Éste
es un intento de escribir una entrada en el blog Reflejos
y Titiriteros apelando a la Inteligencia Artificial (IA). Rematar –resumir–
el año es un ejercicio obligado que me supera. La pereza me ha llevado a
encargarlo a la máquina en una arriesgada interacción que garantiza
escrupulosamente, eso sí, el número de palabras que incorporará el texto
generado. Quizás excesivas.
Dice
así. Parece que 2024 ha querido regalarnos un poco de todo: momentos
históricos, y de virales -como de epidemia informática- inesperados y también
aquellas pequeñas cosas de la vida cotidiana que nos hacen levantar una ceja o fruncir
la nariz. Si pensábamos que el año pasado ha sido un manojo de sorpresas,
deberemos ver lo que nos deparará este año nuevo que marca la meta de los 25 al
milenio. Desde crisis mundiales que se batallan en las redes sociales hasta
mayores desastres virales como el intento de preparar una escudella de la abuela virtual amb
carn d’olla, el 2024 ha sido un espectáculo como siempre lo es el
ineludible paso del tiempo.
El
año se va cargando de tendencias que nos han cuestionado si realmente hemos
perdido el norte o sólo estamos demasiado conectados. Quién no ha pasado ratos
contemplando vídeos insólitos. Algunos nos han divertido -al menos nos han
desconcertado-. Ha sido tendencia el ’glamping’, la
posibilidad ante la dificultad cada vez más escandalosa de gozar de una
vivienda digna y al alcance de hacer camping con glamour. Camas flotantes,
generadores de oxígeno portátiles y, en ocasiones, incluso una IA que nos hace
compañía y nos elige la banda sonora a tanta soledad. Quién ha dicho que no se
puede estar en la naturaleza y sentirse como en casa mientras contemplamos
un vídeo o una conversación falsificados, de la suegra por ejemplo, hablando de
cosas que nunca diría con una precisión y verosimilitud que nos hace pensar que
las líneas entre la realidad y la ficción mentirosa son más difusas que nunca.
Lo llaman ’deepfakes’, a los vídeos, imágenes o audios
generados con inteligencia artificial (IA) que imitan la apariencia y la voz de
una persona con una precisión formidable. Ha sido afortunado en las redes
navideñas uno de Feijóo abrazando con efusión tierna casi amorosa a Sánchez o
Puigdemont haciéndose carantoñas pasionales con Junqueras.
Dentro
del caos global, algunas historias han ido más allá de lo que podríamos
considerar curioso y han acabado teniendo un preocupante impacto como el papel
de la sombra en la política. Un carismático candidato se ha hecho viral no por
sus promesas sino por su sombra, que aparece misteriosamente a
medida que avanza la campaña. Se empieza a comportar de manera independiente,
como una figura política con entidad propia hasta el punto de que da la
impresión de que esta sombra se esté postulando tenebrosamente
para un cargo mejor que el del propio candidato. Después de siglos el mito de
la caverna de Platón resucita con fuerza y vigencia.
El
auge de los "líderes digitales" nutriéndose de las inteligencias
artificiales, ha provocado cómo algunos políticos han empezado a ser
sustituibles por versiones digitales de sí mismos. De los discursos
precocinados por la IA al momento en que un líder permite que esta artificiosa
inteligencia efectúe el resto del trabajo. Sarcasmos digitales inquietantes
cada vez con mayor predicamento.
El 2024
ha sido un año de momentos políticos que no podrían haber escrito ni los
mejores guionistas de comedia o de tragedia -según cómo se mire-. Los eventos a
escala global también tienen algo de espectáculo circense, de comedia no
planificada. Cumbres mundiales, reuniones de familia política con los pertinentes
cuñados insolentes. Al principio, todos sentados al amparo de una mesa, pero a
medida que los debates avanzaban, las reacciones parecen cada vez más las de
una cena de Navidad familiar a la hora de los turrones, algo incómodo, cargadas
de recelo y con mucha, mucha, filigrana retórica que no conduce a ninguna
parte.
Catalunya,
como siempre, es un lugar lleno de contrastes, un espacio en el que la
política, la cultura y la sociedad tienen una manera singular de relacionarse
con la política española marcadas por tensiones o acentos propios. Las
conversaciones políticas de taberna en Catalunya no han perdido su
intensidad con escarnios políticos que no sólo han sido afortunados, sino que
han llegado a ser tanto o más influyentes que algunas declaraciones oficiales. No
obstante, las fiestas mayores se han enriquecido con un Pasacalle
Virtual desde donde seguir el recorrido de los gigantes y de los cabezudos a
través de las aplicaciones móviles. Pura tecnología cogida del brazo con la
tradición y la fiesta.
Este
período anual ha sido observado como nunca por los meteorólogos y los
ciudadanos que han sufrido los efectos adversos del cambio climático que
algunos todavía niegan. La lluvia imprevisible y el calor exagerado este
año han gozado de mucho protagonismo. De la sequía áspera a los estragos
apocalípticos en un mundo donde “la lluvia no sabe llover” cada vez más.
En
Barcelona hizo fortuna la noticia sobre una nueva aplicación que emplea
inteligencia artificial para predecir el tráfico con una precisión casi
fabulosa Todo rodaba bien hasta que se demostró que la IA no era capaz de
predecir un atasco en horario punta del viernes a pesar de los coches del
futuro con el tráfico de siempre.
Éste
ha sido el año en el que se ha consolidado la revolución de las cafeteras de
alta gama que más allá de preparar una taza de las variedades más exóticas
ahora se permiten emitir una diagnosis de nuestra salud y nos aconsejan sobre
cómo soportar y mejorar la jornada laboral. El café del desayuno destila ya más
decisiones que nosotros mismos.
Era
previsible, pues, la vuelta a las raíces de las redes sociales por sobredosis
de información superficial. Muchas personas han empezado a refugiarse en las redes
sociales más retro. Ha regresado Facebook, ha sobrevivido pese
a estar considerada una especie de "refugio para abuelos", ha
revivido cuando algunos han descubierto que todavía pueden compartir vídeos de
gatos como si viviéramos en 2010. ¡Una pequeña contrarrevolución en medio de la
tormenta digital actual!
¡Feliz
año!