domingo, 24 de abril de 2016

Alegría conyugal.



Educar y enseñar parecen sinónimos, cartas del mismo palo. Para el trío podríamos añadir formar, instruir y civilizar. Si aspiramos al póquer, el as en la manga podría ser forjar, adiestrar o desarrollar. En conjunto, por los vientos que soplan, parece que se resume en volver competentes a los aprendices de la vida. El gran reto protagonizado por los héroes profesionales -a menudo solitarios- que se dedican a ello.

¿Qué carencia detectada por la sociedad no es asignada como responsable de enmendarla al maestro? Nada le es ajeno. Un piropo que debería adularles si no fuera porque detrás se esconde la dimisión -o la relajación- de la corresponsabilidad que también debe hacer diana en los progenitores y en los responsables de la civilidad. 

Que a las aceras no las atropellen las bicicletas. Que las cebras no son invulnerables cuando se desplazan por las cañadas trashumantes de la sabana urbana. Que las simpáticas acelgas son golosinas. Que la pasión, a veces, se comparte envuelta en látex. Que los transportes públicos no tienen reposapiés acolchados o que las abuelas son las propietarias en usufructo de los asientos en general. Y una retahíla infinita de deberes, más allá de cuando termina el horario escolar, que la sociedad encomienda a la escuela así que se quiere sacudir un problema o amortiguar su incidencia.

¡Si será importante la escuela! Esta es la causa de que se haya levantado tanta polvareda desde un pleno municipal celebrado en Manresa. La CUP -la formación con vocación de árbitro político en la legislatura catalana- impulsa un debate sobre las compresas tradicionales. Quiere promover una campaña desde los institutos de la capital de la comarca del Bages para volver sostenible a la sangrienta intimidad. Desterrar el uso de la celulosa higiénica a cambio de las copas vaginales o de las esponjas marinas. En medio se hallan los partidarios de reciclar algunos complementos -los más aerodinámicos- de las compresas con alas. 

Los que subsistimos en el feliz estado del prepensionismo posmenopáusico celebramos que las consecuencias de la polémica ya no nos comprometan. Hay que aclarar que esto de los métodos tradicionales -para muchos de los bienaventurados mentados- eran aquellos paños de las abuelas que lavaban con mucho pudor y a hurtadillas de las criaturas. Ahí debe residir la expresión de la ropa tendida, que no se tratara de este tipo de compresas descatalogadas -ahora vueltas a vindicar-, expuestas a la murmuración y al chismorreo públicos. La ropa tendida era una especie de pancarta vital sin manchas con perfume a lejía. En la historia biográfica de la compresa hemos pasado del tendedero al contenedor gris del rechazo.

Del tabú al contenedor ha ido a parar toda la vigencia en la precaución atávica que se imponía a la mujer. No bañarse, no entrar en la despensa o en las bodegas... Creencias infundadas que avalaba la religión, en la iglesia griega la mujer no podía comulgar durante el período y en el congreso de Nicea se les prohibió también la entrada a las iglesias. La Biblia las asocia a la impureza. En el otro platillo de la balanza se mece quien confiere a la sangre menstrual poderes curativos y farmacológicos. En Escocia creían que prevenía de los hechizos agoreros como el mal de ojo. 

El nombre provendría de un palabra antigua que servía para llamar a la vez "mes" y "luna". Un ciclo, pues, de calendario lunático. Veintiocho días en cuatro momentos, el de la plenitud y la ovulación, el de luna creciente de preparación para la fecundidad, el de la menguante o la antesala de la menstruación que coincidiría con la invisible y oscura luna nueva.

La CUP no pudo aprobar la moción. Perdió la propuesta, el equipo de gobierno recordó que las competencias sobre salud sexual y reproductiva no las ostenta el Ayuntamiento sino la Generalitat. La formación política protagonista remachó el clavo y justificó la derrota afirmando que el objetivo era mejorar la formación y facilitar la información al respecto de todos los métodos de recogida del sangrado. 

La expectación provocada por el pleno de la regla la aprovechó el alcalde para promover una variedad de oliva, la verdial, que se está recuperando en una finca desafectada en el Plan General Urbanístico. Veremos cuál será el impacto al eco mediático. También esperamos aceite de calidad. Tengo que terminar regresando al inicio, al mundo de la escuela, afectado por una crisis de materia prima. Debido a la baja natalidad y por la falta de clientes potenciales yo, en aquel pleno de Manresa, también habría aprovechado la presencia de las cámaras para iniciar una eficaz campaña a favor de la alegría conyugal. Un índice que no suele figurar en las estadísticas demográficas tan tabú como el flujo menstrual.

domingo, 17 de abril de 2016

¡Viva el bacalao!



El ministro Soria ha abandonado. Lo deja. No ha podido dimitir ya que el cargo lo ocupaba en funciones. Por un pelo, porque si ya se hubieran puesto de acuerdo para formar gobierno, esta mancha en el currículum no constaría con letra de titular tan gruesa. ¡Lástima! El alcalde de Granada ha sido arrestado, otro personaje ilustre de los últimos días. Al PP le crecen los enanos y la corrupción le persigue pero no le aguijonea. En las próximas elecciones habrá que constatar el apoyo millonario en votos y el rédito electoral que todavía retiene. Pero la estocada más fina, de maestro torero al volapié -una manera eficaz de despachar los toros a las cinco en punto- ha sido que hayan pillado a Aznar en falso con Hacienda somos todos. Un pase a puerta gayola -temerario por recibir de rodillas el toro cuando sale a la plaza- ejecutado por el ministro Montoro en funciones y sin renuncias al cargo. Todos somos iguales ante la ley -tanto como hermanados con Hacienda no somos todos -. 

Con qué deleite el ministro custodio de la hucha pública le atizaba en la cresta al héroe de las Azores. Le pone voluntad este Montoro, debemos reconocerlo. También en la sentencia tardía con la que ha homenajeado al cadáver político del señor Soria, de cuerpo presente y todavía caliente, cuando en el panegírico funerario ha recitado que nadie que haya operado desde paraísos fiscales puede estar en el gobierno. Esperemos que la profecía se cumpla. Yo en su caso no habría sido tan temerario ni tan locuaz. ¿Nos puede garantizar que no saldrá otro conejo escondido en un sombrero Panamá? En alguna ocasión a los magos -de las finanzas- se les pilla en un renuncio. ¡Que Dios no lo quiera!

Que conste que no tenía pensado insistir en el centro de interés que nos ocupa. Es a causa de la terca actualidad. Los periódicos lo resumen en un titular, "el PP acumula siete escándalos y decenas de imputaciones desde el 20-D". Un buen eslogan electoral para un país avezado a estas noticias. Ya ni nos inmutamos. Episodio a episodio nos hemos como inmunizado. ¡Uno más! Nos levantamos y desayunamos con la última de las corruptelas, tan cotidiano como el pan tierno de cada día recién salido del horno.

Hoy, la ración ha sido doble. El caso Soria, que sólo ha admitido un problema en cómo ha administrado la información, que no lo ha sabido explicar suficientemente bien como si los hechos pudieran ser del color del adjetivo con el que pretendemos pintar la realidad, se suma el caso del sindicato Manos Limpias. Me ahorraré los chistes fáciles. Al sindicato, flagelo de la injusticia, lo acusan de extorsionar, de organización criminal, de fraude contra la Hacienda no somos todos, de fraude documental y de fraude en las subvenciones. Un catálogo de virtudes, ciertamente. Esta presunta "organización criminal" ofrecía protección contra las querellas que ellos mismos ingeniaban a cambio de dinero. El argumento no es innovador, el celuloide mafioso de la época dorada está repleto de matones que te quieren aliviar precisamente de la medicina que ellos mismos suministran. ¡Manos arriba, esto es un atraco! Mensaje que podría reciclar Manos Limpias para realzar la campaña contra la masturbación que fomentó en su momento. La clave del asunto, en registro paja mental, puede llegar cuando esta inculpación consienta que la Infanta se levante del banquillo. Algunas tramas tienen un punto de microorgasmo de poder oscuro. 

Anécdotas de los tiempos que corren. Cómo añoro aquellos años de los primeros escándalos de desenfreno con el dinero o la propiedad públicos, cuando nos tirábamos de los pelos porque alguien viajaba en aviones del ejército o cedía el despacho oficial al cuñado. Minucias comparadas con la moneda que circula en los últimos tiempos. Entonces todavía creíamos que los políticos eran íntegros, buenas personas por definición y estaban para servir a la sociedad que los había elegido. La evolución de los hechos han llevado a la indolencia social con que nos lo contemplamos y al desprestigio del noble ejercicio de la política. Preguntad a cualquier tertuliano de barra de bar y obtendréis la respuesta aliñada con una colección bien surtida de calificaciones muy gráficas y poco eufemísticas. 

Estoy por afirmar que deben de ser pocos, estos adictos a la corrupción -esto me gustaría saberlo a ciencia cierta-, pero cuánto daño causan. Deben existir los íntegros, los eficaces, los comprometidos y los sin manchas en la corbata que habitan en la discreción y no son carne de titular. ¡Existen! ¡Muchos! Pero cuando estalla el escándalo que afecta a un personaje público, político o no, la cosa tiene más trascendencia. La ejemplaridad exigible a un político también la debemos esperar de un futbolista o de un director de cine por mucha ignorancia farandulesca que alegue. Hay una diferencia obvia, puedo abstenerme de ir al cine o de asistir a un partido de fútbol -más aún si se pierde-, pero no estoy exento de las consecuencias causadas por el corrupto cuando tiene responsabilidades que nos afectan de lleno porque las financiamos también nosotros. ¿Con qué fuerza moral se puede predicar y legislar a la vez mientras destacamos en la transgresión. ¿Con qué autoridad podemos exigir lo que nosotros incumplimos?

No nos preocupemos. La vida continúa, dice el poeta. Los corruptos pasarán, son fruta de temporada, cocina financiera de mercado aunque no se decanten por los productos de proximidad, los de kilómetro cero, porque está demostrado que prefieren la fruta tropical y los paraísos lejanos. Son unos partidarios del exotismo cosmopolita. El resto sobrevivimos con el cocido casero. Pendientes de la sección ya habitual en los medios, como el espacio del tiempo y de la predicción meteorológica, atentos a la hora de los corruptos. Un programa que podría presentar, por la experiencia y el currículum, Mario Conde así que salga del trullo. 

¿Cuál es la solución? Yo propongo incorporar el bacalao nórdico a la dieta mediterránea y a las gachas manchegas. A mí me gusta mucho en versión desmigado. Exquisito. Deberíamos fomentar mucho más el papeo del abadejo por si nos inocula alguna de las virtudes de aquellos países productores que no se limitan a ver a los toros desde la barrera. Los efectos son evidentes en la dimisión del primer ministro islandés quemado en la hoguera pública con papel de Panamá. Aquí sólo chamuscamos Constituciones de mentirijilla sin demasiado poder calórico. 

¡Viva el bacalao!

viernes, 8 de abril de 2016

Casa de tolerancia Panamá.



Casa de tolerancia Panamá, título para una novela coral de intriga. Un embrollo argumental con millones de documentos -y de dinero- como protagonistas. Se trata del último sonsonete demasiado reiterativo de los tiempos que corren. Música para ascensor con la melodía de Julio Iglesias, la vida sigue igual. ¿Has calculado nunca el porcentaje de probabilidad de que esta canción te acompañe mientras levitas en un ascensor? Un año y otro, y todavía un año más así que se abre la puerta cuando se precipita la avalancha melódico azucarada que nos empapa queriendo remediar la claustrofobia y el vértigo. 

La vida sigue igual ... al final las obras quedan las gentes se van, Otros que vienen las continuarán ... La vida sigue igual. ¡Todo un profeta, este gallego universal! Nada cambia. La condición humana se confirma y nos sorprende -si no nos hemos acostumbrado echando callo- en una carrera de despropósitos en materia de fiscalidad corrupta. Cuando ya pensábamos que se trataba de una epidemia únicamente de entorno nacional -una gripe española como la de 1918- nos cae un cubo más de agua fría y de ámbito global. Los papeles de Panamá son la última partitura actualizada de cómo defraudar. Karl Friedrich Kretschmann -el ministro-presidente de Baden-Wurtemberg- lo clava en formato fábula: "El que defrauda como un zorro, abusa como un lobo". En el ambiente, los aullidos de las alimañas carnívoras con colmillos de tiburón. 

Se confirman los argumentos para defender a la Infanta. Hacienda (no) somos todos, era puro eslogan y marketing disuasivo para atrapar ingenuos de buena voluntad. En Panamá hemos visto el alcance. Hacienda somos muchos, pero no todos. La verdad es que tras la delación panameña hay mucha envidia por no pertenecer al club selecto de los defraudadores. O no. Porque justo apareció la vergonzante lista negra -oscurísima- todos han declarado -sólo de palabra- estar al día con esta señora de esquina distinguida, Doña Hacienda. En mal momento se ha descubierto el asunto, cuando comienza el periodo para ponerse al día con ella. Algunos -yo mismo- no nos reconocemos por las mañanas cuando nos afeitamos frente al espejo empañado. Me pregunto quién será el bobo reflejado en el espejo que paga -sin remedio- todos los tributos.

Yo aprovecho y le pregunto -¿Espejo, espejito, dime, soy un buen ciudadano?- Entre la niebla y el vaho mañanero la respuesta se hace de rogar Sí, pero los hay más avispados-. Tengo toda la certeza. Estos papeles de Panamá, huérfanos de una paternidad dudosa, han bautizado a la criatura sospechosa y le han puesto rostro. ¡Once millones y pico de documentos! ¿Cuántos vivales se han refugiado tras las empresas pantalla y cuántas almas sin pena económica pululan disfrazadas de fantasma por el universo del fraude? Es aleccionador -presuntamente- comprobar como de pringados tienen los dedos de unto algunos predicadores, moralistas y patriotas significados a quienes han pillado trampeando.

Chanchullos. Entramados. Telarañas sin arañas. Laberintos. Montajes. Ningún hilo de Ariadna. La opacidad y la oscuridad en un agujero negro buscando también la luz redentora del blanqueo. 

Me imagino algunas grandes fortunas con estibas de dinero -alguno de dudosa procedencia- resguardadas de las haciendas. Fajos de billetes de vacaciones en Panamá protegidos a ambos lados del canal mientras algunos banqueros locales ponen a prueba la ética fiscal de estos distinguidos clientes.

 -¿Con IVA o sin IVA?