martes, 30 de agosto de 2016

Un agosto navideño



El verano nos sitúa en modo reposo, de desconexión, de estar más por la visión corta de un objetivo con el foco concentrado en pedruscos o en personajes todo epidermis tostándose al sol que no pendientes de unos pactos imposibles. Hemos achicharrado a ráfagas de flash lo que nos queremos llevar por demostrarnos, a nosotros mismos, que estuvimos, paseando y contemplando el hechizo de lo que nos es ajeno. Antes, en verano –cada rana lava su paño- éramos espectadores, pero ahora -toda mona ronda- también formamos parte de la coalición, del ejército de depredadores en un safari por el pacto insólito. Ejercemos de testigos con pruebas de que si no se tocan se pueden contemplar. He decidido almacenar para el recuerdo los mercados locales y exóticos cargados de obras de arte geniales y comestibles, naturalezas muertas de color y aroma que sólo se comportan de ser retratadas. 

El paréntesis breve que se convierte en una especie de eternidad comprimida por países y tierras insólitas, próximos o lejanas, nos transporta en busca del espejismo saludable -pero quimérico- del País de Jauja donde todo es posible y consentido menos un acuerdo político razonable. Algo que también ha empapado mi periplo ha sido la revancha por todo lo que tolero el resto del año en Barcelona. He capturado idílicas postales de naturaleza, gárgolas de catedral y me he concentrado a desahogar la tensión que conlleva vivir acosado por el turismo el resto del curso. 

Me explico. Bajo la condición de transeúnte ocasional con papeles me he dedicado básicamente a estorbar. Los guías locales ya se encargan de elegir el lugar más propicio para atascar las aceras y los callejones estrechos mientras nos explican el programa electoral. Me he convertido en barricada humana de calibre importante, no sin un punto de temeridad, mientras buscaba el ángulo de ataque y la perspectiva más compensada entre el semáforo haciéndome guiños, una promesa incierta y un escalón traidor. Clic!

Ejercer de turista no os penséis que es tarea fácil. Hay que poner voluntad. Uniformes aparte -boinas y complementos diversos que no luciríamos en lugares donde nos conozcan- debe existir también una cierta predisposición mental. Es un estado que requiere de un adiestramiento previo para que el impacto no nos descoloque logrando los retos del visitante típico con sandalias. A saber, un veraneante ocasional emblemático que no decepcione, que lo da todo para estar a la altura de las circunstancias -con o sin calcetines, a voluntad-.

Regreso del verano a casa con algo que se toca, cierta pátina de morenez coriácea, una coraza que me protege del ambiente político que contribuye al calentamiento global pero no al cambio climático en la piel de toro peninsular. Sin novedades importantes en el frente político nacional continuamos fosilizados, obstinados y empecinados entre políticos incapaces de articular un entendimiento pretendiendo que volvamos a llenar las urnas con barquillos y turrones de los duros, los de Alicante. Algo loable como pataleta de patío de escuela, pero con un coste social no sostenible. El prestigio de los políticos, la paciencia de los ciudadanos y los implantes me temo que no lo soportarán.

Más de lo mismo, los mismos perros con los mismos collares aullando en las noches de luna llena con el cielo llorando lágrimas de agosto fugaces como estrellas. Alejados de las radiaciones del plasma estival, Mariano y un servidor -yo del todo-, me cuentan que me he ahorrado el torpe trotar del presidente en funciones mientras el tiempo pasa y la responsabilidad de los políticos suda. Vivimos pendientes de que los resultados electorales -excesivamente marinados- se concreten, que no se chamusquen en la hoguera de la indecisión como unas tristes y sufridas sardinas congeladas. Administrar lo que las urnas han propiciado no debería ser sólo un juego de ping-pong entre reproches y desacuerdos. Ahora es vuestra responsabilidad, no la de quienes os hemos elegido. ¡No nos rebotéis la pelota una vez más! 

Dejadnos disfrutar de los canelones navideños en armonía hogareña. ¡Feliz Navidad!

lunes, 15 de agosto de 2016

García Lorca



En el Registro Civil de Granada consta la siguiente inscripción literal: "el día 21 de abril de 1940 se procede a reescribir la defunción de Don Federico García Lorca, el cual falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra siendo encontrado su cadáver el día 20 del mismo mes en la carretera de Víznar a Alfacar". 

La frialdad del breve manifiesto administrativo del régimen pasando vergüenza a la hora de poner sobre el papel -que lo soporta todo- la muerte de Federico García Lorca es actualidad -nunca ha dejado de serlo- por agosto cuando el aniversario de la muerte del poeta nos recuerda la barbarie y la ruindad moral de un pueblo y de un régimen que no sabe enterrar a sus muertos.

A Lorca lo fusilaron y las cenizas del cadáver son copos rimados que pululan candentes por el espacio poético. Partículas vivas, vigentes, inmortales. Son patrimonio de la humanidad magnificadas por una locura rabiosa intencionada de borrarlo, a él, y a su palabra sepultándolos en la nada.

lunes, 8 de agosto de 2016

Garota de Ipanema



Gisele Bundchen al paso de Garota de Ipanema interpretada por Paulinho da Viola es uno de los cromos para la eternidad que generó la ceremonia de apertura de los Juegos de Río. La vistosa voluptuosidad lustrosa -con un sutil punto de estrabismo sensual ensayado- inauguró la noche carioca con color, música y sabor tropical. Río 2016 ya suda, sufre, emociona y, sobre todo, compite. Más lejos, más alto, más fuerte -¿más dopados?-.

Ni los niños ya se tragan que lo importante es participar, hay que ganar como sea. Para combatir el todo vale la federación rusa será eliminada de los Juegos Paralímpicos. El Comité Paralímpico ha decidido en un sentido distinto al del Comité Olímpico, que dejó la decisión de la prohibición a criterio de cada federación deportiva. Se habría demostrado una conjura estatal que permite a los deportistas rusos doparse. La idílica idea de que todas las naciones del mundo pueden reunirse en unos juegos en igualdad de condiciones para averiguar quién llega más arriba desde más allá con suficiente fuerza y ​​sin componendas debe ser también un espejismo para criaturas inocentes. 

En esta edición llama la atención y es significativo ver desfilar el Equipo Olímpico de los Refugiados, una iniciativa ligada al programa Solidaridad Olímpica que lidera el manresano Pere Miró, director general adjunto del COI. Se han seleccionado diez atletas que competirán bajo la bandera y el himno olímpicos. Se trata de diez personas con estatus de refugiado verificado por la ONU teniendo en cuenta su situación y la trayectoria deportiva personal. Cinco son originarios de Sudán Meridional; dos, de Siria; dos, de la República Democrática del Congo; y uno, de Etiopía. ¡Mucha suerte! 

La XXXI Olimpiada, Río 2016, lleva por primera vez los juegos a América del Sur. La segunda vez para un país latinoamericano; México 1968 en el recuerdo. A finales de 2009 el COI decidió en Copenhague que Río se convertiría en la sede de los XXXI juegos. En aquella ocasión la samba venció Madrid por los pelos, que hizo podio clasificada en segundo lugar; pero desgraciadamente no los obtuvo. Todavía teníamos que asistir a la ingeniosa estocada idiomática que Ana Botella perpetró en la posterior candidatura para el 2020. Instó la entonces alcaldesa de Madrid al comité a tomarse « A relaxing cup of café con leche en Plaza Mayor ». El jurado olímpico se relajó tanto que se decantó por una ceremonia del té, pero en Tokio. 

¿Si el comité seleccionador de Copenhague -abstemio de cafeína y de teína- hubiera contado con una buena bola de cristal se habría decantado por Brasil? No lo sabemos, pero el Brasil con las expectativas de 2009 no es el de estos días de pebetero encendido. Hoy arden los perfumes de la crisis, de la corrupción y de las favelas que se empeñan en no transformarse en un parque temático para turistas nostálgicos que viven la aventura extrema y colorista en la práctica de la selfie étnica. Brasil hierve con el alma en vilo, para terminar la infraestructura de los juegos, porque algún dirigente del COI declaró que la organización del evento era de "las peores" que había visto nunca. Porque los brasileños sufren con más pasión las medidas de austeridad impuestas que por la celebración de unas olimpiadas que también han servido para silbar y abuchear la breve -brevísima- intervención del presidente en funciones Michel Temer declarándolos inaugurados. Ni Dilma Rousseff ni Lula da Silva asistieron al acto. Contados los jefes de estado que estuvieron presentes, se trata de la edición con la asistencia más escasa de dignatarios nunca constatada. Los españoles también hicieron novillos. Y todavía un temor más les atenaza, repetir la experiencia poco afortunada -¿desastrosa? - del reciente Mundial de Fútbol con sede en Brasil.

Iniciada la conexión urbi et orbe , con una audiencia potencial de 3.000 millones de personas a través de la televisión, justo cuando pulían la sombra de ojos con un sutil punto de estrabismo sensual ensayado de Gisele Bundchen, el estadio de Maracaná presentaba demasiados huecos de vacío abrumador. Los comentaristas se cuestionaban si asistiríamos al espectáculo con las gradas medio vacías. Las colas y la seguridad extrema propiciaron que la fluidez en los accesos no fuera la que debía. El fantasma del deslucimiento por falta de público sólo se paseó por Maracaná. 

Con todo ello el COI nunca pierde, como la banca en las casas de juegos. La rentabilidad del evento ya está asegurada al margen del comportamiento y del furor que emplee la torcida contra Neymar o del boicot y de las protestas que un pelotón de canganceiros decidan practicar en contra de la situación política o social que vive el Brasil.