lunes, 29 de mayo de 2017

Donald Trump World Tour.



El teatro romano de Taormina, con pintorescas vistas al Etna, ha reunido el G7 con la novedad del hombre bala de un circo como protagonista invitado. A Donald Trump ya le precedía la estelar interpretación en el papel de sheriff imponiéndose por presencia y prominencia en una fotografía realizada en Bruselas en medio de los capitostes de la OTAN. Una imagen -un gesto- para la posterioridad que tendremos que embutir junto a los momentos también históricos de sus antecesores. El empujón al esprint final para ser el primero de la fila se merece un espacio en la memoria de los medios como aquel Feliz cumpleaños de la Monroe dedicado a Kennedy o del Yes, We Can de Obama. La proclama de este pollo zanahoria, sin embargo, es más de Yes, I Can en el America first que acarrea con chulería y ostentación. 

Impactan la actitud, el coraje y la posterior estampa de una figura de cera satisfecha que nos ha regalado Donald Trump ajustando la americana o alineando la corbata para la inmortalidad. Todo bien simétrico para que la estrella de autoridad local aturda la globalidad económica desde el postulado del "yo primero". La constatación de la America first sin lugar a dudas desafía desde Europa al mundo. Trump se ha superado también convertido en una gran lección aplicada de comunicación no verbal. 

El lenguaje no verbal es el más primitivo, previo al código verbal. El que practica el lobo mostrando los colmillos y las orejas a Caperucita Merkel con gruñidos sin rima. Aullidos prepotentes de poder marcando territorio y atemorizando o menoscabando a los adversarios. Esta ha sido la puesta en escena del nuevo líder estadounidense en Europa durante el congreso tribal celebrado. Ha levantado la pata y ha marcado territorio, como suelen los chuchos que deslucen las aceras y, sobre todo, la civilidad de quien los saca a la calle sin tener precaución.

El show de en Trump ya ha llegado al viejo continente. Ningún contacto con la prensa. Imágenes de reuniones intentando convencer a un niño grande satisfecho de haberse conocido que detesta el protocolo. Dicen que se aburre. Los que han trabajado con Trump revelan que posee una capacidad de concentración reducida, que se cansa de las reuniones y que va al grano sin las necesarias estratagemas propias de la dinámica diplomática. Por eso el encuentro con los líderes europeos duró sólo una hora. El resultado es la constatación de una nueva -e imprevisible- era en las relaciones ultramarinas. 

Lili Merkel Marleen, en el momento más emotivo del word tour -el único en que Trump ha hablado en público- junto a los monumentos que recuerdan la caída del muro de Berlín y de los atentados del 11S le ha advertido que los muros fracasan porque la apertura acaba triunfando y que en este mundo no podemos escondernos detrás de una tapia. La respuesta del americano ha consistido en recordar la deuda en defensa de los miembros europeos y ha preguntado cuánto había costado la nueva sede de la OTAN -¡Pero es muy bonita! -ha apostillado el sorprendente Trump ante la estupefacción de los aliados.

El periplo Donald Trump lo resume Angela Merkel al modo Trump: "Vivimos una situación de seis contra uno". Una película mala de vaqueros con un personaje que afirma que el calentamiento global es un cuento chino. Por primera vez en la historia del G7, sus miembros no llegan a un consenso. El debate del clima ha sido muy frustrante. ¡Absolutamente decepcionante! Esta vez no han ni asumido el falso compromiso de no alcanzar los acuerdos de París.

 Compensa y nos consuela mucho el tuit trumpesco emitido justo antes de que el Air Force One despegara ensalzando el acuerdo alcanzado en contra del terrorismo: "Es una amenaza. Ganaremos. Tendremos la paz a través de la fuerza". Justo levantaba el vuelo la alfombra voladora del emperador cuando el Etna soltó unos vaharadas intermitentes -como señales de humo- con mucho tufo a azufre. Expertos en descodificar los mensajes de los indios americanos de antes de la colonización del far west descifraron el mensaje de la naturaleza. En el cielo siciliano la gran pregunta no era qué hacer con Donald Trump sino con aquellos que lo han aupado democráticamente al poder. En la última boqueada de humo y ceniza el Etna resopló: -¡Tenéis lo que os merecéis!

lunes, 22 de mayo de 2017

Santa Rita.



Un fin de semana intenso y previsible en cuanto se refiere al Barça. Ayer no era Santa Rita, la patrona de los imposibles tiene su festividad hoy, que este año coincide en lunes. Debemos recordar que la santa ya obró el milagro de la remontada en la Champions. Perpetrar dos prodigios en materia futbolística en una misma temporada bendiciendo el mismo equipo habría sido un exceso de favoritismo que atentaría contra la equidad divina. Los santos y las santas -como los políticos- deben predicar con el ejemplo. Al Barça le faltó un partido y al Real Madrid le sobraron tres puntos para proclamarse campeón. Si los arrepentidos fueran al cielo, podríamos beatificar a Messi y a sus secuaces por la falta de regularidad -sermonean los entendidos-. Desgraciadamente los campeonatos y las competiciones deportivas no tienen septiembre. 

El segundo milagro sí se produjo. La justicia poética, aquella que no tiene que ver con la humana ni con la divina, se materializó con contundencia al margen de militancias. La expresión fue la sonrisa del socialista Pedro Sánchez quien arrebató la secretaría general del PSOE -por goleada- a la agria Susana Díez. Como en el cuento, con un príncipe azul y una bruja malvada, se consumó la huida apresurada de la mala escabulléndose mientras cabalgaba acelerada una escoba diésel. ¿Volverá? 

La rabia y la justicia -poética- seguían su curso, cuando Mariano apagaba de un manotazo el cirio que había dedicado a la santa de los imposibles. Ni la victoria de los blancos conseguía suavizar la desazón que se instalaba en la Moncloa. Dicen que antes de asfixiar la vela había encendió un habano. Demasiado humo condensado en el panorama político del "no es no".

Esta es la crónica del domingo -ayer- que trae cola -hoy- y torna rentable a la diosa Cibeles que no puede huir -como la Susana- de los disturbios, de las celebraciones y de las convocatorias que cobija. Madrid y Cibeles en plena feria de San Isidro con un cartel de primeras espadas y con toros de las ganaderías de referencia y de más renombre en el tratado técnico e histórico de los toros, El Cossío, el paradigma de enciclopedia taurina. Ayer Sergio Ramos volvió a exhibir un repertorio de pases toreros de salón -sin un toro con cuernos ni Messi envistiendo- celebrando la liga lograda que le habilitan para figurar con honores en dicho tratado enciclopédico al compás del Amparito Roca.
 
Hoy la diosa Cibeles se ha visto acosada por una centuria de nostálgicos, camisa azul, griterío y bandera franquista, que abucheaban a los corifeos del referéndum catalán. Puigdemont, Presidente de la Generalidad de Cataluña, custodiado por Junqueras y por Romeva se han explicado en el Ayuntamiento de Madrid, una cortesía de la alcaldesa Carmena. También deben haber invocado a la patrona de los imposibles a juzgar por la actitud muy cabreada de Mariano tachando de "chantaje" y "de amenaza" la ley catalana de desconexión que el diario el País habría filtrado -inocentemente, sólo por informar- y que ya ha activado los engranajes de los tribunales estatales de calibre grueso. 

El presidente Mariano Rajoy también ha aprovechado para exigir hoy a Carles Puigdemont que comparezca en el congreso español para presentar el referéndum. "Debe actuar con determinación, coraje y valentía", reclamó. El gerundense no se fía, aún recuerda cómo regresó el valeroso Ibarretxe del congreso de los diputados al País Vasco -con la extremidad amputada dentro de un táper- tras ofrecer una y otra vez la "mano tendida". Me quedo con la sentencia del presidente catalán, "Aunque lo intenten, el Estado español no dispone de tanto poder para parar a tanta democracia".

La santa de los imposibles fue una hija obediente, esposa fiel, mujer maltratada, viuda, religiosa, estigmatizada y santa de cuerpo incorrupto que se puede venerar y visitar en Casia, Italia.

lunes, 15 de mayo de 2017

Ciberataques.



"Hace unos días que cuando abro el ordenador, así que los chips se han calentado un poco, se aparece una señora muy neumática de voluptuosidad bien puesta que me ofrece su amistad . Tentado, pero temeroso, la mando a la papelera del rechazo -porque las amistades también deben reciclarse- aunque no siempre lo hago bastante convencido. ¿Habrá sido una buena decisión? Me vence la voluntad guiada por la sensación desconcertante de lo que no has elegido y que otros, sin haber levantado el dedo, te ofrecen en una invasión de intimidades que no has pedido. A menudo la privacidad danza al borde de la intromisión no solicitada.

En otras ocasiones me invade, cuando navego por los mares virtuales de la comunicación, la sensación demostrable que recolectan más datos de los que siembro. Detecto, por ejemplo, como la publicidad se vuelve monotemática y reiterativa así que has consultado un producto, visites la página que visites. Se ve que dejamos un amor comercial en cada pantalla donde desembarcamos. Somos predecibles, dejamos un rastro desde el que los sabuesos interesados ​​de todos los ámbitos nos siguen la pista.

A no tardar demasiados años, cuando nuestra vida dependa aún más de lo que físicamente no se toca pero que incide en la realidad, la dependencia virtual de una existencia en línea y sin hilos, tendremos que haber aprendido a gestionarlo. Con unas reglas del juego claras, limpias, transparentes y que nos permitan defendernos. Por ahora, en pañales en esta revolución tecnológica, vivimos la aventura de los primeros exploradores perdidos por las cartas de navegar sugestivas mientras empeñamos la privacidad que ya no somos capaces de controlar.

No quisiera ejercer de cronista profeta en catástrofes. Antes confesaré que existe un amigo entendido que me las inspira. Expone -convencido- los argumentos de los estrategas en la supremacía y cómo de vital será -ya lo es, según él- el control, la defensa, el asedio y la destrucción de la información con los objetivos que se quieran hasta llegar a la ciberguerra. Analiza qué estragos puede producir un apagón cibernético al margen del tradicional incremento de la natalidad.

Este amigo experto en batallas a golpes de ratón describe unos desbarajustes cada vez menos de ciencia ficción dibujando apasionadamente el paisaje posbélico de la III Guerra Mundial. Predica que después de los gases químicos de la primera gran guerra y los efectos de la física nuclear en la segunda, habremos de sufrir la "nada" absoluta con los cajones de datos virtuales revueltos o vacíos. Llegados a este punto impone una pausa dramática, toma un trago lento y continúa el relato. Sin datos bancarios y en la miseria por la bancarrota del plástico, sin semáforos regulando los atascos, sin datos médicos ni aspirinas, con los estantes vacíos de los productos básicos, el panorama es espeluznante; tanto que estoy repensando de retirarle la confianza, al amigo experto, y de aceptar la resplandeciente amistad de la neumática en la pantalla de leds antes de que se derrita".

Permitidme el ataque de inmodestia predictiva. Justo se cumplen dos años y medio cuando escribí esto en Miralls i Espantalls , noviembre de 2014, en una entrada en el blog llamada Ciberbatallas . Tampoco se trata de un brillante ejercicio apocalíptico de profecías porque la amenaza haya comenzado a manifestarse y a inquietarnos. Sólo sentido común en la previsión de un temor que entonces ya era real y que estos días se ha globalizado. Un virus, un achaque de dolor de estómago que afecta a los ordenadores y a los sistemas informáticos conectados de todo el mundo.

Nada nuevo, cambia el contexto. Nos embarga la misma sensación de cuando llegamos a casa y nos lo han revuelto todo. Aunque no hayan encontrado el collar de perlas -de las buenas- de la suegra, aunque no hayan descubierto la medalla de la primera comunión enterrada entre los fideos o el arroz, aunque no se hayan llevado un pequeño cuadro muy preciado, aunque... la percepción consciente de vulnerabilidad se vuelve rabia, impotencia y amargura. Nos han profanado el rincón que creíamos exclusivamente nuestro, el refugio que delata nuestras debilidades porque allí escondemos nuestros secretos. Alguien nos ha revuelto nuestras intimidades y nuestras vergüenzas.

¿Quién no se llevaría a una isla desierta una copia del disco duro en espera de la tabla salvadora -redentora- de un ordenador donde poder volver a reflejarnos en las fotografías, reeditar nuestros recuerdos o poder acceder a nuestros documentos? ¡Ciertamente, una pesadilla!

Esto es lo que está en juego estos días. Es la peste de los tiempos que corren porque los microbios han mutado, se han vuelto virtuales. Un nuevo modelo de epidemia con efectos demoledores. Preguntemos a los pacientes que han sufrido el ataque del sistema sanitario británico. Este es el punto más escalofriante porque algunos de los enfermos ingleses afectados no tienen ordenador ni viven enchufados a las redes sociales. Sufren las consecuencias de un vicio o de un contacto -pecado- que no practican, esta es la perversión de la nueva plaga informática a diferencia de la peste negra que devastó Europa y Asia en el siglo XIV.

Y lo más chocante es que el microbio se ha generado por cultivo en una agencia estatal estadounidense que ha sido incapaz, una vez propagado, de detenerlo. El monopolio Windows sólo es el eficaz agente transmisor de la enfermedad. Volverá a pasar y será difícil estar al corriente del alcance real porque algunas empresas y algunos países se han decantado por pagar a reconocer la peligrosa -vergonzosa- debilidad.

Me temo que los remedios caseros contra esta gripe ya no son lo suficientemente eficaces y que los productos que alivian los síntomas, como los antitusígenos, los mucolíticos, los analgésicos, los antipiréticos... son parches momentáneos. Ya lo advierten los médicos, que los virus no se pueden tratar con antibióticos, sólo podemos amortiguar los síntomas.