanza primaveral que nos mece en la ciudad está instalada una sequía áspera que castiga la tierra. Campos resecos con los sembrados sedientos. Hace demasiados días que no llueve como correspondería. En otros lugares del planeta las tormentas o el pedrisco causan estragos serios. Los retos para la sostenibilidad y la reducción del calentamiento global -si todavía estamos a tiempo- deben ser los paraguas que cobijan la humanidad entera. Negarlo es una bajeza política muy torpe. Sentaron época las declaraciones de hace una década de un dirigente cuestionando su existencia apelando a un primo suyo catedrático. Cerró el parlamento diciendo que el asunto "no se puede convertir en el gran problema mundial". Algo que Trump ha ratificado -no así los acuerdos internacionales- despreciando la realidad a pesar de los efectos devastadores que el país que dirige ha sufrido en diversas ocasiones.

Como piden los Gozos de Ral dedicados a la Virgen de Gracia: "Danos lluvia suave cuando el pueblo la demande". La meteorología democrática es una disciplina que está todavía por verificar. Mientras, podemos pasear en procesión a los santos del sentido común muy ligados a la pervivencia de los causantes de semejante desastre global.

viernes, 22 de marzo de 2019

La seducción viste de rubio.


Cuando la seducción viste de rubio y el estado continúa cautivando a los catalanes díscolos, todo parecería sumirse en una pesadilla, la escena de una película protagonizada por Arévalo, Esteso o el Pajares -a elegir- dudando a qué vecina del quinto tirar la caña. Si se prefiere, retrocedo atrás en el tiempo y me asalta la decimonónica duda zarzuelsca de las Coplas de Don Hilarión. 

Soy capitán,
de un barco Inglés
y en cada puerto tengo una mujer. La rubia es
fenomenal  -
garantiza Casado-
y la morena tampoco está mal  -
asegura Rivera-. 

Si alguna vez
me he de casar,
me casaré con la que me guste más.

Una morena y una rubia,
hijas del pueblo de Madrid,
me dan el opio con tal gracia
que no las puedo resistir.

¡ja, ja, ja, ja!
se deshacen por verme contento,
esperando que llegue el momento
en que yo decida
¡ja, ja, ja, ja!
cuál de las dos
me gusta más.
… … …
Pero también algunas veces
se me ha ocurrido preguntar:
¿Si me querrán estas chiquillas
por mi dinero nada más?

Os confesaré que me encanta la mirada retadora, un punto chulesca, del fichaje de invierno de Casado. Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos es la novedad en el catálogo electoral catalán que, a pesar de desprender una languidez engañosa, apunta como la gran tigresa de la política. Sale a la pista una felina inquietante de zarpazo frío en mitad de la intriga glacial. 

Se acerca una temporada de arremetidas electorales apasionantes en la que asistiremos a episodios nacionales dignos de ser redactados por Benito Pérez Galdós. También de trifulcas que podrían transitar por los espejos valleinclanescos donde se refleja el callejón que nos lleva al corral donde estas pollas -la rubia y la morena- se las tendrán. Fascinantes escenas homologables a las corridas de toros y a las monterías con caballos donde unos nuevos contrincantes en la escena electoral pueden ejercer de jueces.

Mientras la campaña no arranca, los díscolos catalanes, insensibles en la herejía separatista, han traído la travesura rebelde -y republicana- a la capital. La arteria madrileña amaneció colapsada por el colesterol independentista reclamando autodeterminación y en contra del juicio por el proceso que, implacable, va a la suya. La crónica de algunos medios de la meseta se resume en un dicho castellano, no hay peor desprecio que no acero aprecio. La indiferencia relativa, sin embargo, pierde eficacia cuando se fundamenta en la sorpresa por la invasión traicionera, como el día D en Normandía, sólo que con autobuses.

La falta de información -ya no digo de comunicación- propició que los sufridos madrileños, asombrados por aquella marea estelada, se sorprendiera aún más porque el enjambre amarillo no contagiaba de ictericia. Otros pudieron contrastar que los catalanes díscolos si son demonios, lo son rabones, sin cola. 

¡Feliz San José!

domingo, 10 de marzo de 2019

Mujeres.


La movida feminista alza la voz y toma la calle. Las mujeres levantan el dedo, son más visibles que nunca, tienen criterio, tienen voz -¡y voto!- en esta precampaña electoral que también las ha empujado a ser más conscientes de su papel a la hora de decidir qué se juegan. La mitad de la población lleva trenzas y se declina desde la sensibilidad femenina. ¡Mujeres! Son materia delicada, que no débil, y votantes de pleno derecho que el paternalismo patriarcal últimamente ha vuelto a sacudir torpemente.

Las feminazis dicen que "Nos están asesinando, nos queremos vivas". Se quejan de la diferencia salarial o de la menor presencia en puestos de mando y de responsabilidad. Tienen claro que si "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Que están cansadas de la falta de referencia y de reconocimiento en los ámbitos históricos. La mujer ya no es ni quiere ser aquella gran señora a la sombra falocràtica de los genios casi siempre en masculino que figuran en los álbumes de cromos. 

Será porque los pactos los carga el diablo o que los partidos de izquierdas españoles ven una oportunidad al reactivar la base de votantes progresistas, los motivos por los que la derecha eleva el tono frente del movimiento feminista "de extrema izquierda". Atacan a las feministas progresistas que han "monopolizado" la protesta. El dirigente del PP, el remasterizado Pablo Casado, criticó que estas feministas no hayan salido, según él, en defensa de las parejas "agredidas" de los guardias civiles de Altsasu, ni de la letrada de la administración de justicia que declaró el miércoles en el juicio del Proceso, Montserrat del Toro. Se podría decir que ha rebajado la categoría a anécdota muy cogida por los rulos. 

Desde el cretáceo se han recuperado fósiles y utensilios del menaje del hogar que avalan la idea de que las mujeres han presentado denuncias por haber sido víctimas de violencia de género obteniendo inmediatamente ventajas económicas y laborales. Un equipo de contrastados paleontólogos señala que la Península tiene una mala imagen inmerecida en esta materia, cuando la realidad es que se trata de "uno de los lugares del continente euroasiático con menos violencia de género", y que existe paridad entre hombres y mujeres, pero sucede que en "el paraíso de la equidad y de la exquisita convivencia hay una confusión muy grande entre igualdad de oportunidades e igualdad de resultados". 

Revolviendo entre los anales más recientes se constata la existencia de una tribu mayoritariamente de mujeres -y brujas feministas- amparadas por una ley de violencia que financia el auge que vive actualmente el movimiento, "por el dinero de las subvenciones que recibe", que le permiten "mover a las masas radicales".

Siguiendo el hilo del argumento no se han olvidado que en la escuela pública se está utilizando a las niñas "como instrumento contra el hombre", educando a las criaturas con consignas para que se sientan superiores. Remachan el clavo confirmando que son feministas de verdad. Y una voz femenina -también había negros simpatizantes con la esclavitud- reclama que a los que cometen feminicidios se les aplique "la cadena perpetua". Concluye definiendo lo que ahora se denomina "violencia intrafamiliar" -que no de género porque también hay violencia contra el niños, los ancianos y otras especies domésticas- se debe combatir "con más penas y más contundentes, y con más control policial, y que la gente no cobre para salir a la calle con una camiseta lila.

¡Ay las mujeres! Ayer miles y miles de personas se movilizaron a lo largo del día. Estudiantes, jubiladas, migrantes... Mujeres haciendo frente a viejos planteamientos que, ahora, algunos se empeñan en negar o a retorcer. Una protesta global para hacerse sentir y vindicar sus derechos.