martes, 31 de agosto de 2021

Tatareemos.

Una edición más sin la canción del verano. O vivo en la inopia musical -que podría suceder- o se confirma que el interés y el éxito de aquellas versiones estivales trepidantes y de letra sencilla tirando a la reiteración fácil como de neuronas espatarradas en la arena, ya no se llevan. Ya me diréis si soy yo que vivo ajeno a las tendencias caniculares en materia musical o es una realidad cierta, ya no hay una canción que se convierta en la banda sonora del verano sin lugar a dudas que todos tarareábamos y que disfruta del consenso mayoritario cuando las orquestas de las fiestas las afrentan con más o menos fortuna.

El tractor amarillo -olímpico- , la sopa de caracol, aquí no hay playa, Aserejé, el tiburón, la bomba, macarena, despacito, no me pises que llevo chanclas, mueve tu cucu y la más optimista de todas, un rayo de sol. Me van a perdonar aquellos intérpretes de la música ligera -como les decían- a quien no menciono. No puedo, sin embargo, menospreciar al rey del ritmo estival, Georgie Dann, un inmortal a quien el médico de cabecera ya ha advertido, atacado por el colesterol rítmico, que una barbacoa más puede convertirse en letal. Del casatschok al bimbo y el negro no puede... Era como un gallo madrugador que inauguraba oficialmente el verano año tras año y que ha cerrado el chiringuito.

Los sociólogos deberán dilucidar a qué se debe esta carencia de los últimos veranos. Me ataca una cierta melancolía de cuando el ritmo vital pasaba por hacer bronce juiciosamente debajo de una sombrilla cargados de protección solar leyendo las intrascendentes y aguadas noticias del agosto insípido en la prensa anoréxica que parecía exonerar la lozana canción del verano. Se deberá comprobar si existen indicios que avalen la posibilidad de que la pandemia nos haya vuelto arrítmicos o de expansión contenida envueltos en una mascarilla al reducido espacio vital contenido en la sombra de una silla en los conciertos multitudinarios.

El verano ha sido trepidante aunque huérfano de una canción que lo determine. En todo caso, de existir, me decanto por la del cuento de nunca acabar. El periodismo profesional ha pasado el verano entretenido y ocupado. Cargado informativamente hablando desde que Messi se despidió afligido y desconsolado de Can Barça. Parecía una catástrofe insuperable. ¿Qué podía suceder que sacudiera aún más las ediciones de los medios? ¡Pues sí! Afganistán abofetea conciencias y para destacar sólo una de las diversas medidas bárbaramente escalofriantes, ya que viene al caso, mencionaré la prohibición de la música por considerarla impura.

Por nuestros pagos la cosa acontece como aquella letra estival del Un, dos, tres, un pasito pa' delante María. Un, dos, tres, un pasito pa' atrás. El presidente del Govern, Pere Aragonés, ha afirmado que el nuevo encuentro de la mesa de diálogo, prevista para la semana del 13 de septiembre, "es volver a empezar". Personalmente también me preocupa mucho la pérdida de la identidad nacional catalana que se ha perpetrado hoy coincidiendo con la vuelta al trabajo de muchos catalanes desconcertados. Sólo nos faltaba el despropósito que hoy, anticipándose unas horas al plazo legal, nos ha golpeado con alevosía. ¿Cómo se pueden levantar las barreras de los peajes de la catalana tierra? ¡Qué pérdida de categoría, lamentable! Nos arrebatan ese sentimiento de orgullo y de distinción selecta que comportaba un plus mientras conducías por las autopistas catalanas, consciente de que el asfalto te pertenece tal como proclamaba Moncho Alpuente y los Kwai, "Adelante hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya".

Para no romper con la armonía y la solfa del ferragosto musical acabaré dejando constancia del concierto del tenor Plácido Domingo en Marbella, después de un largo paréntesis, que disfrutó del fervor y del afecto en este evento único que terminó con una sorpresa final de la mano de Marta Sánchez interpretando el himno de España con letra y arpegios de la popular artista que emocionó al auditorio lleno hasta la bandera con personalidades como Aznar y señora, la exministra Cospedal, el juez del caso Malaya, la modelo Valeria Massa y otras personalidades de noble y rancia cuna. Sino la canción de este verano, sin lugar a dudas ha sido el concierto más importante, según fuentes bien informadas.

¡Buena retorno!

 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Sapos a un coste de langosta.

Yo, puestos a mercadear a este precio -100 € la unidad-, me desharía sin lugar a dudas de las cornudas vacas y del ganado diverso de una sola pezuña: caballos, yeguas, mulas, burdéganos y, sobre todo, de los asnos, burros y burras, que pastan por las condales praderas del Ripollès y por la baronial villa de Sant Joan de les Abadesses en concreto. En la lonja de la administración, regentada por los agentes rurales, el precio del sapo cotiza a 100 € la pieza, como las langostas y otras especies marinas codiciadas en el mercado de pescado de Roses. Desconozco la demanda que la especie goza en los fogones de la zona y si nunca han sido despachados como gato por liebre enmascarados de ranas bien rebozados y servidos con una vinagreta picante. También ignoro si todavía se ofrecen ancas de rana en algún selecto establecimiento de comidas y cuánto se paga por una ración.

En la Biblia, en el segundo libro del Pentateuco, el Éxodo, se habla de cómo Moisés advirtió al faraón que si no liberaba a su pueblo, Dios los castigaría de manera sucesiva con diez grandes males que azotarían Egipto. La segunda de las plagas bíblicas la inspiró Moisés provocando que las ranas salieran del agua e invadieran todo el país. Los sapos, pues, ya figuran en el catálogo de la fauna de las sagradas escrituras aunque se los considerara una peste anfibia. Un protagonismo poco lucido sólo compensado por el folklore literario cuando son besuqueados por una princesa y se transforman en príncipes vistosos.

Cuántas plagas no han sufrido los agricultores y ganaderos que ya encontramos descritas en los sagrados libros antiguos. El agua no se les ha transformado aún en sangre aunque alguno la haya convertido en leche. No se trataría, en este caso, de una plaga sino de un milagro bien rentable cuando esto era posible y el ordeño era una ingrata tarea escandalosamente artesana y manual, de lo más pesada y maloliente. Ahora el agua ya nos la administran directamente sin rodeos y descremada las empresas comercializadoras que la pagan a los ganaderos -la leche, no el agua- a un precio inferior del que cuesta producirla.

Los mosquitos, los tábanos y el pedrisco -yo añadiría las moscas cojoneras- también rondaron al faraón como han castigado tradicionalmente a los granjeros. Y en la muerte de los primogénitos, la última de las plagas bíblicas que le convenció definitivamente de liberar a los hebreos, podríamos buscar el antecedente de una realidad afortunadamente simbólica que castiga tozudamente la continuidad de una de las profesiones más antiguas que la humanidad ha practicado, la de pastor o de agricultor.

Al cambio climático con chuzos de punta contra el campesinado, en el Ripollès, se ha hecho efectiva la segunda de las plagas que se catalogaban en el Pentateuco porque a un ganadero de Sant Joan de las Abadesses le tocará pagar 5.500 € de multa por dos faltas: una contra la ley de protección al medio natural, por la que ha sido sancionado con 3.000 euros, y otra por haber matado 25 sapos a 100 € cada ejemplar. En total -insisto- 5.500 euros. ¿Una sanción excesivamente ejemplar?

Argumenta en defensa propia este presunto asesino de sapos -según la administración- que, cansado de cerrar las cercas del ganado que algunos transeúntes suelen ignorar, extendió la alambrada electrificada al camino para que sus vacas no pudieran salir de los campos porque irracionales y con tendencia a pastar a lo ancho no emprendieran una peregrinación anárquica por la carretera nacional hacia la costa o al Valle de Núria, por ejemplo. Yo sugeriría un peaje, escaso, a todos los atletas del ocio y a los que quemamos colesterol en su propiedad que le liberara de tener que hacer de ganadero en el supuesto de que estabular sapos no le redima de la miseria ya que un batracio le ha costado lo mismo que obtendría por la venta de un ternero. De suministrar calambres a engordarlos, a los sapillos, puede ser una estrategia innovadora para el sector que hay que considerar.

Esto nos lleva a hacer balance de lo que perciben los estados en concepto de daños colaterales producidos por la actividad humana en el medio natural en general que podrían ir al alza con el precedente de estos sapos si se pasara también factura a las compañías eléctricas que electrocutan aves de paso, a los vehículos que se empeñan a arrollar jabalíes o a aplastar batracios cuando, pasmados, cruzan el asfalto las noches de lluvia. Un capital que podría revertir en el amparo de estos accesos a los pastos de las masías custodiados por agentes municipales o Mossos debidamente equipados con un zurrón, un chaleco de piel de cordero ecológica y asistidos para un perro pastor mientras regulan el tráfico migratorio de las ranas y otras especies sin ningún sentido de la propiedad ni ningún respeto por el código de la circulación.

El sindicato de payeses "con vacas" -una categoría muy diferente de aquellos que hacen que no razonan algo- ha convocado una tractorada para quemar indignación y gasóleo en Ripoll -cuna de la consejera del ramo del cencerro- para denunciar el "menosprecio" del sector, que se siente "insultado" por las "acciones que se toman en los despachos" sin tener en cuenta sus necesidades. ¡Ay, los payeses, cómo refunfuñan, nunca están contentos!

Dedicado a la gente de campo ya que me considero también uno de su tropa.

 

 

lunes, 9 de agosto de 2021

Messi o el crepúsculo de los dioses.

Hay noticias que eclipsan la actualidad y hacen correr ríos de tinta en las redes que pescan con palangre mediático, como si el gran pez de El viejo y el mar volviera a ganar el Pulitzer de ficción modalidad deportes porque Messi marcha del Barça. ¡Qué conmoción! Ríos de tinta con lágrimas de desconsuelo empapadas de agobio, aflicción, consternación, debilidad, decaimiento, hundimiento, impotencia, languidez, marasmo, postración, tristeza, turbación -elegid el que más os defina- o la extenuación que nos llevan irremediablemente a la depresión en pelotas. ¡Qué noticia! Esta sí que nos ha espabilado del letargo estival y ha arrinconado las intrascendentes serpientes de verano que meneaban la cola por el periodismo canicular. Qué medio no ha publicado la ruptura idílica de Messi -Leo para los amigos- y el Barça de Laporta.

Mi competencia en materia deportiva es de las de andar por casa, lejos del criterio de los sabios, pero no puedo evitar decir la mía en un asunto de tanta trascendencia que ha conseguido arrinconar el protagonismo de las medallas olímpicas de verano 2020 que aún se disputan -rompiendo la simetría cronológica- en Tokio 2021. Insignes comentaristas han recogido la toalla y han vuelto al trabajo con carácter de urgencia a medio broncear para iluminarnos al respecto. ¿Qué puede haber más importante informativamente hablando? ¡Nada! Ni la abdicación de un monarca o la negativa a competir de Simone Bile por una lesión emocional han sido tan asombrosas como el divorcio de este jugador con el club que lo ha visto nacer y lo ha hecho crecer literalmente. ¡Esto no tiene remedio! Por describirlo gráficamente, ha caído un meteorito en el punto exacto del Camp Nou desde el cual solía lanzar las faltas directas.

Como la culpa es negra -y mejor si reside en casa ajena- habrá versiones de todos los colores, tantas como camisetas en el campeonato. La adaptación oficial primera es el margen salarial del jugador que el club no puede asumir debido a una calamitosa gestión de la junta anterior. La prensa informa que este chico gana 71 millones netos de impuestos al año únicamente de ficha. Obstáculos económicos, pues, y otros estructurales impuestos por la liga española en manos, según un mediático economista, "de un macarra de bar". Al tiempo que se proclama un acérrimo defensor de la Euroliga para dar esquinazo a este "monumental plasta". El pesado aludido yo diría que también hace referencia al presidente de la liga nacional.

Maniobras orquestales en la oscuridad que se nos escapan, un cóctel de coincidencias astrales concretadas en la cara oculta de la luna o de un astro del mundo del fútbol como es Messi aunque ya haya entrado en la fase menguante de su carrera deportiva. A sus indudables cualidades como jugador hay que añadir la pérdida de todo aquello que le rodea ya que el batacazo económico para el club sin Messi será formidable. Marchan no sólo unas piernas llenas de moretones y de tatuajes sino el universo que justificaba y permitía amortizar una ficha tan escandalosamente astronómica y obscena.

Un divorcio que impedirá llegar a las bodas de plata y que deja a los invitados con un palmo de narices, pasmados, debiendo decantarse por el novio o por la novia según las afinidades, el parentesco, la relación o la simpatía. Es una elección arriesgada e incómoda cuando lo mejor para todos -descendientes incluidos- sería la unión y el buen entendimiento con un final feliz. Los candorosos aún no entendemos, después de tanto besuqueo al escudo, cómo es que el jugador no se haya avenido a una rebaja razonable de la ficha o a condonarla parcialmente. Qué argumento y qué generosidad tan sublimes que nos habrían permitido adosar una capilla lateral al monasterio de Montserrat bajo la advocación divina de Messi para poder encender velas milagreras y colgar exvotos en agradecimiento por el alivio de la osteoporosis, las fracturas diversas y los esguinces de mal curar.

También ha sido un mazazo para la grada del materialismo más prosaico. Los que se decantaban por el pragmatismo realista de venderlo antes de llegar a este punto sacan la pancarta del ya te lo decía y arrojan los manuales y las profecías a la hoguera. Contra los tópicos étnicos con barretina asociados a la tacañería catalana cabe preguntarse si la mayoría de socios y simpatizantes habrían digerido la venta de la estrella más fulgurante de haberse hecho efectiva. En este momento, sin embargo, ya empiezan a salir algunos conversos de debajo de las piedras dado que Messi hace las maletas y se larga sin tener que pagar la lavandería por el lavado de los calcetines y con cierto recelo temen que no vaya a llevarse también el albornoz, los jabones y una percha del vestuario.

¿Tendremos que adscribir la despedida de Messi en un capítulo más de la gaceta del confinamiento? Cómo habrían ido las cosas si el mundo del fútbol, ​​y los espectáculos en general, no hubieran sufrido esta ausencia de público en los estadios y las restricciones en las plateas. ¿Volverá a ser, el fútbol, un espectáculo con las gradas a rebosar? ¿En condiciones normales la recaudación habría permitido enderezar la economía del club? Más que preguntas son justificaciones al desastre económico en el que navega el Barcelona, mecido por ​​un oleaje contable espeso que le ha llevado a tener el agua al cuello.

La alineación estratégica para el curso próximo está llena de enigmas de todo tipo que traspasan el ámbito estrictamente deportivo aunque este sea el foco que más irradia la razón de ser de una actividad fundamentada en la victoria y los trofeos. ¿Apagado el cañón que iluminaba a la vedette, lucirán más las candilejas en la escena? Demasiados misterios por resolver. Algunos de metafísicos relativos al "marcho" o al "me han tenido que echar". Otros son de futuro como si el juanete de Messi continuará deviniendo el centro de interés en la sección de deportes de los telediarios. Todos los enigmas, pero, como en los mandamientos de la ley divina, se resumen en uno único, esencial: si el Barça es más que un club y Messi era más que un jugador, ¿volverá a ser rico y a estar lleno-ric i ple- el Camp Nou?