miércoles, 29 de marzo de 2017

¡Ay trenecito, dónde irás a parar!



El día gira en torno al anuncio de Mariano Rajoy que se ha comprometido a invertir 4.200 millones hasta 2020 en infraestructuras en Cataluña. La canción enfadosa a ritmo de corredor mediterráneo, de cercanías precarias, de la estación de la Sagrera -con un plazo inicial situado en 2004 y que en 2017 no figura ni en el TomTom del ministerio de Fomento- o de algunas carreteras que no se merecen el calificativo. Ha regresado un presidente español para seducir a Cataluña. Cuántos ministros y cuántas firmas se han estampado en papel mojado que prometían exactamente lo mismo -o más aún- desde hace más de una década y no se han cumplido. 

Mariano Rajoy ha convocado a los pesos pesados ​​de la economía catalana y también a Florentino, que a pesar de jugar en campo contrario no se descarta su concurso en la liga regional de las infraestructuras catalanas. Tendremos que ver qué pesca. Antes, sin embargo, se deberá constatar si las inversiones no vuelven a ser un farol de tahúr. 

La alta velocidad española es la metáfora que repite los mismos vicios de cuando se creó la primera red de trenes en el estado. Ay, la Remfle, como llamábamos los lugareños a la velocidad relativa tirando a lenta de la RENFE en el siglo XX. Estamos donde estábamos con una concepción de ombligo radial cuando el ministro de los ferroviarios se permite afirmar que el corredor mediterráneo avanza porque Castellón está más cercana a Madrid [sic]. 

Algunos recordarán la equidad del pastel para todos -con café- que inspiraron las Olimpiadas de Barcelona en 1992. El eje Sevilla - Madrid - Barcelona focalizaba el gran salto a la modernidad pos transición. Los historiadores nos deberán iluminar si aquel 1992 es también la madre del cordero o el punto de partida de las grandes comisiones y los ponderados porcentajes sombríos que hoy chapotean en los tribunales. España era una flamante hormigonera de diseño con Calatrava de maestro de obras.

En un país cuna de genios nadie se percató de que empezábamos la casa por el tejado. Éramos, sencillamente, originales y creativos. Desde el envidiado TGV vecino al AVE actual nos inventamos un nombre y un concepto nuevo de la alta velocidad que nos tenía que conectar con el ancho de vía europeo. ¿Cuántas décadas han tenido que transcurrir para llegar a la frontera con Francia? Ahora mismo la línea más rentable comercialmente vive condenada al limbo. El famoso corredor mediterráneo que debe acarrear más de la mitad de la producción estatal es una chapuza que quieren alejar del mar para que no se oxide.

Por eso hoy es un día histórico para el comercio internacional. En 2020 el corredor mediterráneo será una realidad de las que se tocan –y con trenes veloces-. Sólo 28 años después de que circulara el primer tren de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, las naranjas valencianas, las hortalizas murcianas o los mejillones del Delta del Ebro llegarán a Europa con una velocidad y a un coste ambientales propios del siglo XXI. Viva los genios de la macroeconomía. Hay quien señalaba, entonces cuando Guerra mandaba mucho, que el trazado primero del AVE era la solución final contra el miedo a volar del vicepresidente plenipotenciario. Todo es posible y así lo constataban algunos diarios amarillos de la época. 

Ahora mismo la estación de la Sagrera es una promesa convertida en paisaje apocalíptico y sin actividad, abandonada, como una pirámide a medio construir. La red de cercanías es tercermundista y algunas carreteras nacionales son una temeridad con un punto suicida. Por eso hoy es un día histórico. Mariano lo ha dicho y lo ha vuelto a prometer una vez más.

La expectativa que ha levantado el acto, sin embargo, no apaga ningún fuego ni atiza demasiadas brasas. Con Puigdemont haciendo las américas, pocos políticos catalanes estaban presentes transitando por los puentes del diálogo -conectados al futuro- que parecerían obra del Calatrava, estilizados y muy agujereados. No sé si habrá seducido a muchos catalanes, el presidente Rajoy, con promesas electoralistas repescadas del incumplimiento endémico. Reflexionemos... ¿Quién las cumpliría en medio de esta obsesión por largarse de España? 

Las únicas certezas del día son que el anunciado choque de trenes no se producirá en el corredor mediterráneo y que la promesa que afecta a los trenes de cercanías la ha dedicado a un público que nunca será usuario de ese medio. 

            ¡Buen viaje!

martes, 21 de marzo de 2017

Día mundial de la felicidad.



La prensa es un acopio de desastres. Los juicios por corrupción de los Millet, los Serra por el asunto de Caja Cataluña. Trump. La guerra en plural. La contaminación. Una anciana que ha muerto aprisionada por una cama plegable en Valencia. El fuego que ha arrasado las fallas. Un naufragio con dos pescadores desaparecidos en el puerto de Barcelona. La muerte de Rockefeller mientras Amancio Ortega retrocede dos posiciones en la lista del hombre más rico del mundo. El 70% de los usuarios de servicios sociales en Barcelona son mujeres. Un tren embiste un grupo de jabalíes en Badalona. La bombona de butano sube un 4,89%. Dinamarca ya no es el país más feliz del mundo... 

Sólo nos salva la primavera y que hoy es el día internacional de la felicidad. Naciones Unidas así lo decretó y estableció 17 objetivos de desarrollo sostenible con la pretensión de acabar con la pobreza, de reducir la desigualdad y de proteger el planeta.
  1. Erradicación de la pobreza: Acabar con la pobreza en todas sus formas en todo el mundo.
  2. Lucha contra el hambre: Acabar con el hambre y la inanición, conseguir la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover una agricultura sostenible.
  3. Buena salud: Garantizar vidas saludables y promover el bienestar para todas las edades.
  4. Educación de calidad: Garantizar una educación inclusiva para todos y promover oportunidades de aprendizaje duraderas que sean de calidad y equitativas.
  5. Igualdad de género: Lograr la igualdad de género a través del fortalecimiento de mujeres adultas y jóvenes.
  6. Agua potable y saneamiento: Garantizar la disponibilidad y una gestión sostenible del agua y de las condiciones de saneamiento.
  7. Energías renovables: Garantizar el acceso de todas las personas a fuentes de energía asequibles, fiables, sostenibles y renovables.
  8. Empleo digno y crecimiento económico: Promover un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, una ocupación plena y productiva, y un trabajo digno para todas las personas.
  9. Innovación e infraestructuras: Construir infraestructuras resistentes, promover una industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.
  10. Reducción de la desigualdad: Reducir la desigualdad en y entre de los países.
  11. Ciudades y comunidades sostenibles: Crear ciudades sostenibles y poblados humanos que sean inclusivos, seguros y resistentes.
  12. Consumo responsable: Garantizar un consumo y patrones de producción sostenibles.
  13. Lucha contra el cambio climático: Combatir con urgencia el cambio climático y sus efectos.
  14. Flora y fauna acuáticas: Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos para un desarrollo sostenible.
  15. Flora y fauna terrestres: Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de manera sostenible, combatir la desertificación, y detener y revertir la degradación de la tierra y detener la pérdida de la biodiversidad.
  16. Paz y justicia: Promover sociedades pacíficas e inclusivas para lograr un desarrollo sostenible, proporcionar a todas las personas acceso a la justicia y desarrollar instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.
  17. Alianzas para los objetivos mundiales: Fortalecer los medios y revitalizar las asociaciones mundiales para un desarrollo sostenible.
Aunque parezca un chiste o un brindis al sol, gozad de la primavera. ¡Seamos felices!

domingo, 12 de marzo de 2017

Remontadas



Podría explicar que estoy muy cansado, pero satisfecho. Es la consecuencia de una promesa que, precisamente por serlo, he tenido que cumplir porqué invocar únicamente a Santa Bárbara cuando truena no acostumbra a causar efecto. ¡He cumplido! Tengo los pies destrozados y las piernas que no me sostienen. ¡Qué placer al poder sentarme -finalmente!- en un banco para acogerme en la paz y en la santidad de la montaña sagrada. Ya habréis adivinado que me he llegado a Montserrat. Era lo que comprometía y exponía si el Barça ganaba el partido y remontaba logrando lo que parecía imposible. ¡Qué milagro atribuible a la Virgen de Montserrat, la más catalana -y culé- de las divinidades que se veneran!

En sábado la Escolanía enmudece y no he podido escuchar la Salve ni el Virolai ni las Vísperas, algo que merma la solemnidad aportada por las voces blancas a la armonía de la Abadía de Montserrat. Ha sido, pues, una promesa espartana, cumplida sin banda sonora que no sea el himno del Barça que, desde la hazaña inédita, me da tumbos por las meninges como si tuviera empotrado, en la cabeza, a Messi ensayando disparos directos de falta con barrera. 

Exhausto y contento al mismo tiempo he sido incapaz de seguir los razonamientos místicos del sacerdote que, con aires reprobatorios por este arrebato de fe súbita, lidiaba a brazo partido sin demasiado éxito por desbrozar los caminos de la salvación con pelotas. He mirado a la Virgen con complicidad y se lo he agradecido, que obrara el milagro, por pitar el penalti a favor de Suárez. ¡Y gol! 

Dicen que el primer cuarto fue muy importante. Podía tratarse de una noche histórica. El París Saint Germain vestía como el Madrid y como los monaguillos ausentes, de color blanco. "Somos los de laCaixa , tu eres la estrella". ¡Gol! ¡Gol! ¡Ha llegado el segundo, de Iniesta! Una jugada inconmensurable. ¡El gol de la fe! Como inventó para resolver con un golpe de talón. El guion perfecto. Terminaba la primera parte. ¡Vamos! Estaban dando forma al sueño. Nos hallábamos a medio camino -yo de Montserrat-. 

El juez de portería lo había pitado. ¡Penalti y gol de Messi! ¡Ya teníamos tres! Quedaban cuarenta minutos y habíamos entrado en la eliminatoria con un marcador de 3 a 0. No se podían tomar decisiones arriesgadas, había que tener paciencia. Era clave que no nos marcaran un gol pero los franceses acababan de clavar uno de un disparo imparable. Así era como perdían los campeones, compensando la vergüenza del último tango en París. El PSG jugaba atemorizado. En aquel momento tomé la determinación. ¡Ascendería a Montserrat caminando! De prever lo que tenía que suceder, me lo habría pensado. Qué cansancio...

¡Gol! ¡Gol de Neymar! La empotró en la escuadra. El PSG humillado por el marcador que ya era de 4 a 1. Quedaban sólo tres minutos. ¡Todo era posible! ¡Penalti! ¡Penalti! Teníamos en los pies la posibilidad de anotar el quinto. El Barça podía endosar cinco goles al PSG. ¡Quedaba todavía una pizca de prórroga! Neymar chutó y gol. ¡El Barça había marcado el quinto!

Todo el Camp Nou en pie a un minuto con quince segundos y dispuesto a tocar el cielo con el Barça comprometido a marcar el sexto. Todos al remate, el portero del Barça también presente en la frontera francesa. En la última oportunidad, a veinte y cinco segundos, gol. ¡Gol! ¡Gol! Era el 6 a 1 definitivo. Increíble. ¡Inexplicable! El Barça había vencido. Qué noche para el barcelonismo. Los jugadores del PSG abatidos porque Sergi Roberto había puesto sutilmente -¡y solamente¡- la puntita. 

Hoy en Montserrat, la sucursal barcelonista y pilar de fortaleza por los buenos, también he coincidido con una larga hilera de implicados -para los pecadores el puerto de salvamento- en el juicio por el caso Palau. Una ristra de penitentes afligidos con Millet portando cirios a la Moreneta para iluminar la catalana tierra

¡Qué manifestación de fe y de esperanza en la remontada!