Una edición más sin la canción del verano. O vivo en la inopia musical -que podría suceder- o se confirma que el interés y el éxito de aquellas versiones estivales trepidantes y de letra sencilla tirando a la reiteración fácil como de neuronas espatarradas en la arena, ya no se llevan. Ya me diréis si soy yo que vivo ajeno a las tendencias caniculares en materia musical o es una realidad cierta, ya no hay una canción que se convierta en la banda sonora del verano sin lugar a dudas que todos tarareábamos y que disfruta del consenso mayoritario cuando las orquestas de las fiestas las afrentan con más o menos fortuna.
El tractor amarillo -olímpico- , la sopa de caracol, aquí no hay playa, Aserejé, el tiburón, la bomba, macarena, despacito, no me pises que llevo chanclas, mueve tu cucu y la más optimista de todas, un rayo de sol. Me van a perdonar aquellos intérpretes de la música ligera -como les decían- a quien no menciono. No puedo, sin embargo, menospreciar al rey del ritmo estival, Georgie Dann, un inmortal a quien el médico de cabecera ya ha advertido, atacado por el colesterol rítmico, que una barbacoa más puede convertirse en letal. Del casatschok al bimbo y el negro no puede... Era como un gallo madrugador que inauguraba oficialmente el verano año tras año y que ha cerrado el chiringuito.
Los sociólogos deberán dilucidar a qué se debe esta carencia de los últimos veranos. Me ataca una cierta melancolía de cuando el ritmo vital pasaba por hacer bronce juiciosamente debajo de una sombrilla cargados de protección solar leyendo las intrascendentes y aguadas noticias del agosto insípido en la prensa anoréxica que parecía exonerar la lozana canción del verano. Se deberá comprobar si existen indicios que avalen la posibilidad de que la pandemia nos haya vuelto arrítmicos o de expansión contenida envueltos en una mascarilla al reducido espacio vital contenido en la sombra de una silla en los conciertos multitudinarios.
El verano ha sido trepidante aunque huérfano de una canción que lo determine. En todo caso, de existir, me decanto por la del cuento de nunca acabar. El periodismo profesional ha pasado el verano entretenido y ocupado. Cargado informativamente hablando desde que Messi se despidió afligido y desconsolado de Can Barça. Parecía una catástrofe insuperable. ¿Qué podía suceder que sacudiera aún más las ediciones de los medios? ¡Pues sí! Afganistán abofetea conciencias y para destacar sólo una de las diversas medidas bárbaramente escalofriantes, ya que viene al caso, mencionaré la prohibición de la música por considerarla impura.
Por nuestros pagos la cosa acontece como aquella letra estival del Un, dos, tres, un pasito pa' delante María. Un, dos, tres, un pasito pa' atrás. El presidente del Govern, Pere Aragonés, ha afirmado que el nuevo encuentro de la mesa de diálogo, prevista para la semana del 13 de septiembre, "es volver a empezar". Personalmente también me preocupa mucho la pérdida de la identidad nacional catalana que se ha perpetrado hoy coincidiendo con la vuelta al trabajo de muchos catalanes desconcertados. Sólo nos faltaba el despropósito que hoy, anticipándose unas horas al plazo legal, nos ha golpeado con alevosía. ¿Cómo se pueden levantar las barreras de los peajes de la catalana tierra? ¡Qué pérdida de categoría, lamentable! Nos arrebatan ese sentimiento de orgullo y de distinción selecta que comportaba un plus mientras conducías por las autopistas catalanas, consciente de que el asfalto te pertenece tal como proclamaba Moncho Alpuente y los Kwai, "Adelante hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya".
Para no romper con la armonía y la solfa del ferragosto musical acabaré dejando constancia del concierto del tenor Plácido Domingo en Marbella, después de un largo paréntesis, que disfrutó del fervor y del afecto en este evento único que terminó con una sorpresa final de la mano de Marta Sánchez interpretando el himno de España con letra y arpegios de la popular artista que emocionó al auditorio lleno hasta la bandera con personalidades como Aznar y señora, la exministra Cospedal, el juez del caso Malaya, la modelo Valeria Massa y otras personalidades de noble y rancia cuna. Sino la canción de este verano, sin lugar a dudas ha sido el concierto más importante, según fuentes bien informadas.
¡Buena retorno!