Los actos de
celebración de los 25 años de la Barcelona
del 92 homenajeaban también a Pasqual
Maragall reencarnado en un ausente visionario ajeno a su obra y, lo más triste,
de su vida. Los hechos recientes me han llevado desde hace un par de días a
bucear en los agujeros de la pérdida de memoria -que los dioses nos libren-. En
el papel de jubilado distraído, quien ha sido alcalde y presidente de la
Generalidad de Cataluña, daba la impresión de pasear por allí como suelen los
abuelos que no pierden punto callejeando en la evolución de las obras; estos fascinados
arquitectos eméritos en sobrevivir y del ir tirando son los profetas críticos
de acera que reniegan de la escuadra vital que los ha doblegado. Me pregunto si
todavía se reconoce en las imágenes y si es mínimamente consciente cuando le
halagan o le llaman. ¿Pascual estaba presente o sólo representaba una endeble
escultura animada de sí mismo? ¡No confiéis en los homenajes rezagados!
La memoria
también ha vuelto a ser el epicentro de las crónicas cuando la justicia humana
ha llamado discretamente a los tribunales el actual presidente del gobierno,
Mariano Rajoy. Debía declarar -rememorar- respecto de la corrupción y de las
tramas que el partido habría utilizado para financiarse. Más corrupción o la
endémica habitualmente instalada que pocos admiten y, si lo hacen, es a cambio
de privilegios legales. Rajoy comenzó fuerte en su comparecencia. A diferencia
de los insignes desmemoriados y amnésicos que nos han deleitado en situaciones
similares él dejó claro que tiene el músculo de la memoria "absolutamente" en forma. Se
permitió el esdrújulo en varias respuestas quizá porque las palabras largas
inspiran cierta solemnidad versallesca y diluyen la falta de credibilidad, que
no le harían falta porque es un personaje capital en el partido desde que
hiciera la primera comunión, una eternidad en la que ha desarrollado todos los
papeles del auca; también, supongo, de aquellos que ahora declara ignorar.
Asistir a la confesión
vía plasma, pero en directo, de un presidente en activo es algo insólito.
Aunque esta novedad judicial pillara a contrapié a la primera cadena pública
estatal. O el asunto no era de interés nacional o el programa gastronómico que
emitían a la hora del testimonio del Rajoy era una primicia excepcional que no
podían contraprogramar. TV1 se
decantó acertadamente por los secretos del gazpacho estival a las respuestas
esdrújulas de Mariano, predecibles y aprendidas a base de ensayarlas con el
presidente del tribunal que a la vez ejercía de maestro de espadas mientras
dejaba sin respuesta las embestidas argumentales de los abogados, en especial
las de uno que me recordaba mucho a aquel actor que encarnaba el papel de un
agente de policía torpe con gabardina y con una colilla apestosa colgándole en la
comisura de los labios y de aturdida apariencia, Colombo.
El testimonio
de Mariano Rajoy decepcionó las expectativas de los entendidos, no aportó nada
nuevo a la fiesta nacional. Una función de puro trámite sin exponer, dejó el
tercio de banderillas a los secundarios, donde quien presidía se lució, y
despachó el toro con urgencias, sin compromiso y sin pinchar ostensiblemente.
Alguna pincelada de genio y de figura hay que admitir a la matutina sesión
taurina que no hizo vibrar a la afición, el espada no supo transmitir la magia
del ritual a la andanada. La ganadería, bajo la sospecha de haber afeitado la
cornamenta a los toros, y la airosa banda de música, sin tener que ensayar
ningún pasodoble y olé!, tampoco
sobresalieron. La salida de plaza de El
Niño de Santiago, como se le conoce en el ambiente taurófilo, la realizó
por la puerta trasera, la misma por donde había entrado apresuradamente para
dirigirse a la capilla. El maestro se marchó en ayunas de orejas y de la cola.
Sólo había conseguido llevarse el trofeo a la credibilidad de los
incondicionales. ¡Bravo, Mariano!
¡Que los dioses
nos conserven la memoria! Para recordar lo que nos dignifica y, si fuera
necesario, para disfrazar aquello que nos perturba. Como dicen, se atrapa antes
a un mentiroso que a un cojo. Habrá que ver qué efectos políticos tendrá la
sentencia definitiva del caso y si se resolverá el entramado. Las urnas no
parecen demasiado sensibles ni demasiado alérgicas a la corrupción, al
contrario. Por ahora, programando gloriosas tardes de corridas bufas con
toreros payasos tocados con barretina al estilo del torero bombero y sus enanos o la
banda cómico taurina del enpastre, Mariano y el PP tienen suficiente para
continuar entreteniendo al personal, olvidar la comparecencia en la Audiencia
Nacional y seguir siendo los más votados en la piel del toro.
¡Que continúe
el verano!