jueves, 28 de febrero de 2019

MWC, cosecha 2019.


Termina el Congreso Mundial de Móviles, MWC, cosecha 2019. La edición de este año ha cerrado puertas con la cifra -¡récord!- de 109.000 asistentes, 2.000 más que la del año pasado, según informó el organizador de la feria. Habrían asistido 205 países, cerca de 170 delegaciones de gobiernos, y han expuesto sus productos más de 2.400 exhibidores. Los datos abruman.

Barcelona es una muchedumbre fundamentalmente de señores todavía en masculino con un escapulario hiperbólico, como un cencerro colgando del cuello que los singulariza respecto del turismo gaudiniano que pulula también por la ciudad pero en otras fechas. Los de la telefonía, que podrían confundirse fácilmente con los transeúntes de paella y sangría, representan un subconjunto de individuos con una tendencia gregaria diferente y de temporada muy concreta. Unos, los perfumados con after sun , tienen predilección por la Sagrada Familia, por el barrio gótico y por las terrazas del Paseo de Gracia. Los de estos días se reúnen en la catedral de la tecnología durante el día y así que se instala la nocturnidad velada campan para distraerse del estrés on line que conlleva el feroz negocio del mercadeo de todo tipo con tecnología punta.

En la congregación para la beatificación del 5G Barcelona se halla saturada como un huevo relleno de chips inalámbricos conectados, vía wifi, en un nuevo ritual ecuménico quizás inspirado en aquel litúrgico -y obsoleto- de l’ou com balla de la diada de Corpus que ya no concita multitudes. Ciento y pico mil entendidos pendientes de unos terminales que se podrán plegar -¡no los planchéis! indica el manual de uso- como los también obsoletos pañuelos de bolsillo, los de tela y con las iniciales bordadas de hace unas décadas. 

La Barcelona internacional se ha convertido una vez más en el referente global de la industria del móvil y, al mismo tiempo, del universo emprendedor que el sector se comporta. Un éxito a pesar de la tradicional y seductora huelga de metro que el congreso conlleva. Es el año del taxi después que Uber y Cabify perdieran la batalla a pesar del potencial tecnológico con que contaban. Los reyes de la edición han sido los taxistas de siempre, y la camiseta ganadora de la Champions league de la movilidad es de color amarillo con franjas negras y -según algunos usuarios- algo sudada. Algunos de los vehículos son demasiado viejos con tufo a tabaco conducidos por algunos taxistas que rayan la grosería con un equipamiento donde los más moderno es el taxímetro digital. 

La queja local denunciada por los sindicatos domésticos es que algunas azafatas cobrarán un euro menos porque no dan la talla. Un asunto de altura. Sí, la dimensión de un cuerpo en dirección vertical condiciona lo que percibirán algunas de las chicas que participan en este congreso mundial. A su vez el Mobile World Congress habría denegado la entrada a una mujer que llevaba a su hija lactante de cinco meses. La trajinaba, dormida, en una mochila adosada al cuerpo. La organización alegó que no pueden entrar en el recinto menores de 16 años y la dirección se negó a hacer una excepción para esta madre trabajadora que quería acceder al recinto donde se celebraban unas jornadas para la inclusión de la mujer en el mundo tecnológico. Ironías sarcásticas del XXI.  

El MWC ya es historia. La decimocuarta edición celebrada en Barcelona ha concluido. Desde aquellos tochos con antena a los terminales actuales que todavía llamamos teléfono transita una metáfora poco afortunada, por imprecisa y poco acertada. Yo me solidarizaré con los que año tras año pensamos que nuestro teléfono móvil es aún más una antigualla. 

-¿Diga?

sábado, 23 de febrero de 2019

Polacos en la corte de Felipe VI.


La manifestación del fin de semana pasado en contra del juicio llena la calle de Barcelona. En el mano a mano por las asistencias, el independentismo tampoco se arruga, contrastarla con la de Colón en Madrid o la de Amer -principalmente ésta- no resiste la comparativa. Está anunciada una huelga general al próximo jueves -mañana-. La actividad política, judicial y vindicativa bullen. En la olla española siguen a fuego lento Cataluña y un hueso de jamón ibérico. 

A los políticos se les acumula mucho trabajo convocatoria tras convocatoria electoral que ya tienen fecha en el calendario de las urnas. La decisión de Pedro Sánchez ha alineado a los partidos en la raya de la salida electoral desatando una intensa actividad maratoniana. Preparémonos, pues. Nos esperan meses duros de pasar interpelados por la retórica de la promesa hacia una felicidad incierta pero muy cerca de una papeleta. Asistiremos a mítines durante la Semana Santa, que coincidirá con el ecuador de la campaña electoral. Con los resultados del 28 de abril recién amasados comenzará la carrera por las municipales y por las europeas, que en 13 comunidades españolas coincidirán también con las elecciones autonómicas. Tres meses de campaña en que, además, está previsto que haya sesiones del juicio al proceso al menos tres días por semana, de martes a jueves.

A la industria de las togas se les acumulan los encargos. Deberán hacer horas y más horas extras para dar abasto a tanta demanda. Y como lo retransmiten en directo, sólo para Cataluña, tendrá efectos con dos consecuencias inmediatas, convertirnos en expertos en leyes y que las criaturas catalanas, cuando les preguntamos qué quieren ser de mayores, se decanten preferentemente por la posibilidad de elegir entre ser fiscal o abogado defensor. Intimidan las imágenes estáticas y los graves decorados que encuadran la hilera de profesionales de la ley con el juez capitoste Marchena al frente. 

Es el juicio a un pelotón de polacos en la Corte -tribunales- del Rey Juan Carlos I -Felipe VI- como publicó el malogrado Manuel Vázquez Montalbán a mediados de la década de los noventa. Montalbán comenzaba la obra con una intención, anunciaba que "tenía que ir a Madrid a ver al Rey". ¿Qué crónica redactaría hoy? De aquella certeza ingenua con que, entonces, una carta al monarca era bálsamo i remedio a cualquier injusticia o demanda popular, a la declaración nada inocua del heredero real Felipe VI de hoy mismo, en pleno juicio por el proceso: "No es admisible apelar a una supuesta democracia por encima del derecho". Hoy aparcaré la reflexión maratoniana dedicada al papel de la monarquía en todo el asunto que nos ocupa. Mejorable desde la neutralidad institucional que podría ostentar -como árbitro- aunque no tomar partido por los que proclaman la República suponga un gesto excesivo de generosidad temeraria que es una osadía de reclamarla. 

La sesión del juicio de hoy también ha sido maratoniana. Cuántas horas han tenido que soportar los encausados de cara a la pared -descontando el trayecto con el cercanías policial al que están abonados-, sentados en aquellas sillas tapizadas nada ergonómicas que conjugan el satén con los mármoles, las vidrieras, los frescos o las columnas jónicas de la galería de los pasos perdidos con pinturas de Alcalá Galiano que exaltan "las virtudes de la Justicia". A efectos del cómputo de la pena, que algunos dan por firme y los hacen ya condenados, una hora en el Supremo debería reducirla, como mínimo, el doble o el triple en el caso de los que cultivan el vicio de fumar o tienen la vejiga floja.

 A mí también me duele España tal como proclamó Junqueras en su sermón de defensa ante el Tribunal Supremo. ¿La política en los tribunales resolverá el problema? El vaho de la olla en el hervor de los días que corren va invadiendo los espacios -veremos mañana jueves qué seguimiento tiene la parada prevista-. El hueso del jamón ibérico no se disuelve y Cataluña bulle, ahora salta -como la rana escaldada- en este caldo judicial mientras las brasas electorales -también maratonianas- aún no se han atizado a la máxima intensidad del todo. 

En la fiebre electoral que nos envestirá, el ministro Borrell recetaba "desinfectar Cataluña". En Amer le hicieron caso desde la radicalidad literal con una fregona y lejía baldeando los adoquines de la plaza de la villa. Ante el acceso previsible de despropósitos que tendremos que soportar en estas campañas electorales yo recomendaría mucha prevención antipirética y analgésica, aunque la administración no sea de lo más heroica ni noble. 

A las criaturas indecisas entre ejercer de fiscal, de defensor o de juez yo me decanto sin lugar a dudas por las buenas personas. Alguien en el juicio por el proceso dijo que "antes que demócratas somos buenas personas". 

¡Buenas noches!

sábado, 9 de febrero de 2019

Petróleo, relato y serenidad.

La entrevista que Maduro concedió a Évole es la entrevista que cualquier periodista habría deseado obtener de este personaje que incita odio y amor en proporciones por dilucidar. La coyuntura actual está más por el odio furibundo con la implicación manifiesta de Trump y de sus partidarios -Sánchez también- para descabalgarlo como presidente. El momento venezolano es un tapiz con claroscuros y una trama compleja. 

La familiaridad con que trata el venezolano al periodista catalán en dicha entrevista es entrañable por cómo le admite algunos de los argumentos difíciles de responder o como pide perdón a los compatriotas que residen en España por no haberles ingresado las pensiones pendientes de demasiados días. Hoy a las puertas de la Torre Urquinaona -sede del consulado de la República Bolivariana de Venezuela- en Barcelona había tres personas con una pancarta a favor de quien se ha autoproclamado presidente del país con el apoyo protagonista de Trump. ¡Ay, el petróleo! Algunos nos preguntamos si no existen más dictaduras por redimir en el mundo, además de la de Venezuela.

Aparece un Maduro acicalado, bien vestido y peinado -sin chándal, ahora que las pasarelas de la moda vuelven a vindicarlo-, con ínfulas de buen político que se siente legitimado por el electorado -una parte importante del cual no fue a votar- y que cada vez parece tener más en contra. El asunto Maduro ha comenzado el declive y no sabemos qué saldrá ni cómo se resolverá. Los tambores de guerra ya percuten y nadie descarta un enfrentamiento. 

Curiosamente Maduro ha contextualizado la situación que sufre con Cataluña como referente, "Es como si yo obligara a la UE a reconocer la república de Cataluña". "¿Se imagina que le digo a la UE que tiene 7 días para reconocer la República Catalana?" Sigue cargando contra el presidente de España diciendo que "Pedro Sánchez es un muñeco en manos de Trump". Nicolás Maduro califica de nefasta la decisión de España de reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela y advierte que, si se concreta una intervención armada, "las manos de Pedro Sánchez quedarán manchadas de sangre, como las de Aznar en Irak ".

Por su parte el presidente socialista calificó de "tirano" al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Sánchez ha asegurado que quien responde "con balas y cárceles a las ansias de libertad y democracia no es un socialista, sino un tirano". Ha condenado de manera rotunda la destrucción de las libertades democráticas que se produce en Venezuela y ha exigido al régimen de Maduro -se ha de llamar así, ha dicho-, la liberación de todos y cada uno de los "presos políticos" . 

Podríamos hablar de políticos presos y de presos "políticos" domésticos justo a las puertas del juicio que debe comenzar en el Tribunal Supremo de Madrid. Ya hemos asistido al traslado VIP, como lo califica cierta prensa madrileña refiriéndose al autobús recién estrenado que trasladó a la banda de catalanes díscolos. Las confortables cámaras hiperbáricas de reducidas dimensiones se corresponden más a un servicio low cost amenizado por la locución en directo por parte de un torpe agente de la guardia civil. No me imagino una azafata de Ryanair mofándose entre carcajadas del pasaje o de mi pavor a volar.

Comenzará el juicio de los juicios. Antes, calentando y en chándal por el césped aún, uno de los fiscales del 'caso Trapero', Pedro Rubira, en la previa por decidir si el tribunal madrileño es competente para juzgar la ex cúpula de Interior y de los Mossos, ha cuestionado "la imparcialidad y serenidad" de los tribunales catalanes para juzgar el 1-O. "Puede haber imparcialidad, serenidad, si se envía la rebelión y la sedición a Cataluña?".

Crear opinión es una estrategia donde se apuntala la impostura. Los grandes manipuladores lo saben bien. Los maestros de la confusión suelen practicarlo con un talante de lo más digno haciéndose el ofendido. Crear opinión no es fácil, requiere de unas técnicas sutiles que, poco a poco, pierden el hilar fino para convertirse en un burdo varapalo a la lógica, a la razón y, finalmente, a la verdad. A fuerza de esdrújulos el matiz se desvanece entre el blanco o el negro irreconciliables. Los buenos profesionales logran que la realidad cambie, que deje de ser reconocida por los que la padecemos. La reiteración conduce a la duda. Difama, miente, tergiversa que algo queda. ¿Qué habrá de realidad en algunos de los relatos que se escucharán?

Cabe preguntarse si la realidad es verídica ya que cada uno tenemos la nuestra, de verdad -al menos un trocito de esta-. La batalla por el relato es la cuestión. En una crónica verosímil, con apariencia de poder ser aunque no sea del todo cierta, se abrirá, pues, la etapa del relato. Cada uno el suyo. Mientras -y también sin chándal- se ha iniciado una campaña llamada España Global. El Ayuntamiento de Barcelona y el Barça han pedido que se retiren sus logos de la web, los únicos soportes que tenía en Cataluña este artefacto creado por el gobierno español para contrarrestar las mentiras catalanas. La batalla por la mejora de la percepción de España en el exterior y entre los mismos españoles ha comenzado poco afortunadamente cuando la secretaria de estado, una ex diputada de UPyD, declaró a la BBC que "no pasa cada día que líderes políticos que han cometido delitos vayan a juicio". Una afirmación que ya culpa y sentencia los presos políticos cuando aún no ha ni empezado el juicio. Cosas del relato.

En mitad del momento más judicial que político, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, habría aceptado que en la cumbre de partidos para tratar sobre la cuestión catalana haya "alguien que pueda tomar nota, convocar y coordinar" los encuentros. En declaraciones a los medios, la vicepresidenta ha rechazado atribuir a esta figura el papel de "mediador", como piden los partidos independentistas, y ha utilizado el bien hallado término de "relator".

¡Ay, el petróleo, la serenidad y la imparcialidad ... qué grandes relatos!