viernes, 28 de febrero de 2025

Trump y la chispa de la vida.

 

La torpeza de Trump contra Zelenski es de Record Guinness. Una imagen, un cromo, que ilustrará las enciclopedias animadas de cuando la geopolítica alcanzó los niveles más abyectos de cortesía diplomática, que sería el menos grave de los platos rotos en ese encuentro. Ha sido una demostración impúdica, de testosterona con calcetines sudados y sobacos malolientes. El presidente ucraniano ha pasado por Las Vegas y le han desplumado de malas maneras, exactamente como sucede en aquellas películas de vaqueros rudos que acumulan ases en la manga, intimidan, ganan la partida y sacan la pistola como una herramienta de persuasión que no admite razones. Es más, Trump ya le ha dejado claro que quien posee las cartas -es el dueño- es él, nadie más.

Al margen de quien tenga la razón y de quien ejerza el papel de víctima, los modales exhibidos por el emperador y su vicepresidente fueron para frotarse los ojos. Una partida de póquer con las cartas ya no marcadas, sino que el contrincante está obligado a hacer una apuesta con las tierras raras, los zapatos y el reloj pero sin una baraja ni opción de mezclar los triunfos. Una escena de casino donde la imagen de las cartas es muy adecuada para un emprendedor fallido en el sector del juego, Trump liquidó el negocio después de que tres de sus establecimientos se declararan en quiebra. Vistos los antecedentes no podemos descartar que el Despacho Oval, el epicentro de la presidencia en Washington y en el mundo, no acabe como el gallo de Morón, desplumado. Aunque el profeta que la acertó hace años fue el presidente Obama en la cena de los corresponsales de la Casa Blanca en la edición de 2011 donde dejó a Trump como un trapo sucio y le convenció que se presentara a la presidencia pese al riesgo de convertir al noble Despacho Oval en una ruleta -rusa-. 

Me figuro a la mitad de los americanos, los que le han votado y lo tienen como el ungido por los dioses del mercado libre con una banda de apóstoles quemando incienso en su honor, felices. Rezando y dando gracias a Dios antes de iniciar el primer gabinete presidencial con Musk de monaguillo decano. Muy satisfechos de tener a un hombre excepcional que sabe situar el Golfo de América en el mapa. Olvídese de los exquisitos indecisos, tienen el líder. El individuo único que no duda y que llama a las cosas por su nombre en apariencia sin tapujos. Sino grande otra vez, omnipresente. Los guionistas de culebrón ponen toda su experiencia para tenernos enganchados al siguiente capítulo en el que se superan con creces las facecias del día anterior. Es la estrategia de la barrabasada que se va magnificando cada tarde con trapicheos de guión en los que no falta la resurrección de personajes tenebrosos que han sido y han dejado huella en el siglo XX o de emperadores romanos que se permitían quemar Roma para acabar la temporada del serial histórico con el punto de intriga bien alto. Veremos si llegan al apocalipsis en un capítulo final dantesco que hoy Trump ya promocionaba para no perder audiencia, la III Guerra Mundial. A qué precio se venderán los últimos espacios publicitarios antes del pistoletazo de salida y de reanudar esta locura. Serán un anuncio vital de Coca-Cola como la chispa de la vida sin azúcar ni cafeína previo al definitivo y último spot publicitario, la promoción de apartamentos en primera línea del mar en Gaza.

De la utopía a la distopía. De las construcciones idealizadas de una sociedad que cree en la quimera y ensalza los ideales a una propuesta de realidad organizada de forma opresiva o totalitaria en un futuro que presenta las características negativas de la alienación humana. La distopía a menudo se define por la deshumanización, los gobiernos tiránicos, posguerras de grandes dimensiones -como la nuclear- los desastres ambientales y otras características asociadas con cataclismos y decrepitudes sociales, un mundo imaginario -o no tanto- en el que las personas llevan una vida miserable, deshumanizada y temerosa. Sociedades enfrentadas en las que todos viven contra otros controlados por alguien o por un grupo de elegidos con intereses desbocados. 

Me detendré en el aspecto formal o de estilo ya que las palabras hacen las cosas y naturalizan las aberraciones. Ha hecho fortuna el anglicismo woke -que rima con fake- promovido desde no hace demasiados años por los sectores conservadores y ultraconservadores de derecha y de extrema derecha en Occidente para designar a los movimientos e ideologías progresistas o de izquierda de manera despectiva. Los personajes woke iban trampeando hasta ahora asociados a la ficción, a las películas, videojuegos, series o libros que promovían los valores sociales “progres” como la diversidad racial, de género o de identidad sexual. Unas formas a batir o a devaluar bajo el liderazgo de Trump y de sus secuaces.

Ya me hizo abrir las orejas cuando el poco suficientemente ponderado -máster cum laude en serruchos-, Milei, ahora presidente de Argentina, disparaba la artillería a bocajarro contra el “zurderio de la Pampa. La última aportación intelectual de este personaje ha aparecido en un anexo de no hace justo una semana en una resolución publicada en el boletín oficial de la nación donde se definen los criterios médicos para medir la invalidez laboral. La agencia nacional de discapacidad argentina califica a los susceptibles en tres grados de discapacidad como “idiotas, débiles mentales o imbéciles”. ¡Una oda heroica a la diversidad!

La distopía solidificándose como un queso elaborado con leches crudas de procedencia diversa es tendencia y se ha hecho un hueco en la mesa de la geopolítica del siglo XXI y en el paladar de los votantes desencantados o desesperados. Un queso intenso, mohoso y con un extraordinario hedor que ofende el olfato. Un producto con personalidad de propiedades organolépticas inconfundibles. ¡Qué peste! Un artículo que ya se halla en muchos supermercados europeos con gran demanda que se ha fugado de la ficción para hacerse demasiado real y cruel. Ya apuntaban a distopías los aviones encastados en las Torres Gemelas o la predicción socarrona de Obama promoviendo a Trump a la presidencia. Ya fueron unas distopías potentes la ruptura de Gran Bretaña con la UE o la pandemia de la cual debíamos salir mejores. Aquello primo hermano de la ciencia ficción como género que explora las posibilidades imaginadas en la ciencia, la tecnología -la IA-, la sociedad y la vida del futuro, ya está aquí, bien real y de cuerpo presente.

Estos días únicamente parece que funciona con precisión, la alineación planetaria que no se repetirá hasta dentro de 400 años. Hay un proverbio rústico que dice “señales en el cielo, trabajos en la tierra”.

domingo, 23 de febrero de 2025

Ofrendas diplomáticas.

 

Pese a mi resistencia, no hablar de la imagen del día es casi imposible. Es un hecho que los mandatarios, cuando reciben a alguien con mucha rimbombancia mediática le ofrezcan un presente simbólico con una intensa y obligada carga emocional para el anfitrión como quien entrega un pedazo de corazón sin aliños -sin vinagretas- al homenajeado. Lo de regalar una copia hiperbólica de la llave de la ciudad es una ordinariez muy pasada de moda que ya sólo se practica en algunas cabalgatas de los Reyes Magos. Siempre hay una alternativa comestible, una golosina de las que se comen o se chupan. Por ejemplo, en todo caso queda bien que el Presidente del Consejo Comarcal del Ripollès obsequie a un insigne invitado -o estando él de visita- una caja de Galletas Birba de aquellas metálicas o que el Abad de Montserrat no se olvide del gran licor Aromes del Montserrat como un presente institucional consolidado.

Hoy la imagen de una de estas ofrendas diplomáticas se ha hecho muy visible -por inusual- en el encuentro entre Milei, el presidente argentino de las chapas criptográficas bastardas, y Musk, la mano derecha alérgica a las urnas del sheriff americano, en la primera jornada de la conferencia ultra en Washington. Milei, insigne visitante, podía haber optado por venir cargado de los utensilios y de la materia prima pertinentes para un asado selecto con casquería de vaca de la pampa argentina sazonado con un tarro de chimichurri. No sucedió así.

El argentino ha entregado al líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental una motosierra nueva de trinca, cromada y con cero kilómetros u horas de uso, que es cómo miden estos utensilios la vida útil mientras desbrozan y talan bosques de todo tipo y de calibre grueso. Un serrucho como un coche de lujo, sin duda el Rolls-Royce -o el Tesla- de las motosierras, que debe costar un capital comparado con una buena pieza de culata de ternera también llamada churrasco en Argentina. Musk ha berreado -blandiendo el arma de doble filo cual espada imperial toledana- "esto es la motosierra para la burocracia".

Que te regalen un pin, una placa con una inscripción, una planta o un ramo de flores -que son de mal acarrear a casa-, una esculturita discreta o una caja de Galletas Birba entra en los supuestos que podríamos clasificar de normales. Incluiré entre los presentes posibles nuestra longaniza -unidad de soborno administrativo de hace unas décadas-. Detalles que terminan en la panza del buey o en algún estante criando polvo y olvido. Pero un serrucho mecánico... ¿Qué haces con un serrucho? Conozco a algún talador de bosques que sí lo encontraría magnífico, que le regalaran un utensilio como éste con tanta calidad y de apariencia suntuosas. 

Me figuro este presente colgado en la cabecera del despacho del eficientísimo gran jefe gubernamental junto a un meteoro procedente de Marte. Dicen que este personaje y su equipo no presentan síntomas de desaceleración -ni el serrucho motorizado tampoco- cercenando bien de raíz el espeso bosque de funcionarios y empleados de la fuerza laboral federal estadounidense. Algunos que han sufrido o sufrirán la humillante experiencia se atreven a imaginar cómo puede ser la atmósfera hostil en estos despachos tras la incorporación de este artilugio. Sufren pesadillas con la torpeza gruñona del motorcito que embrutece con el combustible quemado la estancia encharcándose de sangre pastosa tras cada despido que un individuo con estética Freddy Krueger despacha.

Ciertamente, un artefacto además de poético, sensible.

 

 

martes, 11 de febrero de 2025

Entrada 500 a Miralls i Espantalls.

 

Ésta es la que redondea a quinientas las crónicas que se pueden leer en el blog Miralls i Espantalls. Una cifra redonda de la que no era demasiado consciente, ha sido echando un vistazo al historial de los artículos publicados que me ha dado cuenta casualmente de la efeméride. Publicaciones que comienzan regularmente en 2013 con un empuje inicial de cuatro por mes. A partir del 2019 la asiduidad o el ímpetu -más diluidos- se redujeron a tres publicaciones mensuales. A pesar de no tener ningún tipo de presión o plazo para entregarlas, he procurado -más o menos- respetar la cadencia a la hora de hacerlas públicas siguiendo este criterio, tres por mes. Ya excusarás mi empeño y osadía. (A partir del 2016 las entradas de Miralls i Espantalls las puedes leer en lengua castellana en el blog Espejos y Titiriteros).

 El seguimiento por parte de los que abrís la página -que no es garantía de que la leáis- se ha ido incrementando con el tiempo y vuestra paciencia. Unos datos que halagan en mitad de la imposibilidad de saber con exactitud quién lo sigue y desde dónde. Misterios inciertos en la magnitud de las redes a pesar de disponer de aplicaciones que analizan las visitas recibidas, el lugar o la entrada elegida. Me he dado cuenta comprobándolo que no son suficientemente fiables ya que en mi caso van al buen tuntún o a tientas. Sin embargo podría confeccionar una lista de aquellas personas que, como se dice, sois seguidoras fieles -yo prefiero calificaros de lectoras-. ¡Gracias a vosotros!

Antes de abrir el blog Miralls i Espantalls, una sugerencia reiterada, algunos escritos los remitía a un pequeño grupo de cómplices que no osaban hacer críticas atrevidas de aquellas que, como sujeto letraherido, te hunden en la miseria. Dar el paso, exponerse a las redes produce cierta prevención y al mismo tiempo vértigo. ¿Qué diréis, qué pensareis? A medida que ha ido evolucionando la tarea, el pudor -la vergüenza- con el temor a los errores formales de todo tipo, ortográficos, sintácticos -que los hay-, los he ido integrando como quien se habitúa a convivir con el escalón traidor de la escalera o el grifo que gotea.

He reflexionado que con los años me he convertido en una gota malaya -como la del grifo- imponiéndome una especie de disciplina que a menudo inquieta. Y ahora qué. ¿Qué escribo? Elegir el centro de interés, la temática, no siempre es fácil a pesar del pozo sin fondo en el que algunos políticos se lavan los pies salpicándonos. He procurado no insistir en la vida y milagros de los protagonistas que mandan. Sacar punta de continuo de estos personajes no ha sido mi voluntad aunque Trump nos lo ponga demasiado fácil y es, entre otras cosas, muy goloso. Insisto como suelo con los cercanos, aquellos que están casi obligados a leer Miralls i Espantalls poniéndoos en un apuro -A la próxima, ¿de qué hablo? -Tú mismo -acostumbrándoos a encogeros de hombros por respuesta o como mucho soltáis algo genérico propio de las portadas de los telediarios. -¡Tú mismo! -os reafirmáis -Lo empaquetas como haces, ya me entiendes, y ya está. Perseveraré, ¿dime de qué trato en el siguiente?

Así es como lo he envuelto -como un regalo virtual de cumpleaños- en este hito de los 500. ¡Por muchos años! Digamos que éste ha sido un buen pretexto para no agobiarme buscando un centro de interés que correspondería o no. De todo ello, creo, lo más significativo para quien escribe estas crónicas o artículos es como un texto sin ninguna ilustración ni ningún acompañamiento -sin unas patatas fritas, unos pimientos asados o unas alcachofas crujientes- que la tecnología actual permite tenga una retahíla de visitas gratificantes, en algunas de las cuales os permitís hacer aportaciones, comentarios o correcciones. ¡Gracias! Porque leer un texto sin ilustración alguna ni tropezones tiene mérito en un mundo de fuegos artificiales y de colorines sonoros.