-¿Qué dicen los mentideros?
-Ya puedes figurarte... -era la manera de iniciar una conversación más allá de lamentarse
por el frío o por el calor, dependía de la época del año. Un homenaje a los
abuelos que sabían leer sin reseguir con el dedo índice rampante las líneas del
periódico o de las cartas -una especie extinta- que recibían del hijo mientras estaba
sirviendo de soldado en tierras lejanas, los más desdichados en la África
arenosa que solían adjuntar una postal con un dromedario aparcado al pie de una
duna.
¿Qué decían los
mentideros? Debería buscar en las hemerotecas nostálgicas de los años sesenta.
Recuerdo una publicación promovida por los falangistas de la secretaría general
del Movimiento que se llamaba las 7 Fechas. También editaba orondos
suplementos coincidiendo con las estaciones del año repletos de fotografías y
de insólitas curiosidades de la vida. Entre el periodismo de la época el 7 Fechas se consideraba una publicación
de contenido ligero -hoy diríamos amarilla- que la convertía en propicia para
establecimientos como las barberías, su nombre ya indica que los clientes eran
señores peludos en exclusiva o criaturas imberbes a quien había que escalar el
flequillo con gracia y transversalidad a tiralíneas. El sector femenino con la
cabeza llena de rulos -bigudíes para las señoras de postín- soñaba con los
satinados collares inaccesibles de la primera dama.
El "mentidero"
tenía sus raíces en la prensa. La percepción de falsedad, de tomadura de pelo
o, como mínimo, de manipulación cuando no de censura burda era algo tan
connatural a la lectura y la glosa de aquella información como el gesto de
calzarse unas gafas toscas de ver de cerca. En la comarca se celebró mucho el
comentario de un personaje analfabeto que leía el periódico al revés. También
las ilustraciones estaban boca abajo, lo que le llevó a asociar la actualidad a
la adversidad y a la desdicha general que soportaba el mundo. Recriminado por
un cliente con más letra que cabello, mientras esperaba el turno para
afeitarse, el del diario dado la vuelta le replicó aduciendo que quien sabe
leer lo hace tanto por el derecho como por el revés. Acertadísima observación
para cuando hay que leer ya no al revés sino entre líneas.
Los mentideros toda la vida nos han presentado la verdad como si no lo
fuera, distorsionada o apaleada con verdades de mentira que en pleno siglo XXI llamamos posverdad, hechos
alternativos, fake news y todo un
glosario en el uso del cual sobresale Donald
Trump, por destacar a un maestro vigente con mucho predicamento y
ejércitos de seguidores en todo el mundo. Hay alguien que se trague todo lo que
relatan las redes sociales. No sólo lo digerimos sino que lo compartimos con la
complicidad virulenta de una epidemia instantánea que contribuimos a hacer
rodar de manera rauda. La verosimilitud divulgativa ha llegado a poner en duda
el verlo para creerlo cuando una imagen ya cotiza a más de mil palabras aunque
sea retocada.
-¡Naranjas de
la china! -soltó el preclaro lector fingido del 7 Fechas tras zambullirse en ese mundo patas arriba cargado de calamidades.
Era un hombre analfabeto, pero con criterio.