Las mudanzas,
con o sin el saco de los gatos y de las pulgas, se han consumado en el Palau de
la Generalitat de Cataluña y en el Palacio de la Moncloa. La probabilidad de
que a estas alturas os llamen para ofreceros un cargo en la corte política está
en las últimas. ¡El pescado ya ha sido casi del todo vendido! Si erais de los
que os postulabais, habréis tenido la prevención de dejaros ver, de alzar el
dedo con bastante discreción, pero con firmeza. Es necesario que hayáis sido
visibles, pero con la elegancia justa para no comprometer el orgullo ni
castigar demasiado las rodillas.
Los indicadores
vigentes debido al ajetreo político darían para un ensayo respecto del consumo
farmacológico y por el repunte de las visitas al psiquiatra -¡Qué me pasa,
doctor!- Se dispara el consumo de ansiolíticos y los síntomas de abatimiento se
convierten en epidemia. No somos nadie a pesar de haberlo sido todo. Alabamos
los días pretéritos que no volverán y nos engañamos convencidos de que no por
cambiar de lugar se cambia de condición. Una verdad como un templo. Mientras,
desde el ventanal con vistas a la aridez del desierto nos conformamos en la
profecía agorera poniendo un cirio al caos y nos resignaremos porque los
escogidos tienen los telediarios contados.
Pasado el
momento crítico del terremoto, cuando el meneo de sillas se ha consolidado y el
suelo político en los despachos ministeriales, también en las consejerías, ya
no cimbrea, reconozco que la mayoría de los pronósticos que aventuré han
fallado. Me ahorraré los recuentos por género. Que las personas escogidas,
tanto los patriarcas como las patronas con cartera, tengan suerte y acierten al
frente de las responsabilidades que les han encomendado.
Mudanzas,
traspasos y recelos perpetrados a modo de venganza, la de abandonar en los
estantes de la sucesión los enseres que más rabia y más grima provocan. Se
debería redactar una ley que obligara a acarrear consigo la ineficacia, la corrupción,
la rabia y semejantes trastos a casa -¡menos la grapadora!- ¿Qué encontrará Pedro
Sánchez en la Moncloa? Estoy por asegurar que hiperbólicos ceniceros para fumar
habanos disimulados en las esquinas estratégicas. Quizás las olvidadas
chancletas con plataforma para reposar los pinreles que se calzaba la expresidenta
en los consejos de ministros. ¿Y Zoido, qué hallarán los sucesores en las confinadas
cajoneras del exministro del interior?
Se deberá
comprobar si el brutal vapuleo por el 1-O ha dejado evidencias en los despachos
ministeriales de Madrid. Algo similar a un "pongo", aquellos presentes de gusto dudoso, raros, ridículos y
horribles que reponemos en los estantes cuando aparece por casa quien nos los
regaló. En muchos hogares catalanes el "pongo" del 1-O preside, con
los trofeos deportivos y las medallas de natación de los nietos, el mueble del salón.
Bien iluminado, bien vivo y bien pulido, sin una brizna de polvo.
¿Con qué se
habrán topado en el despacho del presidente Puigdemont al margen de las recetas
secretas de pastelería tradicional, especialidades para festividades del
calendario o caprichos -como detalla la página web oficial de turismo de Amer-.
También hemos podido comprobar como la obsesión por la filosofía del Junqueras
continúa en el trullo de Estremera. También la manía de rasguñar con crucecitas
las testimoniales paredes de la cárcel en una especie de calendario
desesperante de días y más días que no se resuelven. "Aquí estuvo Junqueras",
metafísica carcelaria que con los años transformará las celdas en un punto de
peregrinaje turístico para nostálgicos catalanes jubilados del Imserso de viaje
por la meseta.
Tener un pasado
sin mácula y un futuro brillante es un requisito para convertirse en consejero,
ministro, secretario y/o director general. En los gobiernos 0.3 -los de las
últimas hornadas- echo de menos al ministerio del tweet que debería modernizar las tradicionales estructuras
relacionadas con la información y el espionaje. Hay que crear con urgencia una consejería
del gorjeo con el titular lenguaraz o una chismosa, por ejemplo. ¡Todo deberá
llegar!
Dejo constancia
de la audacia del nuevo presidente socialista -para algunos una ocurrencia de
astronauta- nombrando al ingeniero Pedro Duque. Ciertamente es un ministro
cósmico con una perspectiva panorámica inaudita. El nombramiento del ministro
de cultura es percibido como una excentricidad que yo personalmente hallo
acertada. A este joven que paseará la maleta de la cultura yo no lo conocía ni
lo tenía visto, pero es un hallazgo afortunado, ¡Pedro! Aunque por el tweet muera el pez, este lo ha enmendado
fichando de cara al mundial al Manolo, el del Bombo, de asesor deportivo en
materia de fútbol y, puestos a vigorizar el ministerio, me atrevo sugerir al
presidente que reclute también a la Belén Esteban, una princesa mediática del
pueblo que aportaría una sutil pátina de entrañable republicanismo.
Aviso, se acaba
la política y comienzan las pelotas.