viernes, 30 de noviembre de 2018

Si al cielo vas.


¡Tenía que pasar! Una mujer mayor, de 92 años, falleció atropellada en el mes de agosto pasado por dos jóvenes que circulaban con un patinete eléctrico en Esplugues de Llobregat. La noticia, que hasta ayer la prensa no aireó, es el primer caso documentado de accidente mortal relacionado con el uso de este tipo de artefactos, una plaga que azota a las ciudades de todo el país y que amenaza con descontrolarse durante la campaña navideña. ¡Mucho ojo a poner un patinete en nuestra vida! Y más precaución aún al cruzarnos con uno de estos vehículos que circulan temerarios por las caóticas aceras urbanas convertidas en el primer reto tempranero, una yincana desorganizada saturada de dificultades que pone a prueba nuestra paciencia y el instinto de supervivencia mientras damos esquinazo al mismo tiempo tanto a una deposición perruna coma a un patinador veloz. 

Tras la luctuosa noticia del patinete homicida la vida se desliza plácidamente sin sobresaltos ya que nada se tambalea y, si fuera el caso, el gran Aznar nos ha ofrecido una oportunísima visita de médico para presentar su último libro y remediarlo. Un vademécum atestado de recetas preventivas que nos han de devolver el milagro económico y alcanzar la felicidad civil. Ilustran las noticias referidas a la reputada presencia en la ciudad que no llenó el aforo de la Casa del Libro. "Aznar pincha en Barcelona", reza el titular de la crónica. En la orteguiana dedicatoria al eterno problema catalán dictaminó que "Penalmente se llama rebelión, y políticamente golpismo - si al cielo vas patinando-. O aceptamos esto o tenemos un problema muy serio" añadió el carismático líder que, superando a Ortega, no se puede conllevar. 

Reconfortado por la oportuna aparición, arriesgando el físico, me dirigí a la Plaza Sant Jaume. Todo un desafío a la manera de los "encierros" navarros lidiando contra los patinetes con cuernos que pretendían ensartarme en la cuesta de la calle Ferran mientras los estozaba a golpe de periódico enrollado. Alcanzado el espacio abierto de la plaza con más poder a ambos lados de Barcelona me he sentido librado de las acometidas. Justo recuperado de la persecución, me ha asaltado repentinamente, sin embargo, el espíritu navideño. ¡El pesebre! La barricada actual, una falla deslocalizada sin muñecos y fuera de temporada, explicita con más sorpresa que emoción la tradición navideña barcelonesa. La edición -todo patas- de este año, como quien descorcha ostentosamente una botella de cava, ha desbravado una vez más, a mesa puesta, la intriga con que esperábamos el hito. Se podría afirmar que el montaje es “per llogar-hi cadires”

De vuelta a casa he coincidido con una riada de gente, un cortejo gremial, que caminaba agrupado en eficaz estrategia para protegerse de los ataques del patinete. Una procesión sin ruedas -de alpargata- que sacaba a pasear la rabia peripatética de médicos, enfermeras, bomberos, maestros y estudiantes protestando por las políticas de austeridad impuestas por la Unión Europea hará cerca de una década. Un esfuerzo que ha recaído sobre las espaldas de estos colectivos de profesionales que se conjuraron para que los servicios básicos que prestan no atenazaran aún más a los usuarios. Unos recortes, según el apocalíptico Niño Becerra, que no deberían haberse dado en Cataluña si no existiera un déficit fiscal interregional. Donde holgazanea, pues, la verdad oculta de unas balanzas fiscales, secreto de estado, con las que nunca lo hemos medido de verdad.

Hay quien lo tiene clarísimo como el agua: "Las protestas sociales desbordan Torra después de seis años de Proceso", "Día social contra Torra", "La Cataluña real evidencia el colapso del independentismo". ¡Ja mai jalem ni jalarem, fa mal aquí fa mal allà. Airí, airó! Desde aquí, en Cataluña, hay quien lo tiene aún más claro, la Generalitat tiene un grave problema de financiación porque "amb un embut mai pot haver-hi hagut vi del fort al got".

Si al cielo vas, no lo hagas con patinete.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Pompas Fúnebres La Alegría.

Aquellos poco previsores en la burocracia de la muerte, los que no cotizan, por ejemplo, a Pompas Fúnebres la Alegría para garantizarse un servicio lucido y bien florido, con carroza de lujo, media docena de caballos negros y una banda de música al estilo de Nueva Orleans, tienen claro que este asunto también lo dejarán en herencia. A pesar de convertirnos en los protagonistas, nuestro papel una vez traspasados -como dicen los profesionales de la cosa fúnebre- es mínimo y tirando a negro. Sólo podemos poner buena cara.

La muerte no era, hasta ahora, un problema para quien acaba de marchar. Al dolor, la ausencia y a la tristeza que nos inundan también había el papeleo y una serie de decisiones y gastos que había que gestionar. El ritual de siempre se puede ver alterado si se confirman los requerimientos que la Consejería de la Comunidad valenciana quiere implantar. La medida de mayor impacto que pretende imponer es que las personas que padecen obesidad mórbida -de calibre muy grueso- no podrán ser incinerados. Una batacazo contra la equidad con una discriminación para los gordos que ya no podremos ir al cielo por la vía del fuego purificador. 

La decisión airea cierto tufo a chamusquina. Veremos si se impone a pesar de la sensatez con que se postula. La cantidad de combustible a emplear en estos casos conlleva que se sobrepasen los niveles aceptables de contaminación ocasionados. Razones ecológicas para afrontar, también, una de las causas del cambio climático. Garantiza y valida esta verde voluntad -¿la última?- de la consejería que los candidatos a la incineración deben hacerlo con un ajuar mortuorio que no contenga elementos metálicos, complementos de plástico, de resina u otros altamente tóxicos desprendidos durante el proceso de combustión. Remata la recomendación aconsejando, preferentemente, que los sudarios deberán estar elaborados con materiales biodegradables. Para introducir sólo un aspecto cuestionable me fijaré en la exigencia biodegradable de los sudarios, que una vez horneados ​​al fuego infernal dudo que sea relevante. Se redondea el microclima o ecosistema macabro regulando que los ataúdes se custodiarán cerrados a cal y canto, refrigerados y a prueba de roedores carroñeros y de aves voladoras agoreras. 

Vivir rápido, morir joven y dejar un cadáver exquisito fue el destino fatal a ritmo de rock & roll de algunas estrellas rutilantes que cabalgaban vertiginosamente el riesgo, la fama, las drogas y el alcohol. La otra cara arrugada de la moneda es la de los viejos rockeros que nunca mueren. En la voluntad legislativa de la consejería se podría detectar cierta inspiración para que los cadáveres yazcan encantadores. Con un cuerpo que se corresponda al canon del perímetro corporal tirando a aerodinámico, proporcionado, al punto en masa corporal y con armónicas medidas entre la cintura y las caderas. Difuntos que al contemplarlos en la sala de velatorios nos hagan exclamar -¡Si parece que todavía baile!

Puestos a ser trascendentes podríamos decantarnos por la máxima anima sana in corpore sano que nos ha de abrir de par en par las puertas de la inmortalidad -y del crematorio- en un más allá donde el precio del metro cuadrado debe andar por las nubes. La asamblea de los traspasados debe reunir más miembros que socios tiene el Club Super3. Un dato de sentido común que nos hace sospechar que el cielo se está convirtiendo en un lugar de convivencia comprimida falto de suelo disponible. Y esto entronca con los microhogares para finados o nichos colmena -si se prefiere, pirámides caseras- que tampoco tienen resuelta la capacidad volumétrica relacionada con la obesidad mórbida. No todos tenemos garantizado un más allá soleado con vistas al Camp Nou. Tampoco todos dispondrán de un "campeón" como se vanagloriaba orgullosa una abuela acomodada a quien cuya estirpe edificaba en vida un céntrico panteón en el cementerio municipal. 

Concluiremos que morirse también será un problema propio, ya no dejaremos sólo la carcasa exánime en herencia sino que, si queremos disfrutar de todos los servicios y las comodidades de una urbanización paradisíaca, tendremos que reunir unas exigencias estrictas. Un buen pretexto, mientras no logramos los medidas estándar, para continuar haciéndonos el vivo. Porque, como decía un sabio vitalista, quien tenga prisa para convertirse en un buen aspirante que pase delante. 

¡Salud!


lunes, 12 de noviembre de 2018

Observadores galácticos.

A falta de centros de interés, hablaré de cómo me hallo de feliz, de realizado y de optimista. La perfección con que gravita el universo, la tierra y el microcosmos que me acogen me satisface tanto porque me siento comprendido y protegido. ¿Qué más puedo pedir? Llamadme excéntrico, pero estoy convencido de que las observaciones de un telescopio instalado en Hawái tienen algo que ver con ello. 

Desde las paradisíacas islas registraron el paso por el sistema solar de un gran asteroide que llamaron Oumuamua. Un grupo de científicos sugirió que podría tener un origen artificial, enviado por una "civilización alienígena" muy avanzada. Una teoría que ahora una investigación del centro de astrofísica Harvard-Smithsonian reanima. Los sabios se plantean la posibilidad de que el asteroide sea el residuo -no la chatarra- de una antigua misión de reconocimiento extraterrestre. Hasta ahora este aerodinámico cuerpo celestial no ha emitido ningún tipo de señal de radio, pero no descartan que en el espacio pueda estar latiendo el eco de alguna transmisión anterior.

Decidme osado en materia científica por sospechar que los restos de este presunto artificio extraterrestre a la vez que emite mensajes que tendremos que descodificar cuando lleguen -el servicio de mensajeros interestelares debe funcionar con el punto de retraso habitual del gremio- también debe ser capaz de recoger información. De hecho, en esto debe consistir su misión secreta, en descubrir cómo nos lo montamos los terrícolas. Y desde mi desconocimiento especializado oso afirmar que nos espían pacíficamente y con buenas intenciones, sino ya nos habrían enviado la caballería galáctica y ya nos habrían conquistado, zampado o aniquilado. Una presunción que me lleva a deducir que los alienígenas practicarían el veganismo. 

Estos vegetarianos con un punto de veganos a estas alturas ya deben navegar por la estratosfera atajando por el camino de vuelta a su galaxia reconfortados y admirados por la concordia que han descubierto en el planeta azul. ¿La perfecta globalidad humana habrá dado un paso más para convertirse en modelo cósmico? ¡Qué civilización más armónica no deberán haber detectado aquí y ahora mismo!

Os decía que me siento felizmente amparado porque unos seres superiores, al menos tecnológicamente, nos espían. Una observación benévola que quizá decida tutelarnos y ejercer de juez universal desde la objetividad a años luz donde tiene su sede el lunático tribunal de asuntos siderales. Que habrán sido testigos de algún humano follón parece razonable, en el planeta azul no todo es de color de rosa donde el amor se posa, pero en general se habrán llevado una grata impresión de cómo funciona la humanidad. Que vamos progresando y no descartaría que ya han destinado a algún embajador encubierto entre nosotros ejerciendo de notario para dar fe de algún milagro reciente, que Trump, afectado por el nuevo reparto de fuerzas, haya de reprimir la dinámica de gobierno absoluto de los últimos dos años.

Del excepcional testimonio -alienígeno- de las miserias mundanas habrán acertado que no hay nada que no se arregle con una mano de pintura, que no hay grafitero que cien años dure ni vagón de cercanías que lo soporte. Que no hay sentencia judicial firme ni tampoco existe hipoteca que no tengamos que devolver. 

En la incertidumbre de si los marcianos vendrán para establecerse, visto el panorama, parece que el encuentro en la tercera fase, por ahora, lo aplazan sin fecha fija.