sábado, 30 de noviembre de 2019

Belenes.


Decidir es complicado e ingrato. Tomar una determinación implica que una parte de los determinados estén a favor mientras la otra se pone de culo. En medio hay quien no sabe o no contesta por falta de criterio o por no mojarse precisamente la retaguardia. Estos días navideños cuando el fulgor festivo ya nos deslumbra, como en cada edición, la Sra. Colau ha tenido que resolver algo muy delicado, el belén de la ciudad, el de la Plaza Sant Jaume. 

Ardua tarea sin consecuencias graves, afortunadamente. Comporta un dolor de cabeza estacional en la gestión a los representantes municipales de todas las comarcas que compiten durante el ciclo navideño para iluminar con gracia las plazas mayores y las calles comerciales más emblemáticas. Una actuación de corta duración -a diferencia de las obstinadas rotondas- bajo unas normas prefijadas y con una estética pautada en la que las luces, su parpadeo y el caganer son elementos intocables ya que los cánones de la estética navideña tienen unas reglas muy estrictas.

En muchas localidades el espíritu navideño hiberna en los almacenes municipales y sólo hay que cepillarle la caspa al paje real, repintar la estrella de oriente y peinar a los camellos. Pero las ciudades presumidas -y con presupuesto- deben sorprender a base de innovación. Así es como se establece una especie de carrera para eclipsar la luna de diciembre por ejercer de referente y ser la envidia de las ciudades pobretonas. Vigo, Madrid y Nueva York -por este orden- este año se llevan la palma. Cuentan que en Vigo la nieve caerá sincronizada con los semáforos a ritmo de un villancico bien alegre. ¡Ding, dang, dong! 

En Barcelona la luminaria ha llegado considerablemente más tarde, pero tan fulgurante como la vigorosa navidad gallega y con una bonanza a confirmar por Tomás Molina y colegas respecto de las adversas nevadas en el área barcelonesa. ¡La nieve, por favor, en las estaciones de esquí y en la montaña! 

En este contexto debe entenderse como la Sra. Colau lo ha tenido muy peliagudo a la hora de elegir el proyecto más alegórico y expuesto, el pesebre de Sant Jaume. Una especie de performance inspirada en la tradición religiosa cristiana que también debe proponer un guiño a los incrédulos o a los desafectos a la causa consumista navideña que pasean la ciudad. Difícil, pues, instalar este monumento temporal cargado de nostalgia subliminal que nos evoca la infancia y los años en los que aún creíamos en el tió y en la monarquía mágica de oriente.

Esperar que el pesebre barcelonés no levante controversia rompería las expectativas y con la tradición de las últimas navidades. Y así ha sido. La descarga artística en el epicentro de la plaza de Sant Jaume no tiene nada que envidiar respecto de las bolas gigantes que dan tumbos en algunas ciudades a pesar de que una parte significativa de los vecinos se haya sorprendido por la decepcionante montaña de bártulos descatalogados amontonados en doble fila en una acera -junto a un contenedor sin quemar- mientras no llega el camión de mudanzas -o el del desecho- con destino a los Encantes. Un montaje grosero, una estiba de retazos tras la batalla campal a causa de un desahucio. Abramos las orejas entre la multitud que lo quiere ver y retratar en vivo y en directo. ¡Fum, fum, fum! 

Personalmente no le haré el juego a la Sra. Colau. A mí, el pesebre de este año, no me ha sorprendido, tampoco me ha ofendido ni me ha sacudido las fibras sensibles que no se han decantado en un sentido o en el otro. Digamos que la provocación pierde fuelle con la reiteración. En esta edición quizá tocaba -eso sí que habría sido un campanazo- un pesebre de los de toda la vida con un caganer viviente en la esquina como único elemento transgresor.

El montaje de la escenógrafa que lo ha ideado se me hace entrañable. Rincones que quieren perfumar la atmósfera con recuerdos. Cómodas con un fondo de armario llenas de nostalgia que tenemos que volver a reconocer. Ingenioso. Habrá que visitarlo otra vez cuando la memoria, como la noche navideña, se ilumine. De oscuro. 

¡Buena entrada a las Navidades!

lunes, 25 de noviembre de 2019

Los espías que surgieron del frío.


Cortando el pastel de cumpleaños de los 30 años de la caída del muro -parece ayer- celebramos cómo se derrumbó el estatus geopolítico emergido de la II Guerra Mundial concretado en el telón de acero donde Berlín, despiezada quirúrgicamente y convertida en un congreso permanente de espías, sobresalió como la aberración más romántica con el eco de la Dietrich trinando por las gélidas esquinas a la sombra de un tilo con la bombilla de la farola fundida. Se iniciaba el desmantelamiento del sistema y de la influencia de la Unión Soviética en la Europa central.

Con la caída del muro también naufragaron los temores de las potencias occidentales del sistema capitalista por las veleidades revolucionarias soviéticas. Del marxismo al marxianismo en el derrumbe de la URSS convertida en una caricatura de la gloriosa etapa estalinista que algunos añoran y otros vapulean. Han tenido que transcurrir casi tres décadas, desde 2000, para lavar la cara y el amor propio a la Rusia actual bajo la batuta ignífuga de Putin.

Ya me disculparéis la brevedad –tirando a crónica ultra precoz- con que despacho la historia contemporánea referida a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pretendía sólo una introducción para llegar a la rabiosa actualidad con que la prensa ha puesto en el escaparate de la actualidad la noticia de que el espionaje ruso se ha instalado, es de suponer, en los alrededores de la barcelonesa plaza Karl Marx. Ha trascendido lo que algunos sospechábamos y no osábamos denunciar, el coqueteo entre Moscú y Barcelona, ​​algo predecible desde que Cataluña es Cataluña por los indicios -y complicidades- evidenciados entre los rusos y los catalanes desde el siglo XVIII -o con anterioridad-. 

Los atentos pasajeros de los trenes de cercanías habrán podido detectar ya hace días en la estación de Ocata Beach como un comando de espías rusos de élite perdía la paciencia -¡no la discreción!- en los andenes en dirección al Arco de Triunfo. Robustos y bien plantados, estos agentes secretos de mirada siberiana, habrían practicado un agujero en el nicho comercial catalán -la coartada a sus actividades- como viajantes de arenques ahumados bálticos. 

La prueba fehaciente de que este siniestro pelotón se mueve por el Principado es que el ministro ruso Serguéi Lavrov -un pariente muy lejano de la saga establecida en Moscú- ha asegurado que no sabe nada. Del mismo modo, el hábil Pepe Borrell remachó el clavo -y el recelo- informando al homólogo ruso que tampoco tiene ningún conocimiento, sólo lo que ha trascendido en los medios, "procedimientos judiciales presuntamente secretos a la espera de las filtraciones "de rigor. Filtraciones que, dada la reciente colleja de los fiscales a los periodistas lenguaraces, se hacen esperar más de lo habitual. Las precauciones diplomáticas, pues, confirman la sospecha y avalan la verdad. Por navidad tendremos la lotería y a los espías rusos pululando y disfrutando de los turrones y de los mantecados de Estepa, la sevillana –me recuerda el chiste del soldado de la División Azul y la ensaladilla rusa-. 

La confabulación de la Generalidad de Cataluña con el Kremlin está cantada. Yo siempre he sospechado que Lluís Llach es el avatar del malogrado Vladimir Visotsky. Que la privilegiada geoestrategia ampurdanesa es muy golosa para que una pata del pulpo de los gasoductos rusos dé un zarpazo al puerto de Barcelona. Ya veréis como, cuando lleguen las filtraciones mediáticas, conoceremos que los soviéticos tienen previsto entrar por Prats de Molló -como Macià- seguir por el valle del Ter, cruzar Osona y el Vallès para conquistar la Plaza de Sant Jaume. Una táctica cautelar en previsión de los cortes en la Jonquera.

El dato definitivo de este asunto de espías que han surgido del frío pasa por la equidistante alcaldesa Ada Colau rezongando y poniendo en duda la viabilidad de una franquicia del museo Hermitage en Barcelona. Conocer el proyecto a través de la prensa -¿una filtración? - causó cierto malestar en el Consistorio que tendría la última palabra sobre la autorización del proyecto, aunque el Hermitage estará situado en un solar que pertenece el puerto de Barcelona. A los incrédulos os recordaré que la Consejería de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat de Cataluña ha avalado construir el museo Hermitage de Barcelona en la Bocana Norte del puerto, un proyecto que dibujaría el arquitecto japonés Toyo Ito. 

Dispuesto a compartir este manojo de secretos os adelantaré -antes que las goteras periodísticas lo aireen- que en la conjura ruso-catalana también está en el ajo el arquitecto del sol naciente que aunará la sede del museo proyectada con una terminal para el gasoducto de diseño. 

¡Спокойной ночи!

miércoles, 13 de noviembre de 2019

La fiesta de la democracia.


Comienza la fiesta de la democracia. Escribo esto justo cuando los colegios electorales inician la larga jornada. En este capítulo incierto de las repeticiones electorales, casi siete meses después, nos convocan una vez a las urnas. Una penitencia que nos imponen los que no fueron capaces de ponerse de acuerdo alegando que no votamos bastante bien. ¿Qué hay de nuevo en el panorama del contexto electoral? El desahucio inmobiliario de Franco por la hipoteca mal resuelta de la memoria histórica, la dura sentencia del proceso y la testosterona de Vox consolidada en el espacio político español. Al cóctel hay que añadir el cansancio, el desencanto, la pereza y la reprimenda concretada en esta repetición de la jugada. ¡Vota bien! 

La incertidumbre de los resultados puede estrellar las previsiones de Sánchez en una España polarizada cuando él nos ha convocado para desbloquearlo. ¿Tendrá ocasión, los electores ejercerán su derecho confiriéndole una nueva oportunidad, a Pedro Sánchez, o la derecha reeditará una victoria agria sin mayorías holgadas, pero? Ahora mismo algunos suplentes en las mesas electorales ponen en tela de juicio los achaques que alegan algunos presidentes titulares y se dan el piro habiendo cumplido con el deber de estar presentes antes que el titular ensaye una dramática pérdida del conocimiento con caída escénica incluida. 

Interventores y apoderados, viejos conocidos reencontrados, también celebran la fiesta mayor de la democracia. Contrincantes gremiales se saludan y emiten sus pronósticos. Insisten, como suelen en cada edición, que será una jornada ardua. Los más veteranos de los viejos partidos rememoran con un punto de pesar cuando Pujol garantizaba el pacto nacional para la estabilidad consiguiendo prodigios nunca más vistos, que Aznar susurrara catalán en la intimidad, por ejemplo. Despotrican y critican en voz baja. ¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Y los políticos! Con el ritual de colgarse el escapulario que los cataloga acaba el compadreo. ¡Votad, malditos! 

... ... ... 

Retomo esta entrada cuando el pescado ya está vendido. Acabados los excesos y el baile de las urnas, una de las consecuencias que ha causado más impacto ha sido la dimisión del líder de Ciudadanos, Albert -Alberto- Rivera. El colosal batacazo -uno de los efectos de la resaca de este desenfreno político- era algo anunciado por la mayoría de las prospecciones. Nos ha impactado, pero, lo tremenda que ha sido la caída de la opción naranja. Declara el líder político desintegrado que marcha para ser "feliz". ¡Que lo seas mucho, criatura! 

"Viva España" y "Puigdemont a prisión" aullaba la noche madrileña del recuento. Tercera fuerza en el Congreso y primera en Murcia y Ceuta. La consolidación de la extrema derecha en España es un hecho. Vox más que duplicar los resultados de las pasadas generales, pasará de 24 diputados en el Congreso a 52. Enternecedora la referencia del representante catalán del partido celebrando los resultados en Barcelona -por los dos únicos diputados que obtienen- con un "¡Ciutadans de Catalunya, ja som aquí!" Una respuesta a las intenciones de la parroquia que insiste bramando desde la meseta “¡A por ellos! "

ERC, JxCat y la CUP trepan a los 23 escaños con el 42,6% de los votos y supera los 22 y el 39% que tenían hasta ayer, que ya era su mejor resultado histórico en el Congreso -a pesar del descenso en la participación-. La CUP cruza el Ebro. El nacionalismo catalán no se arruga. Cuántos dinosaurios políticos jubilados -diputados y senadores eméritos- de la Carrera de San Jerónimo no pusieron una vela en recuerdo de Pujol, aquel malogrado político que mientras se curraba un sobresueldo, aseguraba la estabilidad y la alternancia ordenada en la capital del reino. ¡Ay, el oasis catalán perdido! 

Rivera y los suyos pasarán a la historia por "cobardes" -dice la Vox populi-. Los "nostálgicos" o "el centro derecha" -como los denomina algún medio- suben como la espuma porque son auténticos y no derrochan corrección superflua ni eufemismos políticos. Ellos sí que son unos hombrachos sin miedo. Veremos qué ciclo vital tienen en la política española. Crea cierto pasmo recontar el número de simpatizantes que se identifican con sus postulados y que les han votado. ¿Quiénes son y cómo son? La respuesta es cosa de sociólogos que, por contraste, podrán identificar quiénes son los "ellos " que pretenden hostigar. 

El muchacho del PP se consolida un poco más, se rehace en cierta medida del batacazo de las elecciones anteriores aunque los "nostálgicos" le arrebaten un buen trozo de tarta. ¡Ay, la casa grande de los populares cuando cobijaba el abanico de la derecha global española! Los auténticos –la extrema derecha- arrastran a los relegados y a aquellos que compran un programa sin metáforas fácil de entender con soluciones inmediatas. Casado no ha tenido que dedicarse a la búsqueda de la felicidad perdida, como el colega Rivera, porque la estructura de partido de estado con solvencia y los resultados -a pesar de los casos de corrupción-, le han liberado de la oportunidad de cursar otro máster cultivando la complacencia universitaria.

Para la historia contemporánea persistirá el palmito de Pedro Sánchez reprimiendo el furor pactista de los que ayer lo aclamaban sin ser multitud en la sede socialista. Victoria pírrica -amarga- que contrasta con aquella derrota "tan dulce" de la época González que propició el relevo Aznar / Pujol. ¡Cómo vuelan los ciclos electorales!

Mala pieza en el telar después de la repetición de las elecciones para Sánchez a quien el tiro le ha salido por la culata sin rematarlo. ¡No hemos vuelto a votar bien, compañeros! Deberá tenérselas tiesas con un Congreso atomizado o deberá propiciar unas nuevas elecciones. ¿En quién se apoyará? Y en el supuesto de que lo consiga, de ser proclamado presidente, tendrá que convivir con un grueso importante de diputados muy incómodo. Los originales sí que han aprendido de la copia cobarde que era Ciudadanos, de las rencillas, las maneras broncas y de la gestualidad que ensayaron en el Parlamento de Cataluña y que, ahora, llegará también a Madrid con más contundencia y fuerza.

Hemos participado de una fiesta de la democracia no demasiado lucida que ha provocado muertes políticas súbitas y un renacimiento "nostálgico" -como dicen aquéllos-. Una España democrática tocada por cierto luto al grito de "Santiago, y cierra España", algo que el tsunami independentista ya ha empezado a practicar en el Pertús. 

En el panorama musical Rosalía presenta el nuevo éxito, "Fuck Vox" al compás del consolidado tra, tra!