jueves, 30 de noviembre de 2023

Platos con estrella.

 

La liga de los fogones, patrocinada por Michelin, ha celebrado en Barcelona, ​​consagrada como epicentro culinario, la final en la que se han entregado los galardones con los que se reconocen los mejores restaurantes. En los templos sagrados de esta cocina estrellada confluirían, según el manual de la competición, la calidad de los ingredientes, la armonía del sabor, el dominio de la técnica, la personalidad del chef irradiada en los fogones, la regularidad en el tiempo y la propuesta resultante en su conjunto.

El ascenso al cielo salpicado de estrellas es un enigma que nos llega ya resuelto. Los de Michelin te acompañan por los lugares, marcan los hitos y rotulan las puertas. El itinerario no tiene pérdida, menos en la era del GPS. El misterio para los inexpertos es cómo ingeniárselas para que un señor, un buen día, haga una reserva en el establecimiento que quiere figurar en la Vía Láctea de los selectos reconocidos. Sospecho que en todas las recepciones de los restaurantes con ínfulas, tras la puerta de los guardarropas, están colgadas las fotografías de los presuntos inspectores que validarán la visita o la condenarán a la postergación. Personajes oscuros como los caza recompensas anónimos de las películas de vaqueros con el tenedor y los sentidos bien afilados buscando la discreción. Sin embargo, les delata la soledad y la falta de entusiasmo que destila del punto de funcionarios grises que deben trajinar. Una actitud que les marca -y les señala- porque tampoco suelen dejar propina.

El relevo al firme prestigio francés, parisino, lo inició el nuevo pontífice Ferran Adrià y sus acólitos. La sede de los hermanos Roca se ha consolidado como el cardenalato de la cocina gerundense. Estrellas, ambas, que brillan más que el sol en el santoral de los fogones. Este nuevo culto tiene un regimiento de fieles que se inician en el ritual con la reserva. Un proceso complejo para ser admitido en un apretado calendario de celebraciones que por imponderables del servicio puede variar a conveniencia del establecimiento. Una reserva que, una vez alcanzada, comporta el adelanto a cuenta que cubre el gasto en materia prima en el caso de anulación. Hay reservas que superan el año o más de espera.

La romería a estas eclosiones sensuales se fundamenta en una devoción única que la emparentaría con los coleccionistas de cromos singulares. Una especie de exclusiva numismática comestible que destierra por razones obvias a los clientes habituales. Me pregunto si algunos de los comensales son de menú diario y se sientan en la mesa que ya tienen reservada a perpetuidad. Me temo que no figuran o, de existir, subsisten en un mundo muy excepcional, ya que se deben contar con los dedos de una mano.

Los templos -las catedrales- de esta alta gastronomía por exigencias del ritual tienen rasgos en común. Deben tener espacios acomodaticios y holgados entre mesa y mesa que favorezcan la discreción y la maniobra estratégica entre los profesionales de sala, personajes indispensables y bien adiestrados para servir los platos. Una mención especial se merece el gremio de los alfareros que abastecen de platos y recipientes de lo más creativo y sorprendente donde depositar la variedad abrumadora de manjares que salen de la cocina. Una auténtica retahíla de catas minimalistas que pueden llegar a no concretarse en el paladar, hay aromas para aspirar con una delicuescencia poco contundente de plato, como para tomar pan y mojar en el aroma.

Un festín de mezclas que comprometen todos los sentidos que requiere un manual de uso, una especie de repertorio de conceptos que el personal recita fervorosamente en cada entrante. Como unas vidas de santos aliñadas con los diversos milagros atribuidos que se guisan en un altar con fogones donde los ingredientes se transforman en el cuerpo místico de una aceituna esferificada. Cosas de la fe siguiendo itinerarios sensitivos de mar, montaña o de otros escenarios sorprendentes asociados a un sabor, aroma o color.

En la red de lugares, como un camino de Santiago del cocido posmoderno, las rutas posibles todas confluyen y deben concretarse en un momento imprescindible, la aparición del artífice, del chef en persona, que oficia en la hora de la despedida un ritual de acercamiento disfrutando del reconocimiento y donde se deja retratar con una magnífica sonrisa beatífica de gratitud rodeada por un ejército de profesionales y de becarios haciendo méritos para el currículo. Son los protagonistas, los escogidos que trabajan en la cuerda floja de una cocina a la vista, tan transparente que parece que no escondan ninguno de los secretos del éxito.

Como toda actividad, como todo espectáculo –que lo es– los platos con estrella tienen sus detractores, los partidarios de los huevos estrellados o del plato hondo. También quienes creen que en esta sociedad del bienestar progresa aquello sin utilidad porque algunos salen con hambre. Puro alarde para papanatas gastronómicos que disfrutan con platos del diámetro de una rueda de bicicleta con una reducción donde el canard ha levantado el vuelo y sólo ha dejado un pequeño círculo sospechoso como un nido minúsculo lleno de plumas.

Una experiencia, dicen, que concluye en el momento de pagar la cuenta que llega dentro de una cajita, como los baúles en miniatura donde los piratas guardaban los tesoros. La vivencia sale cara, muy cara. Más aún si se ha cometido la temeridad de acompañar la docena de platillos con el vino que proceda. Lo que llaman el maridaje respecto del cual el sumiller te asesorará. El momento más delicado no es el de la elección de los vinos sino el descubrimiento de que el maridaje más remoto y difícil de conciliar es el que afecta a la tarjeta de crédito.

¡Buen provecho!

 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Tendencias capilares.

 

Día cargado de noticias relevantes. Dicen que Franco murió hace 48 años. ¡Cómo pasa el tiempo! O no, porque su herencia sigue vigente y con un predicamento reavivado como una rosa en las manifestaciones de estos días en Madrid. Viví la media verdad -por lo que se respira- en una Toledo imperial y compungida, cuando Arias Navarro anunció la muerte por erosión física del dictador. Profético el veredicto de dejarlo todo atado y bien atado -aunque espero que no esté en el saco-.

El franquismo, huérfano de su caudillo, aún de luto, pretende una exhumación chapucera de aquellos métodos sin filigranas ni eufemismos, sin esconder ningún as en la manga. Seria necesario otro puñetazo firme y sin escrúpulos para poner las cosas en su sitio a los que, según los fascistas nostálgicos, pretenden instaurar una dictadura. La España de la calle Ferraz sigue protestando contra el autócrata que ha vendido la nación a los separatistas, que ha arrebatado al gobierno, ha roto la separación de poderes y la igualdad entre regiones y españoles. Quién puede rebatir estas acusaciones que noche tras noche, como un coro de tragedia clásica, aclaman desgañitándose un grupo reducido de manifestantes que cuestionan a los policías que les tratarían con cierta exquisitez si comparamos la actuación de las fuerzas del orden público con el despliegue y la contundencia con que actuaron en Catalunya el 1-O del 2017. No les deseo que a las consignas copiadas, muchas idénticas, de las que se proferían en las calles durante el procés, la policía emplee enérgicamente la misma eficacia que desplegó en la periferia del centralismo.

El autócrata hoy ha anunciado el gobierno que debe apoyarle en esta legislatura que se prevé convulsa. Según la legítima oposición de pleno derecho, el presidente se habría olvidado ya no de designar sino de mencionar al otro presidente prófugo en el exilio, el que manda -según denuncian- de verdad.

 Veremos cuando tardan los chicos de Ferraz en incorporar con mayor volumen la banda sonora del reciente vencedor de las elecciones en Argentina. Un Freddy Krueger de la política que cabalga desbocado por la pampa como un gaucho con motosierra gritando -¡Viva Argentina, carajo! ¿Cómo se debe vivir la situación de crisis económica y social para que gane un personaje como éste? Autoritario, que no cree en el estado. Homófobo y machista. Que es necesario privatizarlo todo, la sanidad o la educción, por ejemplo. Que debe eliminarse el banco central. Que blanquea la dictadura con miles de personas desaparecidas. El desastre económico permanente en el que se ha transformado un país con muchos recursos y una inflación galopante como el caballo del desgreñado nuevo presidente lo han propiciado. Seguir la evolución de las recetas anunciadas durante la campaña electoral será un ejercicio, para quienes les toque sufrirlas, de alto riesgo y sin red. Habrá que ver qué resistencia ofrecerán la oposición, los sindicatos y la misma población a medida que se apliquen las iniciativas. De hecho, el otro candidato, que ejercía de ministro de economía con una inflación anual del 140%, no parecería el político más adecuado y con mayor gancho para remediar semejante desastre.

Una noche más calentando el asfalto de Ferraz donde se han podido ver carteles y proclamas a favor del argentino despeinado -como le llamaba una abuela en la frutería esta mañana-. En las redes, ocurrentes y vertiginosas, ya le han sacado punta al momento, asocian a este greñudo con quien fue presidente en el país vecino, el de la crin acalabazada que propició el asalto al Capitolio. Así mismo le hermanan con quien fuera alcalde de Londres y primer ministro del Reino Unido, el esforzado promotor y artífice del Brexit que ha erizado -o ha tomado- el pelo a muchos británicos. Estaremos atentos a las tendencias capilares que se impongan en las concentraciones contra la sede socialista madrileña donde, como quien saca el chucho a pasear o a cagar en la acera, una noche de protestas se ha detectado a un oficial militar portando una pistola que la policía ha requisado.

Me arriesgaré respecto al desmelenamiento que se impone. Por afinidades ya visualizo a los dirigentes españoles que permanecen en la oposición conjuntamente con los que les apoyan tan vehementemente luciendo una coleta discreta adosada a la nuca o unas trencitas en la viril barba que les adorna. 

No me hagáis demasiado caso, ya que podría tratarse de las disquisiciones atrevidas de un calvo.

 

lunes, 13 de noviembre de 2023

La pelota es mía.

 

El partido del siglo -esta vez sí porque es histórico- ha estado rodeado de todo tipo de especulaciones, como les gusta decir a los comentaristas deportivos. Nadie daba un duro ni apostaría por el resultado porque primero debería verse si se celebraba. Las circunstancias apuntaban a una negativa de ambos equipos a verse las caras, a entenderse. Unos no estaban por tenérselas con un contrincante ilegítimo para jugar en esa categoría. Los competidores, un batiburrillo casi imposible de reunir, de jugadores bien diferentes acostumbrados cada uno a concurrir a las ligas territoriales con cierto aroma comarcal y acentos diferentes que impregnan los vestuarios.

La cosa tenía la razón de ser en el sentimiento patrimonial que unos y otros se atribuían respecto al campo de juego donde, si se terciaba, se tenía que jugar el largo partido que comprometía el control de la liga durante unas temporadas en asuntos tan delicados como el reglamento y otros no menos importantes para el deporte. Se jugaban ser o no estar y tener la razón que confiere el privilegio de dictar las normas y determinar quién ejecuta el mantenimiento, compra el equipamiento deportivo o negocia con las pelotas; más aún, tener el derecho de admisión y decidir quién tiene asiento preferente en el palco o debe asistir desde la última fila a la sombra del gallinero donde el césped adquiere la perspectiva difusa de los afectados de cataratas. Un trance que no se puede ni se quiere asumir, el de permanecer en el banquillo demasiadas temporadas.

El estadio, por los tanteos fiables que se propagaron, parecía tener ya un adjudicatario firme. Se trata de una especie de franquicia muy golosa que periódicamente debe adjudicarse comportando mucho jaleo porque tiene multitud de novias y más pretendientes todavía. La elección es incierta y depende de los caprichos personales que reunidos y recontados decidirán a quien se adjudica la gestión. Algunos dan por sentado que de los cimientos del estadio a la visera de los recogepelotas son suyos en propiedad, sólo ellos, pues, tienen el derecho de hacer y deshacer porque así ha sido desde siempre y están abonados firmemente a mandar y a decidir. Tienen experiencia y el culo ya pelado en este negocio. Excepcionalmente permiten que el equipo contrario entrene y ensaye algunas jugadas. Nada definitivo. Ejercicios temporales de corto lucimiento con árbitros caseros.

Esta temporada las cosas se han torcido. Las expectativas no se han concretado por los pelos y esto lo ha envenenado todo. Unos no venían a participar ni se conforman con el subcampeonato. Han fichado a las estrellas más fulgurantes del firmamento para vencer, sólo para ganar, el resto son discursos para niños o preadolescentes sin sentido de la realidad a quien la vida ya les abrirá los ojos y los pondrá en su sitio. Quién lo diría. La cara que se les ha puesto es más que el espejo del alma entrampada en la derrota que no pueden aceptar.

No lo han digerido. Amparados por el derecho en usufructo convocan a las gradas para que invadan el campo contrario de juego pastando en el césped hasta convertirlo en un desierto sin agua. Los profetas han salido a las esquinas para predicar que el mundo se acaba. Quieren llevarse la pelota porque es suya si no les dejan jugar como quieren. Resucitan polémicas y están absolutamente en contra de los jugadores extracomunitarios -les llaman tahúres- que han tenido que huir buscando aires nuevos esquivando las disciplinas con las que pretendían fulminarlos. Se ha puesto de manifiesto que tampoco están excesivamente por el deporte femenino, prácticas de niñas pánfilas con césped artificial que pretenden levantar el dedo y desbaratar el tinglado.

El altercado, llegados a este punto, es ensordecedor amplificado por los altavoces contrarios a pacificar y a admitir las reglas de juego. Disonancias y estremecimientos mientras los árbitros se decantan poco sutilmente y otros pretenden que muestren tarjetas rojas como salvoconductos sólo para las personas cabales con centinelas en los accesos del calibre armario empotrado para limpiar de díscolos y diversos el campo de batalla en que se ha convertido la pugna. Gesticulación rabiosa, himnos seniles, banderas manchadas de odio, discursos altisonantes salpicados de insultos primitivos directos a la mandíbula. Ya hay deportistas que prefieren soportar la magulladura a los ungüentos medicinales de alguna preparadora física que rezuma -mientras sonríe esforzadamente- tanto veneno que un arañazo, aunque amoroso, pudiera resultar letal. 

Estrategias de alcance más allá de las fronteras ensayadas con patrones calcados. Cuestionar los resultados o convertir en ilegítimos a los ganadores con argumentos obstinados que se extienden eficientemente contaminando las lógicas elementales y las reglas con mentiras chapuceras contrarias a las intenciones.

¡Me la llevo, porque la pelota es mía!