martes, 31 de diciembre de 2024

Rematando el 2024 [IA].

 

Éste es un intento de escribir una entrada en el blog Reflejos y Titiriteros apelando a la Inteligencia Artificial (IA). Rematar –resumir– el año es un ejercicio obligado que me supera. La pereza me ha llevado a encargarlo a la máquina en una arriesgada interacción que garantiza escrupulosamente, eso sí, el número de palabras que incorporará el texto generado. Quizás excesivas.

Dice así. Parece que 2024 ha querido regalarnos un poco de todo: momentos históricos, y de virales -como de epidemia informática- inesperados y también aquellas pequeñas cosas de la vida cotidiana que nos hacen levantar una ceja o fruncir la nariz. Si pensábamos que el año pasado ha sido un manojo de sorpresas, deberemos ver lo que nos deparará este año nuevo que marca la meta de los 25 al milenio. Desde crisis mundiales que se batallan en las redes sociales hasta mayores desastres virales como el intento de preparar una escudella de la abuela virtual amb carn d’olla, el 2024 ha sido un espectáculo como siempre lo es el ineludible paso del tiempo.

El año se va cargando de tendencias que nos han cuestionado si realmente hemos perdido el norte o sólo estamos demasiado conectados. Quién no ha pasado ratos contemplando vídeos insólitos. Algunos nos han divertido -al menos nos han desconcertado-. Ha sido tendencia el ’glamping’, la posibilidad ante la dificultad cada vez más escandalosa de gozar de una vivienda digna y al alcance de hacer camping con glamour. Camas flotantes, generadores de oxígeno portátiles y, en ocasiones, incluso una IA que nos hace compañía y nos elige la banda sonora a tanta soledad. Quién ha dicho que no se puede estar en la naturaleza y sentirse como en casa mientras contemplamos un vídeo o una conversación falsificados, de la suegra por ejemplo, hablando de cosas que nunca diría con una precisión y verosimilitud que nos hace pensar que las líneas entre la realidad y la ficción mentirosa son más difusas que nunca. Lo llaman ’deepfakes’, a los vídeos, imágenes o audios generados con inteligencia artificial (IA) que imitan la apariencia y la voz de una persona con una precisión formidable. Ha sido afortunado en las redes navideñas uno de Feijóo abrazando con efusión tierna casi amorosa a Sánchez o Puigdemont haciéndose carantoñas pasionales con Junqueras.

Dentro del caos global, algunas historias han ido más allá de lo que podríamos considerar curioso y han acabado teniendo un preocupante impacto como el papel de la sombra en la política. Un carismático candidato se ha hecho viral no por sus promesas sino por su sombra, que aparece misteriosamente a medida que avanza la campaña. Se empieza a comportar de manera independiente, como una figura política con entidad propia hasta el punto de que da la impresión de que esta sombra se esté postulando tenebrosamente para un cargo mejor que el del propio candidato. Después de siglos el mito de la caverna de Platón resucita con fuerza y ​​vigencia.

El auge de los "líderes digitales" nutriéndose de las inteligencias artificiales, ha provocado cómo algunos políticos han empezado a ser sustituibles por versiones digitales de sí mismos. De los discursos precocinados por la IA al momento en que un líder permite que esta artificiosa inteligencia efectúe el resto del trabajo. Sarcasmos digitales inquietantes cada vez con mayor predicamento.

El 2024 ha sido un año de momentos políticos que no podrían haber escrito ni los mejores guionistas de comedia o de tragedia -según cómo se mire-. Los eventos a escala global también tienen algo de espectáculo circense, de comedia no planificada. Cumbres mundiales, reuniones de familia política con los pertinentes cuñados insolentes. Al principio, todos sentados al amparo de una mesa, pero a medida que los debates avanzaban, las reacciones parecen cada vez más las de una cena de Navidad familiar a la hora de los turrones, algo incómodo, cargadas de recelo y con mucha, mucha, filigrana retórica que no conduce a ninguna parte.

Catalunya, como siempre, es un lugar lleno de contrastes, un espacio en el que la política, la cultura y la sociedad tienen una manera singular de relacionarse con la política española marcadas por tensiones o acentos propios. Las conversaciones políticas de taberna en Catalunya no han perdido su intensidad con escarnios políticos que no sólo han sido afortunados, sino que han llegado a ser tanto o más influyentes que algunas declaraciones oficiales. No obstante, las fiestas mayores se han enriquecido con un Pasacalle Virtual desde donde seguir el recorrido de los gigantes y de los cabezudos a través de las aplicaciones móviles. Pura tecnología cogida del brazo con la tradición y la fiesta.

Este período anual ha sido observado como nunca por los meteorólogos y los ciudadanos que han sufrido los efectos adversos del cambio climático que algunos todavía niegan. La lluvia imprevisible y el calor exagerado este año han gozado de mucho protagonismo. De la sequía áspera a los estragos apocalípticos en un mundo donde “la lluvia no sabe llover” cada vez más.

En Barcelona hizo fortuna la noticia sobre una nueva aplicación que emplea inteligencia artificial para predecir el tráfico con una precisión casi fabulosa Todo rodaba bien hasta que se demostró que la IA no era capaz de predecir un atasco en horario punta del viernes a pesar de los coches del futuro con el tráfico de siempre.

Éste ha sido el año en el que se ha consolidado la revolución de las cafeteras de alta gama que más allá de preparar una taza de las variedades más exóticas ahora se permiten emitir una diagnosis de nuestra salud y nos aconsejan sobre cómo soportar y mejorar la jornada laboral. El café del desayuno destila ya más decisiones que nosotros mismos.

Era previsible, pues, la vuelta a las raíces de las redes sociales por sobredosis de información superficial. Muchas personas han empezado a refugiarse en las redes sociales más retro. Ha regresado Facebook, ha sobrevivido pese a estar considerada una especie de "refugio para abuelos", ha revivido cuando algunos han descubierto que todavía pueden compartir vídeos de gatos como si viviéramos en 2010. ¡Una pequeña contrarrevolución en medio de la tormenta digital actual!

¡Feliz año!

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

Pesebre viviente en el comedor de casa.

 

Empezaré por el final desbaratando el punto de intriga: he sido abuelo. Martí ha asomado su cabecita al mundo después de meditarlo cinco días al plazo que la doctora prescribiera. Bien pensado se ha de estar muy bien, de lo más acogedor, caliente y cómodo, en el útero de la madre. Un proceso de nueve meses que ahora se cuenta a semanas, algo que yo me hacía traducir a meses, una prevención -un prejuicio, para entendernos- como la de contar las grandes cantidades a pesetas para captar su magnitud con la precisión aproximada de hace unas décadas.

Ha sido un proceso largo, el propio de las mujeres embarazadas sin demasiado misterio en lo que respecta al sexo del recién nacido. Una analítica permite determinarlo desde el principio. La incertidumbre ilustrada entre el azul cielo o el rosa pastel nostálgicos de cuando nacíamos en una palangana es historia. Por eso Martí ha sido Martí desde las primeras semanas -meses- de gestación. La personificación hace que el deseo por ponerle cara, no género, tenga nombre. En casa no preguntábamos qué hace el niño sino cómo está Martí. ¡Bienvenido! Hemos evolucionado de aspirantes a abuelos insistiendo, directa o sutilmente, con qué ilusión nos hace ver cómo la familia se amplía a la realidad de estos días cercanos a Navidad. Ciertamente podríamos instalar un pesebre viviente en el comedor de casa.

La constatación de la vida, el gozo de ver nacer a una criatura adquiere una perspectiva diferente cuando se trata de un nieto. Algo que no requiere de nuestro concurso ni de nuestra voluntad por cabezones que hayamos podido resultar porque la empresa i la responsabilidad no recae en nosotros. El deber es subsidiario, como de segunda o tercera mano, respecto de los progenitores. En este fundamento, ya que lo tenemos demostrado habiendo sido padres de a quien hemos traspasado el milagro de la procreación, los abuelos lo observamos desde una perspectiva -a menudo descatalogada- que nos permite malcriar y consentir -entendidos con muchas comillas- bajo la lupa de las indicaciones que nos encomienden. Un capítulo nuevo que todavía no hemos estrenado.

De los recuerdos de la vida, el nacimiento de los hijos es el que se lleva la palma. La previa con las inquietudes y las alarmas; desde los dolores precedentes a los mueros de la inminencia, del “qué dolor” al “ay, que me muero” está la espera final y el momento decisivo que como abuelos nos ahorramos. Asistir al parto es emocionante, intenso. Recuerdo al pediatra alertándome de que si me desplomaba no me recogería por razones obvias de calibre que asumí mientras las piernas me temblaban. Sostenerlos, tener la certeza de que lo primero que han visto cuando abrieron los ojos es nuestro rostro, el espejo en el que se reflejan las semejanzas. La presentación formal -¡Eh, soy tu padre! -se intensifica con el abrazo tierno sosteniendo un cuerpo minúsculo y desvalido. Demasiado delicado para tanta inexperiencia.

A Martí le conocí en el hospital -¡Tus abuelos, Martí! -dijo mi hijo. Qué ilusión más emocionante. Allí en la cuna funcional de las clínicas reposaba nuestro nieto apenas con un par de días de vida, absolutamente en rodaje como un mecanismo formidable al que la vida le acababa de dar cuerda. Es sin lugar a dudas el niño más guapo del mundo que refunfuñaba así que lo apartabas -a pesar del padre o de la abuela- de la proximidad y del latido de la madre. Yo me abstuve de la tentación de cogerlo en brazos y acunarlo amorosamente. Todo va a llegar. Demasiado tierno para manipular todavía.

Fotos y más fotos cayendo en la manía de todos los abuelos para instalar también en las pantallas la imagen del nieto más bonito del mundo. En la segunda visita ya en su casa vuelves a constatar cómo se parece a la fotografía oficial que los padres te permiten distribuir y compartir con aquellos que te son cercanos. Una imagen pegada a los pliegues de la memoria que se irá renovando a medida que se hacen mayores o el primer día que suelte la palabra abuelo como un estremecimiento cariñoso.

Por ahora Martí hace poca cosa. Mama, duerme y, de vez en cuando, abre los ojos con la curiosidad de quien lo tiene todo por hacer, ver, escuchar y vivir. ¡Por muchos años, Martí! A sus descubrimientos podría contrastarse nuestra novedad, él mismo. Por ahora el juego de espejos se va definiendo. Los ojos y las cejas son de la madre, existe un acuerdo unánime al respecto. Según el padre, compensando los pareceres, las manos son de nuestra rama. Y la tieta, flamante recién inaugurada, dice que ella de pequeña tenía el mismo cabello y unos ojillos similares. A mí me encanta la manera de disponer la mano con el puño cerrado debajo de la barbilla como yo suelo hacer a menudo. La conclusión es que pertenece un poco a quien le quiere.

¡Ansiado Martí!