sábado, 30 de noviembre de 2024

Fuera rosarios de nuestros ovarios.

 

Uno de los salones de plenos del Senado, en Madrid, ha acogido la cumbre antiabortista internacional. El PP, con mayoría absoluta en esta cámara, ha sido el anfitrión de lo mejor de cada casa en cuanto al encuentro de ultraconservadores que se han reunido allí. Ha recibido al resto de personajes y ha presentado el acto quien fuera ministro en los gobiernos Aznar, Jaime Mayor Oreja. Que un acto de este tipo se celebre en una institución como el Senado chirría.

Ya perdonareis mi ignorancia en materia de cámaras, altas o bajas, pero la percepción de aquellos que, como yo mismo, no hilamos demasiado fino en las atribuciones y funciones de este órgano, tenemos la concepción -seguramente errónea- que juega en la segunda división política. La abstención del electorado, que suele ser significativamente superior respecto a la del Congreso de los diputados, debe avalar esa sensación de cosa no demasiado trascendente. En las actuales circunstancias el Senado ha recuperado protagonismo debido a la mayoría de derechas que ostenta y se hace valer entorpeciendo procedimientos, estirando plazos para resolver sin prisa lo que no puede cambiar con tácticas de segunda división regional. Ya me disculparan los aludidos, pero la ciudadanía no demasiado informada votamos como quien deposita flores por Todos los Santos en un homenaje a algunos paquidermos que reposan en un cementerio de elefantes.

 Me atrevería a confirmar que si un pacto extraordinariamente poco posible decidiera prescindir del Senado, el mundo político seguiría rodando. Una cámara de representación territorial que vuelve a chirriar, en otro orden de cosas, cuando las lenguas cooficiales como el catalán tienen un uso restringido o “delimitado”. Los engranajes de la maquinaria rechinan en actos como el celebrado hoy. El partidismo, al menos estética y formalmente excluyente, es regresivo contra los derechos sexuales adquiridos de las mujeres y la libertad para decidir plenamente sobre su cuerpo.

El encuentro se ha iniciado a primera hora de la mañana con una misa -¿en latín? Espero que la celebración no haya exacerbado más los ánimos cuando las propuestas de algunos ya son de máximos para la vida terrenal. "Pena de muerte" a quien decida interrumpir voluntariamente el embarazo. "Castración" de las personas homosexuales. Hay que inferir que en el sermón litúrgico previo se habrá condenado a las brasas del infierno eterno a las pecadoras que no serán dispensadas ni mediante la confesión o los actos de contrición y de penitencia que pudieran derivarse.

En la cumbre, los vicarios y los monaguillos han anunciado y consagrado la derrota del aborto libre afianzado tras la victoria del gran mesías Donald Trump, quien "ama la vida -o la silla- con fuerza". Mayor Oreja ha asociado el aborto con la esclavitud, como la eutanasia, el género y la diversidad familiar. Ha dicho con aplomo filosófico que la existencia terrenal no se escoge a la carta, sólo hay un menú con platos únicos que alimentan exclusivamente el concepto antropológico -el suyo- de la persona entendida como es debido.

En las cercanías al Senado un grupo de activistas protestaron con pancartas a favor del derecho al aborto. Gritaban "Fuera fascistas de las instituciones" y "Fuera rosarios de nuestros ovarios" mientras el grueso de los asistentes a la cumbre oía misa. 

¡Qué dios nos coja confesadas y libres de todo pecado! ¿Si quieren gestionarnos la vida de qué no serán capaces?

 

domingo, 24 de noviembre de 2024

El plátano más caro del Universo.

 

Hoy se ha vendido el plátano más caro del mundo, uno pegado con cinta adhesiva en una pared blanca de la galería -sin marco alguno-, por seis millones de euros. ¡Sí, seis millones de euros! El autor se llama Maurizio Cattelan. La subasta del objeto artístico tuvo lugar en la reputada casa Sotheby's de Nueva York. El comprador es un empresario chino, Justin Sun. Éste recibirá el plátano, la cinta adhesiva que lo sostiene y un certificado de autenticidad con la recomendación del artista y de la casa de subastas de renovarlo más o menos cada semana dependiendo de la maduración del objeto y del color negruzco cadáver que va adquiriendo puesto que se trata de una obra de arte viva. Antes los cuadros y las esculturas sólo acumulaban polvo, ahora enmohecen y se pudren. Me imagino una naturaleza muerta de este Cattelan con un surtido de frutas o piezas de caza menor colgadas con cinta de embalar en cualquier comedor de un multimillonario sensible: mucha hediondez con un congreso de bichos depredadores y de moscas azules de la carne expertas en arte conceptual.

A la tercera va a la vencida. Esta subasta millonaria ha reavivado la polémica que ya provocó en 2019 en una feria de arte en Miami donde Maurizio ya presentó el plátano ingrávido en versiones anteriores de este Comedian -un título sin eufemismos para la obra- que ya se vendió en esa ocasión por más de cien mil euros. Entonces, en Miami, otro artista envidioso se zampó uno de los ejemplares expuestos.

Confirman los rotativos y las redes que este Justin Sun, el privilegiado nuevo propietario de la obra, trafica en bitcoins, la criptomoneda descentralizada incorpórea al margen de los bancos centrales -como este plátano comediante haciéndose un sitio nada marginal en el mercado artístico-. La vertiginosa valorización de esta moneda tras el triunfo de Trump habrá propiciado que al empresario chino le chorreen los bitcoins por las orejas. ¡Calderilla! Emulando al asesor de Trump, Elon Musk, que también se ha decantado por la estética fálica en los cohetes, el señor Sun lo ha hecho por los plátanos, de morfología más doméstica y terrenal. Una tendencia -un patinazo artístico- que puede reventar la cotización con una burbuja del plátano en la bolsa internacional y en la mesa cotidiana. ¿A cuánto puede llegar a cotizar el kilo de plátano? ¿Cuánto cotizará esta magna obra el día que se revenda?

Para garantizar la fidelidad con el modelo primigenio debería saberse a qué categoría pertenece esta fruta estelar. ¿Es un plátano, una banana o un banano macho? Por el precio podría tratarse de un raro y excepcional ejemplar albino. Algunos, cercanos a nuestro imaginario gastronómico, hallan un punto subliminal castrista asociado a la modalidad que se sirve de arroz blanco a la cubana. No cabe descartarlo en un multimillonario de la República Popular China comunista dedicando un guiño a la República hermana de Cuba, el estado socialista de los trabajadores ensalzados por un ejemplar de seis millones de euros en una jugada de estrategia bananera. ¡Viva el plátano libre!

Volviendo al fondo de la cuestión, situándola en los estantes de la historia del arte -o colgando esta obra- de vecina de los grandes genios nos sorprende. Este hecho ya hablaría a su favor por el impacto que debe causar lo genuinamente artístico, un buen puñetazo en el estómago -en este caso- del minimalismo emocional y a la vez ejecutivo de una fruta prosaica con un trozo de cinta adhesiva como una trampa vulgar de piel de plátano en las esquinas de la temeridad ya que detrás de este Comedian sólo existe la posibilidad de resbalarse por las pendientes de la absurdidad chapucera.

Añadir al catálogo de los genios del XVII transitando por los del siglo XIX y del XX con Goya, los impresionistas franceses, Picasso, Miró, Andy Warhol, Dalí, Jackson Pollock, Tàpies y el larguísimo listado de artistas que han sido y son todavía referentes cuesta. Se nos hace raro incluir esa merienda austera que un vigilante de la galería ha colgado como un chorizo para no perderlo de vista. El puñetazo transgresor de este plátano va más allá de la ruptura causada por los istmos que buscaban trascender y romper los límites aceptados. Tan difíciles de captar que a menudo era más larga la literatura que los pretendía explicar que la obra en sí misma que podía admirarse. Eran años de grandes manifiestos intentando desentrañar los esenciales rincones del arte abstracto o del futurismo.

Ya mencioné en una entrada a este blog de noviembre de 2015, Reciclando arte, que << el responsable del Museo de Arte Contemporáneo de Bolzano –Italia del norte- sufrió una conmoción cuando las obras de una muestra expuestas en una de las salas había desaparecido. Se trataba de una representación del hedonismo, el consumo y de la especulación financiera de la escena política italiana en la década de los ochenta. La obra de arte sustraída era un montaje dispuesto en la horizontalidad del suelo de la sala, que explicado sin la grandilocuencia propia del catálogo del museo y de la crítica entendida viene a ser que se trata de muchas botellas vacías tumbadas y de restos de confeti al azar. El artista pretendía reproducir el paisaje de una fiesta concurrida, el campo de batalla aterrador del día siguiente cuando toca poner orden. Representa que el vino, el cava y el licor se habían agotado. Que la alegría volátil del confeti ha aterrizado. El desenfreno inmortalizado en una naturaleza muerta dibujada en una textura de resaca, desbarajuste y mucha colilla a medio consumir. Realismo social para tiburones de las finanzas cuando termina una celebración sin reparar en gastos. Tan real como la vida misma con el punto etílico personificando el hedonismo, el placer que conllevan el consumo y la especulación cuando somos expendedores al por mayor. Descartadas la mafia siciliana y la napolitana, la seguridad del museo se decantó por una presunta acción terrorista. Afortunadamente todo se puso en su sitio –menos el desaguisado de botellas vacías y el confeti mugriento y descolorido- cuando apareció Annunziata, la mujer de la limpieza que había baldeado a fondo y lo había tirado todo a la basura. Avezada a ordenar las salas donde celebran las inauguraciones dedujo que en esta última se habían excedido. El crítico de arte, Vittorio Sgarbi, apoyó el criterio de Annunziata diciendo que “si ella creyó que si se trataba de basura y desperdicios, significaba que lo eran” >>.

Una gran lección teórica, como de física cuántica pero aplicada a los mercados y al comercio al por menor, la pude escuchar en boca de un personaje que parecía del gremio del calzado frente a un escaparate de zapatos singularmente estrafalarios, anómalos y de dudosa estética que comentó a la mujer, que también se los contemplaba asombrada: “La mierda, para venderla, ha de ser muy cara”. Yo no quiero ser tan categórico, añadiría que esta comedia es una gran metáfora de los tiempos que corren.

 

lunes, 11 de noviembre de 2024

Gato a la barbacoa.

 

Un noviembre raro, éste, que no pasará desapercibido en los registros históricos de la meteorología, se ha ganado un lugar preferente en el cuadro de honor en el que figurará retratado con ademán huraño y amenazante. No será recordado por el sosiego ni por la delicadeza de un pintor de campo complaciente con los marrones oscuros de leves pinceladas amarillas, anaranjadas o de rojo marchitos. Este noviembre ha sido el de la gota fría que ha provocado el colosal desastre en el Levante peninsular. Colores fríos manchados de luto y de vergonzante incompetencia política.

Un noviembre singular, catastrófico, magnificando el efecto anaranjado -zanahoria- por el ascenso formidable a la condición de emperador global del viejo conocido Donald Trump, un político otoñal, que ha arrasado en Estados Unidos. Este mes también será recordado por ese momento electoral percibido como la gota fría huracanada que ha sacudido al país y de paso al mundo. Cuatro años de trumpismo dando la vuelta a la política de la gran potencia que preludian incertidumbre. ¿Por dónde saldrá, qué determinará, qué consecuencias tendrá el mandato de este personaje?

En TV3 -ahora 3Cat- se pudo seguir la noche electoral -¿excesiva?- en directo de cabo a rabo desde los puntos calientes, donde habían desembarcado las vacas sagradas de la cadena, durante el recuento de los votos emitidos. Nadie preveía un proceso tan inmediato y definitivo. Tomando el primer café a la hora de aquí ya conocíamos que Trump había teñido de zanahoria a la mayoría de los estados. Las encuestas no acertaban el codo a codo pronosticado. Ha ganado con un aval -como dicen algunos analistas- más de rey absoluto que de presidente al que se pueda contener con las medidas y mecanismos que unos resultados más ajustados permitirían. Tiene mérito, pues, esta victoria por goleada del partido republicano fagocitado por el protagonismo mesiánico de un personaje siniestro al que asisten todas las formas caprichosas de un malcriado soberano incuestionable.

La perspectiva ultramarina no se debe ajustar a la que tenemos -o nos han vendido- en la Vieja Europa. Quien sí alaba o mira con agrado el ascenso de Trump en esta otra orilla del Atlántico es la derecha más rancia que suspiró alentada y lo celebra con champán, como el húngaro Orbán, que ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea. El resto o la mayoría de líderes de la Unión Europea han tenido que pasar por el aro felicitándole ofreciéndose a continuar colaborando. Trump es el espejo, el referente paradigmático, de los príncipes autoritarios, los que quieren imitarle con un desafío que ya ha florecido y crece en los países comunitarios mientras la izquierda sobrevive retrocediendo por el desapego -desesperanza, frustración o desencanto- del electorado que se aferra a un hierro al rojo vivo del cual chorrean las falsas promesas o los engaños del populismo que promete obtener peras del olmo. 

Las mujeres no se movilizan lo suficiente. Por segunda vez, ni Hillary Clinton entonces, tampoco Kamala Harris ahora, logran imponerse a un hombre que denuncia que hay estados que practican una dieta proteica de gato en la barbacoa o de chucho a la plancha con mostaza. Lo certifica bien convencido porque puede hablar con certeza quien los ha servido en persona luciendo el uniforme de gala en McDonald's. Un líder que se vanagloria de ser capaz de disparar contra el personal en mitad de la Quinta Avenida -como la Rambla de las flores versión New York-, ya que no le dejarían de votar. Este presidente convicto lo tiene probado con el asalto al Capitolio en el que hubo cuatro víctimas mortales. Actualmente condenado por una retahíla de penas judiciales que no le han pasado factura obtiene rendimiento con carteles de campaña o camisetas, merchandising electoral, reproduciendo la desafiante fotografía de la ficha policial.

La América de horizonte zanahoria ha seducido el voto latino pese a una de las promesas estelares contra la inmigración. El portazo en la frontera o la expulsión en masa de inmigrantes no han sido relevantes en las urnas. La solidaridad no luce lo suficiente cuando el fenómeno es percibido como una amenaza al puesto de trabajo de algunos latinos ya establecidos. Medidas con discursos comprensibles y simples, populistas, que también han dado la vuelta a la tendencia de voto de lo que podríamos llamar el cinturón de hierro oxidado. Las promesas de volver a hacer América grande otra vez son golosas. Esperanzas que hacen blanco en las emociones cuando la ideología se vuelve prosaica fundamentándose en lo que cuenta, en cargar el carro en el supermercado o en llenar el depósito de combustible.

Vuelve Trump, un gato escaldado, enalteciendo la revancha con una purga de funcionarios. No dejará títere con cabeza. Un noviembre raro, como decía, con un Trump prenavideño consolidado.