El teatro
romano de Taormina, con pintorescas vistas al Etna, ha reunido el G7 con la novedad del hombre bala de un
circo como protagonista invitado. A Donald Trump ya le precedía la estelar
interpretación en el papel de sheriff
imponiéndose por presencia y prominencia en una fotografía realizada en
Bruselas en medio de los capitostes de la OTAN. Una imagen -un gesto- para la
posterioridad que tendremos que embutir junto a los momentos también históricos
de sus antecesores. El empujón al esprint final para ser el primero de la fila
se merece un espacio en la memoria de los medios como aquel Feliz cumpleaños de la Monroe dedicado a
Kennedy o del Yes, We Can de Obama.
La proclama de este pollo zanahoria, sin embargo, es más de Yes, I Can en el America first que acarrea con chulería y ostentación.
Impactan la
actitud, el coraje y la posterior estampa de una figura de cera satisfecha que
nos ha regalado Donald Trump ajustando la americana o alineando la corbata para
la inmortalidad. Todo bien simétrico para que la estrella de autoridad local
aturda la globalidad económica desde el postulado del "yo primero".
La constatación de la America first
sin lugar a dudas desafía desde Europa al mundo. Trump se ha superado también
convertido en una gran lección aplicada de comunicación no verbal.
El lenguaje no
verbal es el más primitivo, previo al código verbal. El que practica el lobo
mostrando los colmillos y las orejas a Caperucita Merkel con gruñidos sin rima.
Aullidos prepotentes de poder marcando territorio y atemorizando o menoscabando
a los adversarios. Esta ha sido la puesta en escena del nuevo líder
estadounidense en Europa durante el congreso tribal celebrado. Ha levantado la
pata y ha marcado territorio, como suelen los chuchos que deslucen las aceras
y, sobre todo, la civilidad de quien los saca a la calle sin tener precaución.
El show de en Trump ya ha llegado al viejo
continente. Ningún contacto con la prensa. Imágenes de reuniones intentando
convencer a un niño grande satisfecho de haberse conocido que detesta el
protocolo. Dicen que se aburre. Los que han trabajado con Trump revelan que posee
una capacidad de concentración reducida, que se cansa de las reuniones y que va
al grano sin las necesarias estratagemas propias de la dinámica diplomática.
Por eso el encuentro con los líderes europeos duró sólo una hora. El resultado
es la constatación de una nueva -e imprevisible- era en las relaciones
ultramarinas.
Lili Merkel
Marleen, en el momento más emotivo del word
tour -el único en que Trump ha hablado en público- junto a los monumentos
que recuerdan la caída del muro de Berlín y de los atentados del 11S le ha
advertido que los muros fracasan porque la apertura acaba triunfando y que en
este mundo no podemos escondernos detrás de una tapia. La respuesta del
americano ha consistido en recordar la deuda en defensa de los miembros
europeos y ha preguntado cuánto había costado la nueva sede de la OTAN -¡Pero
es muy bonita! -ha apostillado el sorprendente Trump ante la estupefacción de
los aliados.
El periplo
Donald Trump lo resume Angela Merkel al modo Trump: "Vivimos una situación
de seis contra uno". Una película mala de vaqueros con un personaje que afirma
que el calentamiento global es un cuento
chino. Por primera vez en la historia del G7, sus miembros no llegan a un consenso. El debate del clima ha
sido muy frustrante. ¡Absolutamente decepcionante! Esta vez no han ni asumido
el falso compromiso de no alcanzar los acuerdos de París.
Compensa y nos consuela mucho el tuit
trumpesco emitido justo antes de que el Air
Force One despegara ensalzando el acuerdo alcanzado en contra del
terrorismo: "Es una amenaza. Ganaremos. Tendremos la paz a través de la
fuerza". Justo levantaba el vuelo la alfombra voladora del emperador
cuando el Etna soltó unos vaharadas intermitentes -como señales de humo- con mucho
tufo a azufre. Expertos en descodificar los mensajes de los indios americanos
de antes de la colonización del far west
descifraron el mensaje de la naturaleza. En el cielo siciliano la gran pregunta
no era qué hacer con Donald Trump sino con aquellos que lo han aupado
democráticamente al poder. En la última boqueada de humo y ceniza el Etna
resopló: -¡Tenéis lo que os merecéis!