jueves, 30 de noviembre de 2017

Naranjas de la China.



-¿Qué dicen los mentideros? -Ya puedes figurarte... -era la manera de iniciar una conversación más allá de lamentarse por el frío o por el calor, dependía de la época del año. Un homenaje a los abuelos que sabían leer sin reseguir con el dedo índice rampante las líneas del periódico o de las cartas -una especie extinta- que recibían del hijo mientras estaba sirviendo de soldado en tierras lejanas, los más desdichados en la África arenosa que solían adjuntar una postal con un dromedario aparcado al pie de una duna.

¿Qué decían los mentideros? Debería buscar en las hemerotecas nostálgicas de los años sesenta. Recuerdo una publicación promovida por los falangistas de la secretaría general del Movimiento que se llamaba las 7 Fechas. También editaba orondos suplementos coincidiendo con las estaciones del año repletos de fotografías y de insólitas curiosidades de la vida. Entre el periodismo de la época el 7 Fechas se consideraba una publicación de contenido ligero -hoy diríamos amarilla- que la convertía en propicia para establecimientos como las barberías, su nombre ya indica que los clientes eran señores peludos en exclusiva o criaturas imberbes a quien había que escalar el flequillo con gracia y transversalidad a tiralíneas. El sector femenino con la cabeza llena de rulos -bigudíes para las señoras de postín- soñaba con los satinados collares inaccesibles de la primera dama. 

El "mentidero" tenía sus raíces en la prensa. La percepción de falsedad, de tomadura de pelo o, como mínimo, de manipulación cuando no de censura burda era algo tan connatural a la lectura y la glosa de aquella información como el gesto de calzarse unas gafas toscas de ver de cerca. En la comarca se celebró mucho el comentario de un personaje analfabeto que leía el periódico al revés. También las ilustraciones estaban boca abajo, lo que le llevó a asociar la actualidad a la adversidad y a la desdicha general que soportaba el mundo. Recriminado por un cliente con más letra que cabello, mientras esperaba el turno para afeitarse, el del diario dado la vuelta le replicó aduciendo que quien sabe leer lo hace tanto por el derecho como por el revés. Acertadísima observación para cuando hay que leer ya no al revés sino entre líneas.

Los mentideros toda la vida nos han presentado la verdad como si no lo fuera, distorsionada o apaleada con verdades de mentira que en pleno siglo XXI llamamos posverdad, hechos alternativos, fake news y todo un glosario en el uso del cual sobresale Donald Trump, por destacar a un maestro vigente con mucho predicamento y ejércitos de seguidores en todo el mundo. Hay alguien que se trague todo lo que relatan las redes sociales. No sólo lo digerimos sino que lo compartimos con la complicidad virulenta de una epidemia instantánea que contribuimos a hacer rodar de manera rauda. La verosimilitud divulgativa ha llegado a poner en duda el verlo para creerlo cuando una imagen ya cotiza a más de mil palabras aunque sea retocada.

-¡Naranjas de la china! -soltó el preclaro lector fingido del 7 Fechas tras zambullirse en ese mundo patas arriba cargado de calamidades. Era un hombre analfabeto, pero con criterio.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Catástrofe gravitatoria.



A estas horas la ministra Cospedal debe de estar copiando quinientas veces a mano "No confiaré en los representantes del gobierno letón y Cipollino no tiene flequillo". Unos payasos radiofónicos le han colado que los guisantes no son verdura sino micrófonos camuflados en la mayonesa de la ensalada rusa y que el 50% del turismo del este en Barcelona son soldados de un ejército -uniformado con bermudas y camisas hawaianas- con la misión de desestabilizar y manipular el delicado momento político. Se confirmaría un discreto Checkpoint Carles cercano al parque Güell desde donde los espías rusos maniobran sin levantar, hasta hoy, demasiadas sospechas. Desde fuentes bien informadas habría trascendido el interés hiperglucémico que también reúnen los xuixos de crema pastelera gerundense. Algo que confirma la internacionalización del proceso en materia de bollería desde Bruselas a Rusia con amor. 

  Esta ministra manchega no sale de una polémica para caer en otra. La republicana izquierdista -¡e independentista!- Marta Rovira ha azuzado un avispero informativo denunciando una posible reacción violenta del estado -una más dura aún que la verificada el 1-O- si se consumaba la pretendida y delicuescente proclamación de la República catalana. La reacción del presidente Mariano Rajoy ha sido para calificarlo como una "mentira enorme y una absoluta vergüenza". Yo también estoy convencido de ello porque jamás la madre patria nos maltrataría, tampoco en sus determinaciones no puede existir la de ensangrentar las ramblas catalanas. La ministra del ramo del sable quizá debería haber dulcificado las declaraciones -como los churros y las porras madrileñas- que reproduce la prensa: “María Dolores de Cospedal ha afirmado que es un orgullo el artículo 8 de la Constitución Española, que establece la misión del Ejército de «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». «Es un orgullo para todos los que pertenecemos o estamos vinculados a la milicia». Ha remarcado la importancia de cumplir la ley y el ordenamiento jurídico y ha dicho que «todo lo que se sitúa fuera de la democracia es una amenaza a nuestra nación» (ABC del dia 5 d’octubre).

En Cataluña la fuga de empresas -alerta el carnal estudio de la cadena de Susanna Grisó- conlleva también un cataclismo de carácter laboral obvio debido a la bajada en el negocio del sexo que incide en las prostitutas de lujo con sede en Barcelona. Constata una tal Stephanie -recelo que el nombre es de mentira-, en el papel de portavoz representante del sector, que las contratan sólo por una exigua hora de reloj. La ocupación ha caído en picado, lamenta. Se verifica, pues, una arrugada macroeconómica del sector causada por el independentismo que las condena a una actual precariedad irrisoria si se acaba confirmando que el Mobile World Congress se larga. Las gráficas dibujan una catástrofe gravitatoria en evidente decaída del ángulo de ataque que puede conllevar una deslocalización -¡los dioses no lo quieran!- de la mercenaria alegría extraconyugal.

Una concreción más de las plagas bíblicas que azotan la Cataluña republicana por consolidar -y por proclamar cualquier noche que salga el sol con fuegos artificiales y traca final a la manera levantina- es que las vacantes de ocio que promueve el Instituto de Mayores y Servicios Sociales, el IMSERSO de toda la vida, no consigue persuadir a los clientes de la meseta que la periferia catalana es una balsa de aceite. Quién, con la prótesis de rodilla en rodaje o recién operado de cataratas, se aventura en una jungla atestada de tempestivos independentistas poseídos gritando que la playa de Salou -¡y las calles!- son suyas en usufructo. Una batacazo más que el sector hotelero de la Costa Dorada y de la Costa Brava capea canjeando la afluencia mayoritaria de jubiladas de oro por policías nacionales y guardia civiles a pensión completa con derecho a sauna y con animación sociocultural diversa. Ya viene siendo hora que alojen a las fuerzas policiales en lugares dignos. 

Continuando con el cúmulo de despropósitos independentistas al mayor Trapero, con efectos retroactivos, le han concedido un año sabático en reconocimiento a la labor desarrollada durante el atentado de la Rambla. Un carterista de metro, un cliente habitual de la justicia con mucho predicamento entre el mundo de los chorizos de medio pelo, habría corroborado que lo vio en el pasillo de una comisaría de los Mossos d’Esquadra fotocopiando los eventuales modelos modernistas del bolardo que deberá proteger el recinto de la Sagrada Familia. Justo ayer se confirmó -la sospecha es libre y viene de lejos- que el Centro de Inteligencia español, el CNI, habría admitido que mantuvo contactos con el imán de Ripoll. ¡Dejémoslo estar aquí!

martes, 14 de noviembre de 2017

EL 11-N, un resquicio luminoso de esperanza pacífica.



Cuando el desconcierto busca remedio en la multitud. Cuando la desazón obtiene cierto bálsamo gritando en un coro de voces anónimas. Cuando la incertidumbre se apoya en el anonimato de una mano vecina. Cuando la rabia bebe en el odio adverso... es que vivimos un momento convulso. Extraordinariamente apasionado, pero trastornado. De conmoción y de gran gesticulación. Inmersos en un estado de permanente agitación emocional. 

Aparece la tentación de buscar la fortaleza personal aislada del grupo adscribiéndonos en la práctica insolidaria de una especie de autismo social para salvaguardar las esencias íntimas aunque difícilmente podamos zafarnos de la presión del entorno. Encapsularse en el contexto, ignorar el ruido que nos rodea, comprar tapones para los oídos y gastar gafas con cristal de madera es una incitación que lejos de protegernos nos lleva por el camino de la inseguridad ciega sin saber de dónde caen los chuzos de punta. Yo he probado de proteger los excesos que me asedian con un casco bien grueso que he forrado con papel de plata -del de envolver bocatas- y no lo he conseguido. La radiación informativa, el eco de los días y de los hechos, ha traspasado la barretina envuelta en papel de aluminio cuando el rumor de los helicópteros, aves de malagüero, taladran la paz del atardecer.

He intentado hacer pasar por el colador la avalancha de informaciones y de mentiras para no ser demasiado quisquilloso en un tamiz grueso y tosco. No lo he conseguido, separando este grano de la paja deduzco que se obtiene una harina que sólo puede proveer las ruedas de molino con que nos quieren hacer comulgar. Del vencer al convencer o del humillar al acordar no hay una voluntad inmediata donde las personas encontremos un estado de confortable sosiego ni tampoco de respeto mutuo. Por eso en la eucaristía para multitudes, donde muchos nos sentimos amparados, está el bálsamo destilado a base de las aspiraciones -la "rabia" individual- en la comunión para crucificar al adversario -“el enemigo"- sea como sea. Todo vale desde la impotencia hacia el desespero y en la beligerancia contra la razón y el entendimiento. Y si es necesario, se tergiversa, se niega o se impone. 

Me permito reproducir la poética imperante de un auto judicial vigente: "Murallas humanas que defendían de manera activa los centros de votación haciendo retroceder a los cuerpos policiales o forzándolos a usar una fuerza que habría resultado innecesaria de otro modo son una clara y plural expresión de esta violencia " .

Vivo un momento social apasionante pero ciertamente triste. Un confluencia de sensaciones saltarinas entre el agobio y la esperanza. Un cierto tormento vital que mece los días a trompicones en contrastes que basculan de la oscuridad al optimismo como quien caza setas fuera de temporada empapado, básicamente, de vergüenza. A favor de estas pulsiones salgo a la calle, pero en contra de estas excitaciones intento de recluirme en mí mismo e insisto a practicar ese autismo social -imposible- que mentaba. Algún día, extinguida esta cera que arde tan enardecida, nos lo miraremos y tendremos que rendir cuentas, hacer balance de todo. Si somos capaces de mirarlo desde la lejanía con la objetividad que aporta el polvillo del tiempo, tendremos que buscar por qué la vergüenza no pudo detener los despropósitos ni la falsedad.

Retomo la crónica tocado por la brisa bélica que generan los pájaros metálicos. La perspectiva que proyecta la noche es una grieta de claridad en la cuadrícula urbana. Una multitud desde la oscuridad se ha iluminado con esperanza pacífica.