He
aguardado unos días buscando eventos para no teñir de color rabia las
percepciones furiosas que nos rodean. Entre los acontecimientos de Rusia y
de Francia la política en España llega a acuerdos sin eufemismos ni rubor
alguno, con muy poca vergüenza porque los sinvergüenzas políticos han abierto
la veda al exabrupto sin tener que disimular y con trazo grueso. ¿Quién la
dirá más grande? Quién exhibirá y aspergerá con más torpeza sus
intolerancias sin disimular cuando la mentira o la falsedad nos las quieren hacer
tragar por la fuerza como ruedas de molino sin gluten.
En
la bolsa de las ideas cotizan el combate a las lenguas minoritarias, el
machismo, contra los ejercicios diversos de libertad individual como a la hora
de querer irse al paraíso con una muerte digna, contra determinadas opciones
sexuales. Todo el catálogo descarnado de los supremacismos salen del
armario ostentosamente, sin disimular sino haciendo bandera -única- de unas
propuestas que ofrecen pocas alternativas. Sólo tienes que decidir tu
voto, del resto ya se encargarán. Ya te dirán si puedes presenciar una
determinada obra de teatro -ya ha sucedido en el municipio de Valdemorillo- o
puedes ver una película de esas que hacen pensar demasiado o se visionan
escenas escabrosas que atentan contra la moral y las buenas costumbres de
siempre. No os extrañe, los noticiarios cinematográficos conocidos como
NO-DO, pero en color y de obligada proyección, pueden volver a las salas
de cine. De hecho, en algunos medios ya están vigentes como laboratorios
experimentales para el día de mañana.
Imágenes
entrañables de concursos de devoradores de calçots,
danzas folclóricas rústicas y levantadores de pedruscos que pondrán a prueba
los músculos hercúleos partiendo a manos desnudas obsoletas enciclopedias por
la mitad. Prodigios regionales de la naturaleza humana con reinas de la
fiesta de andar por casa repartiendo ramos de flores a los vencedores. Eso
sí que son hombres, la semilla donde reflejarnos sin aspavientos. Mensajes
fáciles de contar y entender apelando a los rincones oscuros del espíritu, como
dogmas inexplicables envueltos con grandilocuencias arropadas que esconden la
letra pequeña subyacente.
¿Quién
está a su lado? Los resultados electorales certifican el auge en muchos
países de esas nostalgias que nunca se han descatalogado. Ya las hemos
visto vencer y perdurar. Siguen vivas -no sé si volverán a estar vigentes-
pero cada vez tienen más adictos. La política y la historia viven rodando
-como un hámster- en una espiral de momentos contradictorios donde los hechos basculan
y se repiten desmemoriados en una peligrosa amnesia. Esto ilustra, por
ejemplo, las preferencias electorales, los trompicones, que cambian
radicalmente el sentido del voto en determinadas áreas geográficas y sociales
como los cinturones rojos que sufren un proceso de decoloración paradigmático.
Blancos
de toda la vida, también algunos catalanes con barretinas por globos rojos,
entendemos sin dudarlo que los otros nos quitan el trabajo y nos chupan las
subvenciones. Siempre que contemplo estos “otros” recogiendo chatarra por
Barcelona me imagino que practican un hobby, por pasatiempo, para
desahogarse sañudamente con esta afición. En un país con un porcentaje de
parados cercano a los cuatro millones de personas debemos importar temporeros
para recoger fresones o fruta diversa. Cabe preguntarse quién los contrata
y en qué condiciones sospechosamente ventajosas. Insisto, vienen a usurpar
puestos de trabajo. El otro argumento que los presenta como ladronzuelos
de asistencias sociales está por demostrar con mucha objetividad y con toda la
transparencia para saber de qué y de cuánto hablamos, de si tienen derecho o no
porque, si tienen papeles, deberían ser ciudadanos de pleno derecho.
Estos
cantos de sirena estridentes en épocas electorales, como la que sufrimos,
tienen una partitura que nunca falla, es como el baile de ramos de la fiesta
mayor de la democracia, un ceremonial de galanteo. En esta pieza clásica
los danzantes ofrecen un ramo de flores que quiere representar la bajada de
impuestos que proponen. ¿Quién no quiere pagar menos al estado? Un
argumento que tiene el peso reforzado por la coincidente recaudación de
impuestos que Hacienda practica implacable éste mes junto a la parada electoral
que tenemos montada. Se impone mucho tinto de verano bien frío para
soportarlo y cremas protectoras para no salir chamuscados. Las matemáticas
me superan, pero llego a entender que rebajar impuestos comporta recortar
servicios públicos. Cómo se financian, pues, las escuelas, las rotondas y
los carriles bici o la sanidad.
Por
si acaso, yo he empezado a pedalear como estas ratas -mascotas caseras- que
quieren salir de la bola de plástico y de las espirales nefastas.
¡Buen verano!