Empezaré reproduciendo lo que escribí hace unos años: "Este 2017 se inaugura gélido mientras se acerca la ceremonia de cambio de presidente en Estados Unidos de América. Obama marcha y le releva Trump. Un personaje que ya empieza a cabalgar aunque por ahora sólo tuitea. Me llamó la atención la conversación en la calle de dos ancianas de edad avanzada refiriéndose a este Donald -¡Sí, mujer, aquel que parece haber salido de un circo! -imaginé que se trataba de un eufemismo tocado por la beatitud que confiere la edad relativizando al personaje y el momento. Mi duda es si la abuela quería tratarlo elegantemente de "payaso" sin rodeos o se le rompió el razonamiento mientras no tropezaba con la palabra". [Reflejos y Titiriteros. El capitán Americano II, del 15 de enero del 2017].
El primero de los debates Trump - Biden -calificado como un combate de "mierda" por algunos medios americanos- se celebró ayer. Curiosamente Biden se alineó con el pensamiento de aquella abuela cuando soltó: "Es difícil decir una palabra con este payaso". El hombre del circo de la política estadounidense ha roto todos los moldes previsibles. El discurso paradigmático de la política tradicional se ha degradado. Las formas, la mínima elegancia emitiendo un mensaje, se ha demostrado que no sirven de gran cosa, ya no son útiles. Algo que vendría a apuntar la posibilidad -¡que las urnas nos libren!- que este "payaso" puede volver a vencer.
La mentira, la marrullería, la ofensa, la mala educación, el pavoneo prepotente han abordado tumultuosamente el circo de la política. El libro de estilo de Trump ha creado escuela y se propaga como una mancha de aceite. No sólo en las praderas imperiales del lejano oeste, también a otras mesetas más cercanas donde estos personajes con poder irrumpen en los salones con aires de truhan. Facinerosos de lo público que ya no necesitan disimular para que una parte de los electores los crea y los apoye votándoles. ¡Terrible!
Hasta hace poco diferenciábamos el predicar del repartir trigo. Desde la corrección y el formalismo de los sermones nos cuestionábamos las promesas incompletas pero lo decían tan bien, tan escrupulosamente que se hacían medio perdonar por la supuesta falta de tiempo a cumplir lo que habían prometido en los programas electorales. Aquellos retóricos, unos poetas de la filigrana política, ya no se llevan. La oratoria ingeniosa, la réplica afilada, la ironía inteligente se han convertido en piezas descatalogadas, arrinconadas en los estantes entre las zarandajas parlamentarias. Si caéis en la tentación de figurar en la nómina de los servidores públicos o de llegar a ser un representante al servicio de los ciudadanos no os equivoquéis de estrategia. Ahora se puede mentir sin remordimiento, cuanto más gorda la soltéis más resonancia. Engañad, haced lo contrario de lo que recetéis y si os pillan poned cara de circunstancias, de no haber roto un plato. Sed fuertes porque el temporal mediático dura menos que un aguacero, después muchos ya no se acuerdan. Sed corruptos con elegancia aunque de corrupto y de señor -como de cerdo- unos nacen y otros se hacen. Los días lo transmutan en papel mojado y las urnas lo aguantan todo, son omnívoras.
Jugad sucio proclamando que es para el interés de un bien supremo, buscad enemigos, a quien os lleve la contraria, crucificadlos sin miramientos ni vergüenza, al contrario, haced ostentación y bandera. Al contrincante ni agua ni sal. Atribuidles todos los males -la pandemia también-, aplastadlos sin piedad con toda la contundencia que sea necesaria y más. No dejéis que se defiendan, no permitáis que hable quien no puede tener la razón. Rompedles el argumento y la defensa con ruido, que su voz no se oiga porque chilláis más y los interrumpís así que tienen la palabra, saltémonos el turno, debatid sin ninguna delicadeza porque sólo quieren envenenar nuestros intereses, los verdaderos.
Gritad tanto como podáis, proclamad vuestra razón única y cierta. Hacedlo con mucha vehemencia y gestualidad ya que parecerá que sois los elegidos para poder resolver el caos y la pobreza, sois los escogidos para devolvernos el orgullo machacado. Sois los mejores y por eso nos merecemos a un dirigente como el que os seduce con palabras que se entienden, de las que utilizáis sin rodeos ni conceptos que sólo esconden la voluntad de tomaros el pelo, el trabajo y el bienestar. Todo es más fácil. Llegados aquí fijad un plazo corto, los políticos de raza lo arreglan en cuatro días y a mucho estirar en un mes. No ahorréis en grandilocuencia, prometedles el cielo, si es necesario. Y, sobre todo, no os olvidéis de los brindis verbales gritando con firmeza y "convicción" un ¡Viva! a quien corresponda. Al rey si lo tenéis, a la madre patria si sois sus hijos o al presidente de los pesca ranas mancomunados del Llobregat. Bien fuerte y con resolución marcial, ¡Viva! Como si tras el grito llegaran los tanques y la tropa, la que prefiráis, una de judicial, la policial, la legión de los políticos o sólo un triste vicario en bicicleta y sin cabra anunciando al redentor.
Sin embargo y por librarnos del mal, no caigáis en la tentación de respaldarlos en nada, aunque lo que digan parezca sensato, se trata de un espejismo. No os dejéis embaucar. Tras sus promesas sólo hay cantos de sirena, confusión y lo que no os conviene. Hacedme caso. ¡Esto, yo y mis intereses os lo arreglamos en un santiamén!
Descanse en Paz, Quino.