El cuadro la Mona Lisa de Leonardo de Vinci ha sido agredido este
domingo con un pastel de nata en el Louvre de París. Un hombre disfrazado
de anciana con peluca se ha levantado de repente de la silla de ruedas -algunos
ven en ello un milagro ortopédico- y le ha lanzado un pastel, algo que podría
llevar a sospechar que se trataba del inocente hojaldre con nata de los fines
de semana. Después, todavía ha tenido tiempo de restregar la nata por el
cristal protector antibalas, también habría tirado rosas por el suelo. Ha pronunciado
un breve discurso: "Pensad en la tierra, todos los artistas pensad en la
tierra. Por eso lo he hecho. Pensad en el planeta". La acción breve y
por sorpresa ha acabado con la detención de la postiza viejecita adorable
mientras las cámaras del público presente la inmortalizaban.
Aquellas
obras de arte sublimes, las que aparecen en la mayoría de manuales de la historia
del arte, ejercen un magnetismo extraordinario. Las visitamos peregrinando
de museo en museo para contemplarlas con los propios ojos e intentar comprender
un poco el misterio que irradian. Artefactos artísticos que con los años
deben acumular, a la fuerza, la energía de los devotos transmitida a base de
miradas. Nos emocionan y nos aturden cuando las tenemos a tocar admirando la
manera en que algunas personas pueden crear, como los dioses, criaturas
inmortales tan bellas.
Entrar
a enumerar la lista, el canon, de las que representan esta vertiente artística
de la civilización, la grandeza de una época determinada, no viene a cuento ni
es mi pretensión. Por eso menciono sólo esta obra de Leonardo da Vinci por
esta anécdota -afortunada- que la ha sustraído del amodorramiento de vivir
recluida en un museo a cadena perpetua. Si las obras de arte, como
decíamos, persisten por la reciprocidad al ansiar un poco de nuestro
entusiasmo, el detalle de la tarta la habrá reavivado. Por dulce, por
inofensivo y por vindicativo. Me gustaría saber si hay constancia gráfica
del momento preciso del impacto para comprobar cómo Mona Lisa ha cerrado
instintivamente los ojos a pesar del cristal protector antitanques que la
protege.
¿Qué
no se habrá escrito sobre el retrato más célebre de la pintura
occidental? Varios investigadores, no sólo un tarambana impetuoso, han
llegado a pensar que en el momento de posar para el genio la modelo estaba
embarazada. Fundamentan la conjetura en la posición de las manos sobre el
vientre. En esta suposición podríamos enmarcar el lanzamiento de tarta que
ha sufrido Mona Lisa. Unas filtraciones de la gendarmería nacional
francesa respecto del interrogatorio al que habrían sometido al agresor apuntan
precisamente a esa circunstancia, al embarazo. Éste argumenta para
exculparse del hecho que en reiteradas visitas, extasiado ante los misterios
del retrato, escuchó una voz -la de Mona Lisa- pidiéndole que le llevara un
pastel, un antojo, un deseo de embarazada que sólo él era capaz de percibir
cada vez que se reencontraban en el museo, obviamente. Y así lo
determinó este pasado domingo, de satisfacer la demanda y porque las tartas son
básicamente delicias dominicales. Un lunes no era oportuno, se defendió.
Mientras
se resuelven las circunstancias a tres bandas, entre la gendarmería, la
dirección del Louvre y el agresor, que escuchados los atenuantes y las
veleidades de embarazada de la protagonista -que no ha sido convocada a
declarar-, podría considerarse un delito presunto cuando no un sencillo acto de
buena voluntad. Una papeleta para la justicia parisina que no puede airear
la causa real que ha motivado el incidente. Sin embargo, resulta mucho más
verosímil el breve discurso ecologista que ha ideado. Si no sabes qué
decir, habla de la maltrecha salud del planeta. Un argumento que ahorrará
a la jefatura de la policía francesa mencionar los antojos a la vez que desalentará
a aquellos que tienen pensado llevarle fresones fuera de temporada para
satisfacer los antojos de la caprichosa modelo.
Me
comprometo, en la próxima visita a la Gioconda, a informaros de si ya ha
decidido sonreír más desvergonzadamente, con una pose sin enigmas, y de cómo va
el embarazo. ¡Eh, por ahora presunto! Ya se verá.