¡E la nave va! El verano aún navega a todo trapo con el puerto de la vuelta a empezar
a la vista cada vez más cercano. Justo en ese punto donde ya comienzas a contar
los días que quedan de felicidad, de disfrute y de sol amoroso con la agenda ociosa.
Sólo nos puede estorbar el chapoteo de los remos en la lucha terca contra las olas
que pueden romper este estado de bienaventuranza idílico –en una languidez que roza
el aburrimiento rítmico-. Porque todo chapotea en una excelsitud nunca vista.
Un verano tan perfecto que la prensa lo ha tenido que subsistir sin centros de
interés. Un oasis sin sobresaltos, sin carnaza, sin noticia sobrecogedora
alguna para colgar en las portadas.
Es así
como el gremio de la comunicación habría tenido que pasar la temporada estival en
ayunas de hechos importantes para tirar al puchero informativo. Ni un triste
hueso para roer con algo de chicha. ¿Qué fue de aquellos veranos cargados de
sobresaltos? ¿Dónde aquellos malhechores de serial veraniego que ya no nos
atemorizan? ¿Se ha perdido la intriga de vigilar la cartera y la honra? Un
conocido de estos que tiene obsesión por los destinos exóticos de camello se
refería, un una tertulia de vermut en la plaza mayor, que este año el regateo
también ha decaído, ya no existe aquella deferencia cultural para terminar los
tratos con un acuerdo y un té.
Vivimos
en un mundo feliz y plano sin conflictos ni regateos. Finalmente en el siglo
XXI el hombre -en masculino genérico- lo ha entendido. Personas respetuosas,
humanitarias, apaciguadas ganan por encima de las maldades que han llenado las
portadas desde que el hombre -también en genérico- es hombre. Nos podemos felicitar
porque la humanidad -toda- es una balsa de aceite armónica y sin estridencias. ¡Bienaventurada
Jauja!
En
medio de este panorama me he dado cuenta en un breve paréntesis -me lo hubiera
podido ahorrar- que las "serpientes de verano" han vuelto a salir de sus
madrigueras, aquellas noticias más o menos intrascendentes que airean la
mayoría de periódicos con profusión de imágenes bucólicas como puestas de sol y
mucha epidermis tostada. Este año, sin embargo, los reptiles mediáticos han
asomado con un extra de creatividad imaginativa. Nos han ahorrado las
celebradas controversias respecto del maridaje de los calcetines negros con
sandalia, los congresos de palomas voraces o de las aleatorias deposiciones en
guerrilla del chucho urbano.
Los
medios, en la tregua, han estado a la altura para mantener el temple
divulgativo ya que desde la nada han sacado a pasear algunas víboras, que
también deben hacer el agosto. Se las han ingeniado para tenernos enganchados,
desde la independencia que los caracteriza, con historias entretenidas
trenzadas a la manera de los seriales -el género que triunfa-. Los grandes
periodistas son aquellos que convierten la intrascendencia en un mundo
verosímil e intrigante. A falta de hechos, pues, metáforas.
Serpientes
de verano entorpeciendo la realidad. En la última nos quieren hacer tragar que
la Amazonia es una tea ardiente. La noticia ha levantado una humareda que
sobrepasa las hogueras rituales con las tribus amazónicas felices danzando a su
vera en la fiesta mayor de agosto. La verdad es que Bolsonaro lo tiene todo
bajo control, tanto el fuego como las ONG incendiarias. ¡Sólo humo de verano,
no preocuparos!
Otra picadura
debido a la falta de hechos relevantes la ha sufrido un ecuánime diputado que
ha calificado a los pasajeros del crucero Open
Arms de "bien comidos", de atracados, podríamos decir. Los
cronistas se han excedido, se les ha ido la pluma. Quién se puede creer en este
asunto –estirándolo días y días- que hay personas a la deriva por el
Mediterráneo. ¿Quién no socorrería, en este mar tan nuestro y transitado, a su
barco camino de Capri o de Lampedusa a cualquier náufrago?
Prefiero
la polémica sobre los protectores solares o de los perros de acera a estas
inverosímiles historias que se inventan los periódicos. Llego a la conclusión
de que hay que calificarlas de grandilocuencias informativas propias de
becarios con afanes profesionales desbordados y con el amor propio muy
incandescente. Ya se sabe que en verano todo becario se las compone.
¡La última!
En este arrebato para llenar papel le ha tocado la china a una conciliadora
diputada rubia y noble de espíritu y de linaje -también rubio como la paja- a
quien atribuyen la ocurrencia de difundir que Barcelona se ha convertido en un
controvertido Bronx con barricadas y barretina. Según esta noticia –de verano-
las empresas de reparto ya no abastecen los barrios con leche, pan ni
agua.
Como
decía aquella pareja de humoristas, "la semana próxima... hablaremos del
gobierno" -de los gobiernos-.
Mientras
las palomas siguen posándose irreverentes en la frente de Colón, yo todavía no
me he aprendido la canción del verano.