martes, 30 de julio de 2024

París 2024, lanzamiento de piedra.

 

La innovación del formato en el acto inaugural de los juegos olímpicos de París ha sido ciertamente rompedora. Nos ha descolocado también a quienes teníamos la certeza que la torre Eiffel integraría la llama olímpica como una chimenea industrial rediseñada para destilar el fuego sagrado. No fue así. La opción de que el pebetero olímpico sea un globo similar al que se elevó en el mismo lugar, en Les Tulleries, en 1783 mientras Céline Dion renovaba la Piaf considero que es uno de los aciertos más afortunados de la ceremonia.

¡París! La ciudad de la luz y del amor. ¡París! La sede de los juegos olímpicos del 2024, el epicentro de la élite deportiva, pasada por agua durante la larga ceremonia de inauguración. Asistir desde el sofá de casa con un chaparrón baldeando los adoquines de mayo del 68 nos impregnaba también la melancolía en medio de la soledad de postal casi apocalíptica que nos ofrecía la ciudad en este epicentro mientras los relevistas finales se aproximaban al globo que sublima y caldea los recuerdos de cada uno de nosotros respecto de París.

Un punto y aparte ciertamente distinto. Por primera vez no se celebran en un estadio recluido y bien acotado. El Sena, la gran serpiente acuática que repta por París fluía majestuosa meciendo golondrinas fluviales cargadas con las delegaciones nacionales -la parte más soporífera de la ceremonia-, una flota abigarrada de diverso calibre a mi juicio con una carencia significativa, las sostenibles gabarras a pedales. El ondear entusiasta de banderas se ha hecho largo como un día sin pan. Demasiados artefactos de río cargados con una constelación estelar musculada de niños convulsos que se van de vacaciones.

Una ceremonia a cielo abierto -difícil de custodiar- se ofrecía a toda la ciudad. También las sedes de las diversas modalidades esparcidas por toda París. Un concepto original que no ha podido sustraerse al formato documental de anuncio chovinista previamente grabado que costaba integrar mientras los fotogramas se cobijaban en impermeables de todo a un euro de las salpicaduras, del guirigay de la marina fluvial y de la inoportuna tormenta persistente que empapa los principios revolucionarios ensanchados por la paridad de género y con la sororidad.

Una de las novedades que he celebrado, la ausencia destacada en la pantalla de los notables presentes en los palcos de honor, los dignatarios han sido ostensiblemente ignorados. Las cámaras en directo no se han prodigado. Sólo Emmanuel Macron -abucheado por una parte del público presente- mientras declaraba inaugurados los Juegos Olímpicos de París 2024, ha tenido el protagonismo protocolario breve que correspondía. Este monumental negocio mediático no está por lecturas geopolíticas significadas ni personificadas. El equilibrio y la comprometida situación global son mucho más delicadas que el lugar que se les asigna en el palco y junto a quien, todo un puzle cargado de formalidades y de perfumes franceses.

La Francia actual políticamente incierta ha proyectado al mundo la tierna imagen de acordeón romántico políticamente correcta combinada con la versión desgarrada -irreverente y blasfema para algunos franceses- de una heterodoxa santa cena transformista. Hemos asistido también a la recreación aséptica de una testa guillotinada participe de la algazara inaugural. Podríamos decir que pretendía ser el manifiesto de una parte de la Francia incierta -la parisina- sublevándose. La simulación de la última cena de Leonardo da Vinci en la performance protagonizada por drag queens ha levantado mucha polvareda entre algunos grupos religiosos -también en la iglesia católica francesa- que la han considerado una “burla y mofa del cristianismo”.

Estoy por asegurar que Leonardo no se inspiró en una exuberante apóstol barbuda. La cuestión es si algunas personas no pueden llevar el agua a su molino en asuntos de trascendencia espiritual o celebrar la tolerancia, aunque sea desde la provocación artística. Puestos a hilar fino también estoy casi seguro de que no hay demasiadas personas -ni instituciones- que puedan permitirse lanzar la primera piedra.

¡Qué vertiginosos, sin embargo, se suceden también los años olímpicos!

 

domingo, 21 de julio de 2024

La hoja de cálculo Microsoft de San Pedro.

 

 Cuando practicábamos la contabilidad del gancho, lo de colgar las facturas y los recibos con una disposición rigurosamente cronológica aplicando el criterio de llegada, si una ventolera nos los descarriaba, no se paralizaba el sistema contable de los vecinos. Hoy un problema informático, que ha afectado a Microsoft, ha desatado una avería masiva en empresas de todo el mundo. Aeropuertos, trenes, medios de comunicación, hospitales o bancos no han podido operar. Los síntomas de esta pandemia global pueden concretarse en lo que los entendidos informáticos llaman “la pantalla azul de la muerte”. Algunos conocemos sus efectos cuando el ordenador no acaba de arrancar, la pantalla se vuelve azul y aparece un breve mensaje críptico en inglés, desgraciadamente es un epitafio informático. Por experiencia diría que suele coincidir con el momento en el que debemos plantearnos renovar la máquina. Hoy ha sido una excepcionalidad, un mal de muchos, que ha infectado también a los ordenadores en rodaje recién salidos de la caja.

El desespero de los pasajeros en los aeropuertos ha sido la tónica más visible del día. Compañías con las persianas bajadas, falta de información, retrasos y anulaciones que éstas se han sacudido de encima. Ellas no son las causantes del problema y las indemnizaciones que corresponderían no les conciernen. Un frenazo en la movilidad, en las finanzas, a los servicios médicos que a lo largo del día de hoy se han ido recuperando paulatinamente. Se ha visto cómo las tarjetas de embarque se expedían a mano, a bolígrafo con un sello de cuando los topetazos de tampón eran la percusión y marcaban el ritmo en las administraciones. Los privilegiados que pudieron esquivar las dificultades lo hicieron regresando a la obsoleta contabilidad del garfio. Tienen tarjetas de embarque nostálgicas para enmarcar.

Por suerte, dictaminan los muy optimistas, el fallo masivo no ha sido obra de los malintencionados, el problema se ha originado en una actualización defectuosa del software de un proveedor que debería garantizar precisamente su ciberseguridad. Ironías de la tecnología que puede resultar muy perversa provocando auténticas catástrofes no naturales en la vida cotidiana de los afectados. Desastres ajenos al cambio climático que conllevan subidones de inquietud, de nerviosismo, caos y colapso con un desbarajuste de proporciones formidables. ¿A los usuarios particulares, sardinas solitarias a la deriva recluidas en una lata o escabechadas, nos podrán garantizar la seguridad razonable cuando navegamos por estos océanos atestados de tiburones y tramontanas? Todos podemos ser vulnerables.

Una vulnerabilidad susceptible de ser expuesta en la medida en que la información que circula por las redes y la personal, desde un breve mensaje de texto a un correo electrónico con los ficheros adjuntos que puedan contener, escapan a la pretendida confidencialidad de las datos de la que hacen bandera las compañías que la gestionan. Empresas multinacionales de informática, como Microsoft, una de las cinco compañías estadounidenses que controlan la tecnología de la información. ¡Qué poder no tendrán! Conocen nuestras preferencias, pueden propagar -rentabilizar- las intimidades, las debilidades y las tentaciones. Pueden dar fe, por decirlo mística y comprensiblemente, de todos nuestros pecados.

Quién no ha tenido la sospecha de que todo lo alojado en el pozo de esta virtualidad permanece inalterable en una insegura nube fisgona. Volviendo a la época gloriosa de la contabilidad del gancho, esto de ahora se asemeja un poco al secreto de confesión que comprometía a aquellos sacerdotes inquisidores que hurgaban tenazmente en el decálogo de los pecados presuntos -o cometidos deliberadamente-. No me sorprendería, si ya no se está verificando ahora mismo, que San Pedro en las puertas del cielo disponga de una hoja de cálculo Excel de la casa Microsoft con los tuits censurables que nos pueden cerrar el acceso al cielo de los justos. Allí, haciendo cola para acceder, seremos vulnerables ante una presentación minuciosa y sugerente de los episodios biográficos -una especie de tabla de logaritmos unipersonales- que nos pueden comprometer. Vete a saber si algunos de aquellos que hoy querían remontar cielo arriba para aterrizar en el paraíso de las playas de Mallorca no han pagado la penitencia por una vida poco ejemplar.

Lo que me preocupa -la aduana de Sant Pedro también- es que el ensayo de hoy, que ha provocado el fallo masivo de los servicios informáticos, se repita con intenciones más diabólicas y no causados por negligencia o ineptitud. Pensar un colapso sin datos bancarios en la bancarrota del plástico, sin semáforos regulando las encrucijadas, sin datos médicos ni aspirinas en los estantes, vacíos de los productos básicos de todo tipo, proyecta un panorama escalofriante.

¡Que San Pedro nos coja confesados!

domingo, 14 de julio de 2024

Saraos de verano. ¡Gol de Yamal!

 

¿Qué localidad no cede a la tentación de inventarse un evento veraniego? El mes de julio es el período en el que se concentran preferentemente estas   manifestaciones aderezadas con cierta pátina cultural o deportiva para distraernos en medio del aburrimiento trasudado con un mojito para aportar humedad ambiental. La diversidad, a elegir, es magnífica. Algunos consolidados repiten y vuelven edición tras edición como las golondrinas y los vencejos. Otros son de oportunidad corta, nacen, anidan y se agotan sin capacidad para reproducirse cíclicamente.

Los de gran repercusión y prestigio anual definen la temporada. El Tour de Francia, por ejemplo, es el hito clásico ideal para una buena siesta de sofá ya que nos mece a golpe de pedal desencuadernándonos el costillar sólo con mirarlo por televisión. Se hace extenuante seguir la evolución de la serpiente multicolor -un tópico sudado de comentarista como un julio con mojito- que trepa por un puerto de primera categoría impracticable bajándolo a velocidades de vértigo. La ciencia nos tendrá que explicar cómo podemos transponernos contemplando el serial deportivo que nos aturde y a la vez nos mantiene enganchados y pendientes del siguiente capítulo, la contrarreloj o el esfuerzo final para llegar el primero en cuanto nos sacudimos el amodorramiento y recuperamos la dignidad vertical.

Siguiendo el hilo por coherencia deportiva no podemos olvidarnos de la Eurocopa o de la Copa América de fútbol, ​​eventos de año bisiesto como las Olimpiadas de París que son de cadencia larga y espaciada. Hoy he asistido a la discusión apasionada sin malicia por parte de un partidario de Yamal contrastándolo con Mbappé cuando se las tengan que ver en la liga como jugadores del Barça y del Real Madrid respectivamente. -Cromos y camisetas, ¡no sacareis nada más! -presagiaba el culé alegando que desde Mataró se ha tocado el cielo y la gloria con un certero chupinazo parabólicamente enroscado. ¡Gol de Yamal!

Saraos de verano protagonistas también del batacazo in extremis en tiempo de descuento en los comicios franceses que han torpedeado desde el punto de penalti la mayoría de Marine Le Pen y de sus secuaces. Hay que reconocer el acierto y el compromiso del Kylian Mbappé y de otros gladiadores de la selección francesa animando a la participación para combatir lo que representa la formación Reagrupament Nacional de la rubia peligrosa.

En la Eurocopa Lamine Yamal y Nico Williams son las notas alegres y efectivas de color en la Roja que pasea orgullo y victorias en Alemania desconcertada por una cuadrilla de toreros chalados -como una chirigota gaditana- que custodia a los aficionados hispanos. Por fuerza habrá quienes militen en la nostalgia precaria de cuando nuestros abuelos con boina y camisa blanca abrochada hasta el gaznate migraban para ganarse la vida. Se ha visto a los descendientes paseando orgullo y raza vestidos de toreadores en la versión futbolística de una Carmen de Bizet adaptada al césped del Múnich Arena donde pastan toros melancólicos con cuernos de nácar y donde los jóvenes oficiales napoleónicos sueñan con gitanas hermosas. ¡Gol de Yamal!

Por coincidencias de calendario en el charco veraniego ultramarino se disputa la Copa América de fútbol. Cuenta con Messi despidiéndose de las pelotas mientras Biden en el banquillo le observa, calienta y hace estiramientos con mucha cachaza y cuidado de no lesionarse y de no confundirse de portería. ¿Será este jugador, la encarnación divina del fútbol en la Tierra, quien se le habrá aparecido en persona para pedir a Biden que lo deje estar?

En Canarias, en clave nacional, los alisios favorecen los deportes náuticos y la llegada de criaturas no acompañadas a los puertos de la esperanza. Un festival poco lucido que desborda los recursos y ha sido la gota que ha colmado la cohabitación por la distribución de estos niños entre el PP con Vox en las comunidades donde gobernaban juntos. Algunos cargos se han declarado en rebelión. Otros, como el paradigmático torero jubilado Vicente Barrera, ha sido borrado de la vicepresidencia que ostentaba Vox, la de Cultura y Deportes, en la Comunidad Valenciana donde Carlos Mazón, el presidente, lamenta tan significativa pérdida para la civilización. ¡Gol de Nico Williams!

Este mes, julio, concentra las convivencias en los casales de verano o en las colonias convirtiéndose en el recurso para liberar la presión a las familias sin abuelos -o con abuelos con criterio- por el exceso de ocio que vienen a adoptar a las criaturas huérfanas de actividad escolar. Los más privilegiados aprovechan para mejorar el inglés, un pretexto para explorar mundo y al mismo tiempo descubrir el sabor amargo de la nostalgia de un exilio familiar que nos hace entender la alegría por el regreso de aquellos que tuvieron que marcharse a Suiza, meses -seis años en el caso de Marta Rovira-. Hoy han cruzado la frontera sin ser detenidos unos presuntos terroristas exculpados por un asunto de procedimiento legal torpe. ¡Bienvenidos!

Podríamos alargar los saraos de verano con peste de plomo y hedor a pólvora. Desgraciadamente la guerra, el horror y la destrucción -la muerte asesina- no son estacionales y duran años. ¡Gol de Putin, un cañonazo incontestable -según el analista- a pase de un cabezazo oportunista de Netanyahu en el área de Gaza! Donald aguardando el cambio en la banda.