La perfección ovoide dando tumbos se materializa
el día de Corpus Christi, un jueves que brillaba más que el sol, en l’ou com balla . Una tradición
documentada en la catedral de Barcelona desde el siglo XV. Un estallido vital
de flores, frutas y frescor que nos anuncia el triunfo de la primavera, de la
luz y de la renovación de la vida. Vivimos el mes de las flores y la fiesta
donde las alfombras florales rebozan las calles de muchas villas.
De hecho de trata de una cáscara de huevo vacía
del contenido sellada tradicionalmente con cera que juega contra la severa ley
de la gravedad impulsada por la fuerza de un surtidor de agua. Se dice que si
el huevo cae será un año malo, pero si da tumbos incansable durante toda la
jornada es una buena señal. Durante el día de hoy se puede contemplar este
espectáculo en varios claustros y patios interiores de la ciudad. A cada
edición se suman más lugares donde visitar este vistoso y florido juego de
niños que aún embelesa a los adultos.
El protagonismo de un simple huevo en la síntesis
de la renovación vital. Del óvulo hembra y del testículo macho -también llamado
huevo- de los cuales se puede
destilar un embrión -Próxima parada, la Vida-. He aquí como en un vistoso
escaparate de naturaleza una simple cáscara de huevo baila en la formidable
danza de la fecundidad. La cultura religiosa y el marco del claustro de la
catedral habrían barrido para casa, el huevo es la representación de la hostia sagrada
y la fuente -colmada de cerezas o decorada con rosas rojas- viene a representar
el cáliz con la sangre de Cristo .
Un juego de huevos, pues, en el salón oval de la
vida ordinaria que continúa sazonada con salsa bechamel demasiado espesa y con
algún grumo de más. Los vecinos del barcelonés barrio de Gracia a base de
huevos escalfados y disturbios en el menú repetido de las cenas durante las
últimas noches se preguntan si la próxima parada será el Caos. El colesterol
social sube a niveles altos mientras el vecindario sufre los destrozos. El exalcalde
Trias, en su mandato, se decantó por los huevos duros ya que prefirió no
romperlos, mejor cocidos y enteros que no servidos en un revuelto de okupas .
En Sitges, aprovechando los tapices de flores, el
Círculo de Economía se ha reunido con Ada Colau y Pablo Iglesias. Una imagen
tan insólita como la corbata que él llevaba colgada. En medio del contexto
ovíparo que nos ocupa, creo que se ha consentido que un zorro bolivariano acceda
a un gallinero neoliberal. Algo que el temerario Albert Rivera desde la primera
línea en la trinchera venezolana ya ha denunciado -¡Ojito!
Se ha podido documentar como lo más granado del
empresariado catalán recibe y deja hablar a Iglesias y a Ada Colau. ¿Quién lo
podía imaginar? El tradicional bipartidismo ha permitido que en jueves de
Corpus accedan al exclusivo club con zapatillas y sin americana. Uno para
hablar de programa, la otra para pasar cuentas de un curso administrando el
ayuntamiento de Barcelona mientras los okupas
le giran la cara y se lo reconocen con una pegajosa tarta de clara montada lanzada
con acierto y puntería prodigiosos. ¡Feliz cumpleaños! Una escena de película
cómica en blanco y negro poco original y sin demasiada gracia entre
profesionales del tumulto y los Mossos d’Esquadra.
En el exterior próximo la tortilla francesa
últimamente tampoco goza de mejor prensa. Las cartas gastronómicas de la Galia,
cuna de la estelada Guía Michelin, estos días presentan la
especialidad con aliños movedizos y con una guarnición de movilización sindical
que mantiene al gobierno de Francia contra las cuerdas y con las gasolineras
secas y esferificadas.
Quizás, sin embargo, la manera más cruel de
consumirlos -los huevos- consiste en freírlos en un baño de aceite de oliva al rojo
vivo. Una auténtica y perversa tortura de la que el método ya lo dice todo: ¡Huevos
fritos! La Unión Europea crea tendencia al cocinarlos fritos a las brasas de un
desierto turco o en la versión pasados por agua al baño maría en la vergonzante
palangana del Mediterráneo.
¡Un afer de huevos! Alimento habitual desde que ya
eran prehistóricamente gigantescos superando los actuales de avestruz, la
opción exagerada más adecuada para una tortilla comunitaria con cebolla y
patata que para un austero almuerzo unipersonal sin sal a base de un único
huevo de pálida gallina explotada cruelmente en una granja. Ingrediente
fundamental de múltiples platos y recetas culinarias dulces o saladas. Huevos
de tamaño, color y textura diversos. Blancos, rubios, morenos, pecosos...
El ou com
balla no alimenta, pero tampoco lleva colesterol ni otras toxinas. Relaja,
pacifica las desazones, calma y entre las reconocidas virtudes descubiertas
recientemente también deshiperventilaría las mentes perversas. Probad a
practicar el lanzamiento contra los actores malos y contra los fantasmas. ¡Manda
huevos! ¡Estréllalos contra la toxicidad que nos asedia!